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La población que no tiene quien le hable

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Tres estudios recientes dan cuenta de la dramática situación social que impera en el Chile de hoy. Por un lado, el informe del World Inequality Report, WIR,  del cual hablamos en un artículo anterior, nos indicaba que en Chile el 10 % más rico de la población se apropiaba del 59.5 % del ingreso generado en el país, mientras que en el promedio el mundial de ese indicador es de 53.6 %, en promedio de América Latina es de 58.8 % y en el promedio de África subsahariana era de 54.1%  Es decir, la distribución del ingreso en nuestro país es peor que el promedio mundial, peor que el promedio latinoamericano y peor que el de África al sur del Sahara.

Otro trabajo de muchísima importancia es un estudio de la profesora Clarisa Hardy, de la Universidad de Chile de Valparaíso, que nos muestra que la suma de la gente que vive en la pobreza, más los que se ubican en la categoría de ingresos bajos pero sin llegar a ser pobres – de acuerdo a los criterios estadísticos imperantes – más los sectores medios de ingresos bajos- que se definen así porque ganan menos de tres veces la línea de pobreza – representan un total de 72 % de la población nacional. La línea de la pobreza se encuentra en 234.245 pesos por persona. Un núcleo familiar de tres personas necesita, por lo tanto, más de 700 mil pesos mensuales para estar en los niveles medios propiamente tales. Los que se ubiquen en un nivel menor que eso están en la pobreza –  extrema o no – o en un nivel de ingreso medio bajo o menor. Paralelamente hay un sector de ingresos altos, que representan el 3.4 % de la población, que gana más de 10 veces la línea de la pobreza, es decir, más de dos millones 342 mil pesos mensuales por persona. Un núcleo de tres personas gana más de 7 millones de pesos mensuales.

El tercer estudio es un trabajo de la UNICEF, en que, comparando 40 países, llega a la conclusión de que Chile está en el lugar 37 en materia de felicidad de niños, niñas y adolescentes.  En el país existen 4.493.935 personas que están en ese nivel etario menor de 19 años. No son felices. En promedio, no destacan ni en actividad física, ni en bienestar mental ni en dominio de habilidades, ni en rendimiento académico, ni en la calidad y cantidad de su alimentación y nutrición infantil.  De la cantidad mencionada hay 764.347 niños, niñas o adolescentes que no están matriculados en el sistema escolar y hay 507.833 que realizan trabajo infantil.

En síntesis, tenemos un país con una alta concentración del ingreso –  casi alcanzando niveles que son records internacionales en esa materia -, tenemos un país con una mayoría ciudadana empobrecida con grandes dificultades para llegar a fin de mes, y una infancia sin horizontes como para salir de esa situación.




Pareciera que la pobreza fuera una maldición de la cual no se puede escapar, y que se trasmite de generación en generación. Por ello y para ello hay escuelas y liceos para pobres y otros para ricos, clínicas para pobres y para ricos, y trabajos para pobres y para ricos. Pareciera que es cierto aquello de que el que nace pobre seguirá siendo pobre toda su vida – aun cuando sea muy inteligente – y el que nace rico seguirá siendo rico durante toda su vida, aun cuando sea tonto. En un pasado no muy lejano, el liceo público y la universidad gratuita ayudaban en alta medida al ascenso y la movilidad social de los sectores populares. Pero eso se acabó.

¿Qué mensaje le da el sistema político actual a toda esa población de pobres, de marginados y de muchachos sin la cuota de felicidad y de esperanza que les corresponde en la vida?  ¿Qué horizontes se les abre? ¿Qué sueños comparten? ¿Quien interpreta y canaliza su muda y profunda rebeldía? ¿Creen que algo los puede sacar de la situación de pobreza? ¿En qué idioma y por qué medios se conectan con el resto de la sociedad?  ¿Cómo les llegan las discusiones parlamentarias y los programas de las elites políticas nacionales? ¿Entienden algo de las discusiones sobre micro o macro economía, que tanto les gustan a los altos círculos económicos y políticos? ¿Sienten que esas discusiones son con ellos? ¿Qué convocatoria los lleva a movilizarse y a exigir derechos? ¿Qué entiende de todo aquello la humilde trabajadora que vive en el barrio? Pareciera que muy poco o casi nada, y lo poco que entiende no le interesa. Pareciera que nadie está preocupado de la vida de ella ni de los suyos, y ella no se preocupa, por lo tanto, de lo que dicen y hacen los altos círculos políticos y económicos del país.

 

 

Sergio Arancibia



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Sergio Arancibia

Economista

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