
Menos buses, menos derechos: el costo social de la “optimización”
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En Santiago, la desigualdad no solo se mide en ingresos, barrios o acceso a servicios. También se mide en algo más cotidiano, pero igual de determinante: cómo te mueves.
Las recientes decisiones del Ministerio de Transportes, encabezado por Louis de Grange, no son simples ajustes técnicos. Son una señal política clara sobre qué tipo de ciudad se está construyendo: una donde la eficiencia se impone sobre la equidad y donde, una vez más, los costos recaen sobre quienes menos tienen.
Reducir frecuencias, bajar la oferta en fines de semana y eliminar buses de mayor capacidad no es neutro. No afecta a todos por igual. En una ciudad profundamente segregada, estas medidas golpean directamente a quienes dependen del transporte público para vivir: trabajadores que cruzan la ciudad de punta a punta, estudiantes, mujeres que sostienen redes de cuidado, adultos mayores.
Para ellos, el transporte no es una opción. Es una condición de existencia.
Una ciudad partida en dos
Mientras en los sectores de mayores ingresos el transporte público es una alternativa —muchas veces prescindible—, en el Santiago popular es la única posibilidad real de desplazamiento.
Ahí, reducir un bus no es un ajuste: es más tiempo de espera, más hacinamiento, más incertidumbre. Es llegar tarde al trabajo. Es perder calidad de vida.
Por eso, hablar de “optimización” sin considerar esta desigualdad estructural es, en el mejor de los casos, ingenuo. En el peor, profundamente indiferente.
El patrón se repite
No es un hecho aislado. La suspensión del proyecto de ciclovías en el sector poniente de la capital —otra zona históricamente relegada— apunta en la misma dirección.
Las ciclovías no son solo infraestructura “verde”. Son una herramienta de democratización del espacio urbano. Permiten movilidad barata, accesible, autónoma. Quitarlas —o postergarlas— en los sectores más vulnerables mientras se mantienen o priorizan en otras zonas refuerza una lógica conocida: hay territorios que importan más que otros.
Y eso tiene nombre. Se llama desigualdad territorial.
¿Eficiencia para quién?
El argumento oficial habla de eficiencia, de buses vacíos, de costos que hay que contener. Pero la pregunta clave no es si el sistema debe ser eficiente. La pregunta es: ¿eficiente para quién?
Porque cuando la eficiencia se traduce en menos servicio para quienes más lo necesitan, deja de ser una solución técnica y pasa a ser una decisión política.
Una decisión que, acumulada con otras —como el freno a proyectos de movilidad en zonas populares— dibuja un patrón: el ajuste siempre ocurre en los mismos lugares, sobre las mismas personas.
Una ciudad más desigual
Lo que está en juego no es solo el transporte. Es el modelo de ciudad.
Una ciudad donde moverse se vuelve más difícil para los sectores de menores recursos no es solo menos eficiente. Es más injusta. Más excluyente. Más discriminatoria.
Y cuando esas decisiones se repiten, dejan de ser medidas aisladas. Se transforman en una política.
Una política que, bajo el lenguaje técnico de la “optimización”, termina desmantelando, poco a poco, condiciones básicas de igualdad en la vida urbana.
Porque en Santiago, al parecer, no todos los trayectos valen lo mismo. Y tampoco todas las personas.
Simón del Valle






ilsita says:
Ya muestran los dientes a los sectores vulnerables, total nada se puede hacer, todo es privado y no importa la eficiencia para tener pasajeros no apretujados , sino se busca justamente la gente esté peor de lo que está con personas cansadas, y enojadas con largos trayectos de pie, y ahora a alguien le pareció que estaban demasiado «cómodos» al parecer y como siempre se trata de quienes toman decisiones y nunca usan ni usarán dicho transporte, ya que viven en sectores acomodados a donde sólo van las domésticas, jardineros y otros empleados de algunos comercios, pero que vienen de muy lejos, hasta 40 km y al día se hacen 80 km fácil hasta con transbordo… es lo que nos faltaba, que quieran empeorar la vida ya de por sí dura de la gente común., sin embargo lo votaron y ahora viene la realidad , si antes no era bueno, ahora probarán cuan malo puede ser aún más…