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Ex-Ante y el carnaval ideológico de la ultraderecha: David Friedman en Chile

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La reciente visita de David Friedman a Chile, organizada por el Centro de Estudios Libertarios (CEL) de Fernando Sagredo, no es un mero intercambio académico. Es un eslabón más en la cadena de montaje ideológico que la extrema derecha global, financiada con millonarias redes como la Atlas Network, está ensamblando en la región. Que el hijo de Milton Friedman aterrice en Santiago para reunirse con el biministro Mas y posiblemente con el presidente Kast, y que su voz encuentre eco en un medio como Ex-Ante —fundado por Cristián Bofill y alineado con los sectores más conservadores del espectro político chileno—, revela la porosidad entre el poder político, los think tanks de ultraderecha y los medios que les sirven de altavoz.

La entrevista concedida a la periodista Ignacia Munita C. para Ex-Ante es un ejercicio de doble utilidad: para Friedman, una plataforma para difundir su anarcocapitalismo; para el medio, un refrendo de su línea editorial. Pero lo que queda fuera de foco es la naturaleza del anfitrión. Fernando Sagredo, el «discreto mecenas» del CEL, es un empresario del rubro agrícola que se declara admirador de Peter Thiel y que financia un partido político en formación. Su think tank no es un oasis de reflexión desinteresada; es el brazo intelectual de un proyecto político que busca socavar los cimientos del Estado.

Friedman hijo, en la entrevista, se presenta como un tecnócrata que ofrece recetas económicas desapasionadas. Alaba a Chile, elogia a Milei y predice que Argentina podría superar a Chile en una década. Sin embargo, su discurso, que niega a los gobiernos la capacidad de establecer prioridades económicas y reduce el desarrollo a la libre decisión de los inversionistas, no es neutral. Es la punta del iceberg de una doctrina que, como ha documentado el historiador canadiense de historia Quinn Slobodian, aboga por la privatización total del Estado y la sustitución de la democracia por contratos privados.

Slobodian, profesor de la Boston University, en su obra Crack-Up Capitalism (2023) (El Capitalismo del apocalipsis), retrata a David Friedman como una figura central del anarcocapitalismo, un movimiento que no se contenta con reducir el Estado, sino que aspira a abolirlo por completo. Friedman es el autor de The Machinery of Freedom, un libro que argumenta que la policía, los tribunales y las leyes podrían ser provistos por empresas privadas. No es un reformista; es un radical que, en sus momentos más fantasiosos, invoca la Islandia medieval como un ejemplo real de anarcocapitalismo funcionando.




El hecho de que un personaje así sea recibido con honores oficiales en Chile no es anecdótico. Es la constatación de que el «milagro» económico chileno, construido a sangre y fuego sobre la escuela de su padre Milton y los Chicago Boys, ha encontrado en su hijo díscolo un nuevo profeta. La agenda de desregulación y reducción del Estado que promueve el gobierno de Kast encuentra en Friedman una legitimación intelectual de peso, aunque sus recetas apunten a desmantelar hasta los cimientos del orden institucional que el propio Kast dice querer modernizar. Slobodian, insiste en afirmar que los radicales del mercado como Friedman junior buscan escapar de los límites de la democracia desmantelando los Estados-nación, promoviendo la creación de zonas económicas especiales, paraísos fiscales y micro-jurisdicciones donde el capital pueda operar sin supervisión democrática.

La entrevista de Ex-Ante, al no contextualizar adecuadamente la figura de Friedman ni indagar en las redes que lo traen a Chile, opera como un mecanismo de blanqueamiento. Omite que el CEL es parte de una trama global de think tanks que, financiados por fortunas como las de los hermanos Koch o Peter Thiel, han impulsado políticas de austeridad y desregulación en todo el mundo. Tampoco menciona que el propio Sagredo es un financista del Partido Libertario chileno, una agrupación que mira con admiración a Javier Milei.

La crítica a Friedman, sin embargo, no debe limitarse a sus conexiones. Debe interrogar el contenido de sus ideas. Cuando Friedman afirma que los gobiernos no deben establecer prioridades económicas porque «no son una especie de Dios benevolente», está negando la función esencial del Estado como garante del bien común y reductor de desigualdades. Su visión de una sociedad donde los ciudadanos eligen entre proveedores de sistemas jurídicos como quien elige una compañía de telefonía es, como señala Slobodian, una fantasía literaria, no una propuesta seria de organización social.

En definitiva, la visita de David Friedman y su entrevista en Ex-Ante son un síntoma del avance de la ultraderecha global en Chile. No se trata de un debate académico sobre políticas públicas, sino de la infiltración de una ideología que, en su versión más extrema, propone la disolución de la democracia y su reemplazo por un feudalismo corporativo. Que esta ideología encuentre eco en el gobierno, los medios (también en El Libero) y los think tanks no es una casualidad: es el resultado de una red bien engrasada que opera al margen del debate democrático y que, como demuestra este episodio, tiene en Chile un campo fértil para su siembra.

 

Leopoldo Lavín Mujica



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Leopoldo Lavín

B.A. en philosophie et journalisme, M.A. en Communication publique de l’Université Laval, Québec, Canadá.

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