
Bachelet, la ONU y el vasallaje
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El actual gobierno, recién llegado, ha partido disparándose en los pies. No es extraño. Muchos de sus integrantes y seguidores son admiradores de personajes como Trump y Milei, caracterizados por sus despropósitos y egolatría, e incluso del criminal de guerra Netanyahu. Individuos con poder que nos tiene al borde de un conflicto nuclear y de un colapso civilizatorio. Como alguien por allí señaló: “niños jugando con lanzallamas”.
Lo sorprendente es que quienes alardean de ser patriotas e incluso andan con sus chapitas exhibiéndolas, en los momentos de tomar decisiones optan no por la autonomía y la independencia que ha caracterizado hasta ahora a los patriotismos, sino que optan por el vasallaje.
La candidatura de Michelle Bachelet para suceder a António Guterres al frente de Naciones Unidas sitúa a Chile ante una oportunidad diplomática sin precedentes. Con cinco aspirantes oficiales —tres de ellos mujeres— y la tradición no escrita de rotación regional que favorece a América Latina, la expresidenta chilena parte con ventajas relevantes, pero también enfrenta riesgos que definirán el desenlace.
Conveniencia para Chile
Una eventual elección de Bachelet consolidaría a Chile como un actor de peso en el escenario global. Más allá del prestigio simbólico, el país pasaría a tener voz directa en la definición de la agenda multilateral durante diez años, con capacidad de influir en temas como cambio climático, reforma del sistema ONU y desarrollo sostenible. En paralelo, el vínculo comercial con los dos países que respaldan su postulación —Brasil y México— se vería fortalecido.
El respaldo conjunto de estas naciones no es menor: concentran más de la mitad de la población latinoamericana y son los principales socios regionales de Chile. Con Brasil, Chile mantuvo en 2025 un superávit de USD 3.050 millones, impulsado por exportaciones de cobre, pesca y frutas. México, aunque octavo socio global del país es un mercado estratégico para productos de alto valor como salmón y vinos. Contar con ambos como patrocinadores convierte la candidatura en un proyecto de Estado, no solo en un reconocimiento individual.
Probabilidades de elección
La expectativa de que el próximo Secretario General provenga de América Latina —región que no ocupa el cargo desde 1991— es el primer factor a favor. A ello se suma la presión por elegir por primera vez a una mujer, impulsada por la presidenta de la Asamblea General, Annalena Baerbock. Bachelet compite en esa terna con Rebeca Grynspan y Virginia Gamba, pero es la única que ha sido jefa de Estado y que ha liderado dos agencias ONU (ONU Mujeres y Alta Comisionada para los Derechos Humanos).
Su principal activo geopolítico es el respaldo explícito de Brasil y México, que le otorga densidad diplomática y capacidad de movilizar apoyos en África, Asia y el Caribe. Ninguna otra candidatura latinoamericana cuenta con una alianza regional tan explícita.
Sin embargo, enfrenta riesgos. Argentina mantiene la candidatura de Rafael Grossi, director del OIEA, lo que podría fragmentar el voto latino en el Consejo de Seguridad. Además, si la negociación se empantana, el perfil técnico de Grynspan podría emerger como alternativa de consenso. Por último, su paso por el caro de Alta Comisionada generó roces con algunos gobiernos, factor que podría incidir en eventuales vetos de los miembros permanentes.
Conclusión
Solo la ignorancia y la mezquindad lleva a quienes empujaron al presidente Kast a tomar esta decisión desconociendo que, para Chile, la candidatura ya representa un éxito diplomático: logró que las dos potencias regionales —Brasil y México— respalden a una figura nacional con una apuesta conjunta inédita. Si América Latina logra mantener la unidad y Argentina retira a Grossi a cambio de otros espacios internacionales, Bachelet se perfila como la favorita. Si la región llega dividida al Consejo de Seguridad, podría imponerse una candidatura de consenso menor. En cualquier escenario, el posicionamiento alcanzado por Chile constituye un salto cualitativo en su proyección externa.
Preguntas abiertas
¿Qué paradójico sería si la candidatura de Michelle Bachelet siguiera adelante, apoyada por Brasil y México sumando apoyo de otros gobiernos, molestos por los desatinos y permanentes insultos y agresiones recibidas de parte de Donald Trump y por la profunda necesidad de exigir el respeto del Derecho Internacional y de los organismos de autogobierno colectivo, como la propia Naciones Unidas, los cuales se han construido para mantener la paz, el respeto y la armonía entre los pueblos? ¿Qué pasaría si al producirse cambios en las correlaciones de fuerza y alianzas, triunfa esa candidatura y pese a la oposición del Gobierno chileno alcanza el enorme honor para nuestra patria de que una mujer y ciudadana chilena de ser la primera mujer en alcanzar ese honor? ¿Qué dirían de eso los Padres de la Patria?
Antonio Elizalde





