
Imacec se desploma en abril y profundiza señales de estancamiento: economía acumula cuatro meses consecutivos en retroceso
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El Banco Central informó una caída de 1,2% del Imacec en abril, un resultado peor al esperado por el mercado y que confirma el deterioro de la actividad económica durante los primeros meses de 2026. El escenario vuelve a tensionar las proyecciones de crecimiento del gobierno y abre dudas sobre el rumbo económico del país.
La economía chilena volvió a encender las alarmas. El Banco Central informó este lunes que el Índice Mensual de Actividad Económica (Imacec) de abril de 2026 registró una caída de 1,2% en comparación con igual mes del año anterior, profundizando una tendencia negativa que ya suma cuatro meses consecutivos de contracción.
El resultado sorprendió incluso a los analistas más pesimistas. Las proyecciones del mercado apuntaban a una caída cercana al 0,5%, por lo que el retroceso informado por el instituto emisor prácticamente duplicó las expectativas.
La cifra se suma a los registros negativos observados durante todo el año: enero cayó 0,5%, febrero retrocedió 0,3%, marzo registró una baja de 0,1% y ahora abril profundiza el deterioro con una contracción de 1,2%.
Aunque la serie desestacionalizada mostró un leve aumento mensual de 0,1%, en términos anuales también cayó 0,9%, reflejando que el problema ya no parece responder únicamente a factores puntuales o estacionales.
Un deterioro que ya venía mostrando señales
Las cifras de los meses anteriores habían revelado una creciente fragilidad de la economía. La producción de bienes, especialmente la minería y la industria manufacturera, venían mostrando retrocesos persistentes. Incluso sectores que habían sostenido parcialmente el crecimiento durante 2025, como el comercio y algunos servicios, comenzaron a perder dinamismo.
Diversos informes económicos ya advertían que el crecimiento observado durante el año pasado descansaba en bases poco sólidas. Estudios económicos señalaron que el impulso provenía principalmente del consumo y algunos servicios, mientras los sectores productivos más relevantes seguían estancados o en retroceso.
El escenario se vuelve especialmente complejo porque ocurre en medio de un aumento del desempleo y de crecientes debates sobre el ajuste fiscal impulsado por el gobierno. Durante las últimas semanas se han conocido reducciones presupuestarias en distintas áreas del Estado, mientras el Ejecutivo ha defendido su proyecto de megarreforma tributaria y económica como una estrategia para incentivar la inversión privada.
Sin embargo, los datos económicos comienzan a tensionar ese diagnóstico. El debilitamiento de la actividad, la desaceleración del consumo y la pérdida de dinamismo en la producción sugieren que las promesas de reactivación aún no logran materializarse.
Crecen las dudas sobre las proyecciones de crecimiento
La nueva caída del Imacec vuelve a poner en cuestión las estimaciones oficiales para este año.
Ya tras los resultados de marzo, distintos economistas advertían que el crecimiento de 2026 difícilmente superaría el 2%, e incluso algunos escenarios comenzaban a acercarse al 1%.
La situación adquiere además una dimensión política. El gobierno de José Kast ha colocado el crecimiento económico como uno de los pilares centrales de su discurso, justificando en ese marco la reducción de impuestos a grandes empresas y patrimonios, la flexibilización regulatoria y diversas medidas de ajuste del gasto público.
No obstante, los resultados de los primeros cuatro meses del año muestran una realidad más compleja. La economía no solo no acelera, sino que acumula un período prolongado de contracción que comienza a recordar los momentos de mayor debilidad registrados tras la pandemia y durante las desaceleraciones de años anteriores.
Más allá de una cifra mensual
El dato de abril adquiere relevancia porque ya no se trata de un resultado aislado. Cuatro meses consecutivos de retroceso comienzan a configurar una tendencia.
La pregunta que emerge ahora es si el problema responde a factores coyunturales —como la debilidad internacional, la caída de la demanda externa o problemas sectoriales en minería— o si existe un fenómeno más estructural asociado a la incertidumbre económica y a una desaceleración generalizada de la inversión y el consumo.
Mientras el gobierno insiste en que su programa terminará impulsando el crecimiento, los datos del Banco Central muestran que la economía chilena atraviesa uno de los comienzos de año más débiles de la última década. El desafío para los próximos meses será determinar si abril constituye el punto más bajo del ciclo o si representa una señal de que la desaceleración recién comienza.
Fuentes: Banco Central de Chile.





