Política Global

El hambre retrocede, pero el mundo sigue hambriento: anatomía de un progreso insuficiente

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El informe SOFI 2026 llega con un mensaje que parece alentador: por tercer año consecutivo, el hambre global disminuye. Pero este alivio estadístico es engañoso. Bajo la superficie, los sistemas alimentarios siguen fracturados, las desigualdades se profundizan y los costos de una dieta saludable se disparan. El mundo avanza, sí, pero hacia un horizonte donde comer bien continúa siendo un privilegio y donde la vulnerabilidad alimentaria se convierte en una condición estructural.

El informe, elaborado por cinco agencias de Naciones Unidas, es un diagnóstico global que combina cifras, proyecciones y advertencias. Y su lectura revela una paradoja inquietante: el hambre retrocede, pero la inseguridad alimentaria se normaliza.

Un progreso estadístico que no cambia la realidad estructural

En 2025, el hambre afectó al 7,8% de la población mundial, frente al 8,1% en 2024 y al 8,6% en 2022. Son cifras que muestran una tendencia positiva, pero insuficiente para cumplir los Objetivos de Desarrollo Sostenible en 2030.

La reducción de 43 millones de personas desde 2022 es significativa, pero no altera la estructura global del problema: 645 millones de personas siguen sin acceso regular a alimentos suficientes.




La mejora es lenta porque los factores que alimentan el hambre —conflictos, crisis climáticas, inflación, desigualdad, fragilidad institucional— no han desaparecido. Solo se han desplazado.

La inseguridad alimentaria: la otra cara del hambre

El hambre extrema es solo la punta del iceberg. La inseguridad alimentaria moderada o severa afecta a 2.100 millones de personas, casi una de cada cuatro. Esto significa que millones deben reducir la calidad o cantidad de sus comidas, saltarse comidas o depender de alimentos baratos y poco nutritivos.

Aunque esta cifra ha bajado desde 2020, sigue siendo superior a los niveles previos a la pandemia. La vulnerabilidad alimentaria se ha convertido en una condición global persistente.

África: el nuevo epicentro del hambre mundial

Por primera vez, África supera a Asia en número absoluto de personas que padecen hambre: 309 millones. La proporción disminuye ligeramente, pero la población crece más rápido que la capacidad de los sistemas alimentarios para responder.

La inseguridad alimentaria afecta a 56,6% de la población africana, una cifra que revela una crisis estructural:

  • sistemas agrícolas vulnerables a sequías e inundaciones;
  • conflictos prolongados;
  • dependencia de importaciones;
  • infraestructuras débiles;
  • mercados fragmentados;
  • políticas alimentarias insuficientes.

África se convierte así en el centro de gravedad del hambre global, no por falta de recursos, sino por falta de resiliencia.

Asia y América Latina: avances frágiles y desigualdades persistentes

Asia muestra mejoras sostenidas, pero enfrenta desafíos crecientes: urbanización acelerada, degradación de suelos, presión demográfica y vulnerabilidad climática.

América Latina y el Caribe también avanzan, pero la región enfrenta una paradoja: es una de las mayores productoras de alimentos del mundo, pero tiene el costo más alto de una dieta saludable: 4,91 dólares PPA por persona y por día.

La desigualdad alimentaria en la región es consecuencia de:

  • cadenas de valor largas y costosas;
  • dependencia de exportaciones;
  • concentración de tierras;
  • políticas agrícolas orientadas al mercado global;
  • inflación alimentaria recurrente.

El costo de una dieta saludable: el indicador más revelador

El SOFI 2026 muestra que el costo de una dieta saludable es hoy uno de los principales obstáculos para la seguridad alimentaria.

En 2025, el costo promedio mundial fue de 4,28 dólares PPA, un aumento del 45% desde 2017.

Las causas son estructurales:

  • los alimentos nutritivos (frutas, verduras, proteínas) son los más caros;
  • los alimentos básicos (cereales, tubérculos) son baratos pero insuficientes;
  • entre el 70% y el 75% del precio final proviene de actividades posteriores a la cosecha;
  • la logística, el transporte y la distribución representan hasta el 40% del costo total.

Esto significa que producir más no basta: los sistemas alimentarios son caros porque están diseñados para serlo.

Nutrición: el fracaso silencioso

El informe revela que los avances en nutrición infantil y materna son demasiado lentos:

  • 150 millones de niños sufren retraso en el crecimiento;
  • solo 30,8% de los niños de 6 a 23 meses consume una dieta mínimamente diversa;
  • la anemia en mujeres empeora;
  • la obesidad adulta aumenta (16,2% en 2024).

La malnutrición adopta nuevas formas: ya no es solo falta de alimentos, sino exceso de alimentos baratos y poco nutritivos.

Medio Oriente: un conflicto que reconfigura el mapa alimentario

El informe incorpora proyecciones que consideran el conflicto en Medio Oriente. Según los escenarios, entre 510 y 520 millones de personas podrían seguir padeciendo hambre en 2030.

Las causas:

  • aumento del precio de la energía;
  • encarecimiento de fertilizantes;
  • inflación alimentaria global;
  • perturbaciones logísticas en rutas estratégicas como el estrecho de Ormuz.

El conflicto no solo afecta a la región: reconfigura los precios globales.

El clima: el factor que puede revertir todos los avances

El informe advierte que las proyecciones no incluyen los efectos de El Niño 2026–2027, que podría:

  • reducir cosechas;
  • aumentar precios;
  • intensificar sequías;
  • provocar inundaciones;
  • alterar patrones de pesca.

El clima es el multiplicador de crisis más poderoso del sistema alimentario global.

La caída de la ayuda internacional: un golpe silencioso

La ayuda pública al desarrollo cayó 23,1% en 2025, afectando programas esenciales de nutrición y seguridad alimentaria.

Esto significa que los países más vulnerables enfrentan la crisis con menos recursos, menos apoyo y menos capacidad de respuesta.

El SOFI 2026 muestra un mundo donde el hambre retrocede, pero la inseguridad alimentaria se normaliza. Un mundo donde las dietas saludables se encarecen, donde las desigualdades se profundizan y donde los sistemas alimentarios siguen siendo frágiles.

El progreso existe, pero es insuficiente. La mejora es real, pero no transforma la estructura. El hambre disminuye, pero el mundo sigue hambriento.

La verdadera pregunta no es si avanzamos, sino si avanzamos lo suficiente para que comer deje de ser un privilegio.



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Elena Rusca

Periodista, corresponsal en Ginebra

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