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Acuerdo con EE.UU. sobre minerales críticos y tierras raras marca giro en la política exterior chilena

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El gobierno del presidente José Antonio Kast firmó su primer acuerdo internacional al establecer un mecanismo de consultas con Estados Unidos para cooperar en el desarrollo y suministro de minerales críticos y tierras raras. Más allá del contenido técnico del documento, el acuerdo ha sido interpretado por analistas como una señal clara de un cambio en la orientación de la política exterior chilena, particularmente después de las tensiones que marcaron la relación bilateral durante la administración anterior.

La declaración conjunta fue firmada en el Palacio de La Moneda por el canciller chileno, Francisco Pérez Mackenna, y el vicesecretario de Estado estadounidense, Christopher Landau, en presencia del presidente Kast. El documento establece la creación de consultas técnicas entre ambos países para fortalecer las cadenas de suministro de minerales estratégicos, recursos cada vez más importantes para las industrias tecnológicas, energéticas y de defensa.

“Necesitamos cooperar en muchos temas, en materias de minerales, de comunicaciones, y creo que tenemos una visión compartida para un futuro mejor para ambos países”, afirmó Landau tras la reunión en La Moneda.

El acuerdo, según informó la Cancillería chilena, reafirma los vínculos de cooperación entre ambas naciones en el marco del tratado de libre comercio vigente desde 2003 y busca fortalecer la seguridad de las cadenas de suministro de minerales críticos, considerados esenciales para la producción de tecnologías avanzadas.




Minerales estratégicos para la economía del futuro

El documento establece un mecanismo de consultas entre equipos técnicos de ambos países para abordar diversas materias relacionadas con estos recursos estratégicos. Entre ellas se incluyen el desarrollo de mecanismos que fortalezcan las cadenas de suministro, la identificación de proyectos de inversión prioritarios, la gestión y reciclaje de minerales críticos y tierras raras, así como la exploración de instrumentos de financiamiento público y privado.

La primera ronda de consultas se realizará dentro de los próximos quince días y tendrá como objetivo avanzar hacia un acuerdo más estructurado en estas materias. El mecanismo, además, busca institucionalizarse como una instancia permanente de cooperación entre ambos países.

El interés de Estados Unidos por asegurar el acceso a estos recursos se ha intensificado en los últimos años, especialmente en el contexto de su competencia tecnológica y económica con China. Los minerales críticos —como el litio, el cobre y las tierras raras— son fundamentales para la fabricación de baterías para vehículos eléctricos, semiconductores, redes de telecomunicaciones y sistemas de defensa.

Chile ocupa una posición estratégica en este escenario global. El país es el principal productor mundial de cobre y uno de los mayores actores del mercado del litio, dos recursos clave para la transición energética y el desarrollo de tecnologías limpias.

Un cambio en la orientación diplomática

Más allá de su dimensión económica, el acuerdo ha sido interpretado como una señal política sobre el rumbo de la diplomacia chilena bajo el gobierno de Kast.

Durante décadas, Chile mantuvo una política exterior caracterizada por el equilibrio entre las grandes potencias. Tanto Estados Unidos como China se consolidaron como socios comerciales fundamentales del país, con vínculos económicos y diplomáticos relativamente estables con ambos.

Sin embargo, el nuevo acuerdo con Washington parece indicar una mayor disposición del gobierno chileno a alinearse con los intereses estratégicos estadounidenses en materias tecnológicas y de seguridad.

Analistas internacionales han señalado que el acercamiento refleja un giro respecto de la postura que había predominado durante los últimos años, en que Chile procuró mantener un equilibrio entre ambas potencias en medio de la creciente rivalidad global.

Ese cambio ya había comenzado a insinuarse antes de la asunción presidencial. El propio Kast, en su calidad de mandatario electo, participó el pasado 7 de marzo en una cumbre de líderes latinoamericanos afines al presidente estadounidense Donald Trump, realizada en Florida.

Para algunos observadores, ese encuentro fue una señal temprana de la orientación que podría adoptar el nuevo gobierno en materia de política exterior.

El antecedente del cable chino

El acuerdo también se produce después de un período de tensiones diplomáticas entre Santiago y Washington durante el gobierno del expresidente Gabriel Boric.

Uno de los episodios más conflictivos fue la controversia en torno a un proyecto de cable submarino de fibra óptica impulsado por empresas chinas que buscaba conectar Asia con Sudamérica a través de Chile. Estados Unidos expresó fuertes objeciones al proyecto, argumentando preocupaciones de seguridad tecnológica y estratégica.

Washington sostuvo que la participación de compañías chinas en infraestructura digital crítica podía representar riesgos para la seguridad de las comunicaciones y el intercambio de datos en la región.

La disputa escaló hasta convertirse en un problema diplomático. Estados Unidos incluso impuso restricciones de visa a tres funcionarios del gobierno chileno, entre ellos el entonces ministro de Transportes, Juan Carlos Muñoz, como señal de protesta por el avance del proyecto.

La medida fue interpretada en Chile como una presión directa de Washington para frenar la iniciativa vinculada a China.

Aunque el proyecto no llegó a concretarse en los términos inicialmente previstos, el episodio evidenció la creciente competencia geopolítica entre Estados Unidos y China en América Latina, especialmente en áreas como telecomunicaciones, infraestructura digital y recursos estratégicos.

Chile en medio de la disputa global por recursos estratégicos

El nuevo acuerdo sobre minerales críticos sitúa a Chile en el centro de una de las principales disputas geopolíticas del siglo XXI: el control de los recursos necesarios para la transición energética y el desarrollo tecnológico.

En los últimos años, Estados Unidos ha impulsado una estrategia global para asegurar el acceso a minerales estratégicos y reducir su dependencia de China, que domina gran parte de la producción y procesamiento de tierras raras en el mundo.

Para Washington, América Latina —y particularmente Chile— representa una fuente clave de estos recursos.

Para Chile, en tanto, el desafío consiste en aprovechar su posición estratégica en el mercado global de minerales sin quedar atrapado en la rivalidad entre las grandes potencias.

El acuerdo firmado esta semana marca el primer paso de la nueva administración chilena en ese escenario. Pero también plantea interrogantes sobre cómo evolucionará el equilibrio histórico de la política exterior chilena y cuál será el rol del país en la creciente competencia geopolítica por los recursos del futuro.



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