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Recuerdos de la censura a propósito de la “Reconstrucción”

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Este otoño, mientras soplan vientos de adversidad y temor, es legítimo recordar la censura entre 1973-1990. En aquella época de oprobio y muerte, nada se publicaba, si no era visado por un organismo de la dictadura. Había concursos de poesía, novela y otras disciplinas. Si el creador deseaba publicar su trabajo, premiado o no, debía someterlo a un tribunal, creado en las sombras, el cual calificaba su obra. La TV y la prensa se hallaban bajo idéntico régimen y Chile dormía bajo el yugo de la opresión.

Ahora, se nos quiere obligar a asistir a la puesta en escena, en infinidad de escenarios, a la representación de la ópera bufa, titulada “Reconstrucción”. Obra escrita en cuatro actos o más, dependiendo de la aceptación del público, dedicada a los borregos y a quienes se dejaron engatusar, a fines del año pasado, durante las últimas elecciones presidenciales. Compraron sus entradas a este festival, con meses de anticipación y quedaron con los crespos hechos. Infinidad de estos crédulos chilenos, quieren devolver los boletos, de una obra, que ahora, la juzgan falsa, como si fuese un billete de $15.000. Sin embargo, apresurados los organizadores de la tramoya, piden paciencia. Alegan que la obra de teatro “La reconstrucción” marcha viento en popa, con algunas dificultades en el escenario. No niegan que el elenco de la obra se halla ensayando de día y de noche, y que, al comienzo, tuvieron dificultades en el montaje.

Bien puede tratarse de un trabajo escrito por una docena o más de pendolista, escribas o cagatintas, como es habitual en algunos países, donde al escritor se le estima. Corín Tellado, la escritora española tenía una docena de escribidores encargados de plasmar su obra. Ella se limitaba a leer y suprimir algún adverbio, pues lo aborrecía. También es el caso del francés, Alejandro Dumas, quien endulzó nuestra juventud con Los tres mosqueteros y otras novelas. Siempre se sospechó y más bien se sabía que, al chileno y Premio Nacional de Literatura, Enrique Campos Meléndez, manos ajenas le pergeñaron su obra. A la hora de remunerar a sus escribas, demostraba generosidad.

A la obra de teatro “Reconstrucción”, los chuscos la comienzan a llamar, “Extracción” o “Recuperación” la cual, llega a la cartelera en una época de sequedad en la dramaturgia. ¿Cómo olvidar los momentos de gloria, cuando el dramaturgo Juan Radrigán, en plena dictadura se atrevía a montar sus obras en el paseo Bulnes, a metros de la Moneda? Los esbirros y censores de turno, asistían a las funciones y como no entendían los mensajes ocultos o crípticos, terminaban felicitando al autor. Hasta le pedían autógrafos.




Alguien, a quien no conozco, me hizo llegar este jueves, un billete para asistir a una función privada de la puesta en escena de “La reconstrucción”. Entre los actores y actrices no conozco a nadie. Hasta el director me parece desconocido. Bisoños en su mayoría. ¿Acaso tiene importancia? En principio, la obra iba a ser presentada en el GAM, centro cultural Gabriela Mistral. Sin embargo, hubo cambio de escenario, pues el teatro se encuentra con algunas dependencias inconclusas, por falta de presupuesto; entonces, parte del público, debía sentarse en el suelo. Se ignora y quizá nunca se sepa, por ahora, donde se realizará semejante y misteriosa función. Igual, pensaba no asistir al teatro por vergüenza, aunque a mi edad nada da vergüenza, ante el riesgo de ser visto en imprudente compañía. ¿O llegó el tiempo para algunos cagatintas, a mil pesos la cuartilla, de mantenerse callados, alejados del mundanal ruido?

 

Walter Garib



Walter Garib

Escritor

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