
El trumpismo y Chile
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El embajador de Estados Unidos en Chile, Brandon Judd, un trumpista no precisamente salido de la carrera diplomática, se está permitiendo declaraciones neocoloniales y francamente fuera de todo protocolo sobre las reacciones de ministros chilenos a propósito de las medidas arancelarias de su gobierno a un conjunto amplio de países, incluído Chile. Estados Unidos, en su fluctuante e irracional política arancelaria, ha establecido un arancel de 12,5% para la mayoría de los productos chilenos, con excepción del cobre y el litio, supuestamente por esfuerzos insuficientes para prohibir y fiscalizar la importación de bienes elaborados con trabajo forzoso. Esto trasgrede el tratado de libre comercio legalmente vigente con Estados Unidos.
Refiriéndose a las críticas al gobierno de Trump por el alza arancelaria a importaciones desde Chile de los ministros de Defensa, Fernando Barros, y Agricultura, Jaime Campos, Judd ha declarado:
No creo que esos ministros hayan leído realmente el tratado de libre comercio. Siempre es bueno que se informen… Nuevamente, hay maneras de manejar esto, pero no podemos avanzar si ministros que no forman parte de este proceso, hacen comentarios, especialmente cuando usan palabras como farsa… Pediría es que ese ministro haya leído realmente el tratado de libre comercio. Diría que no lo ha hecho… Si miran el tratado de libre comercio, hay disposiciones que nos permiten, de hecho, aplicar aranceles si no se cumplen ciertos aspectos. Así que, nuevamente, no creo que esos ministros hayan leído realmente el tratado de libre comercio. Siempre es bueno que se informen sobre lo que el acuerdo realmente dice.
El representante amenazó con que
no habrá un acuerdo si hay personas que hablan sobre estas negociaciones y que no tienen nada que ver con ellas.
Esto no le compete en absoluto: en Chile existe libertad de expresión, incluyendo la que puedan ejercer las autoridades, como es obvio en una democracia.
Y agregó:
es muy decepcionante que mientras hay negociaciones en curso, ministros que no tienen nada que ver con estas negociaciones, estén haciendo comentarios, especialmente cuando usan palabras como farsa… Cuando eso sucede, hace muy difícil para nuestros negociadores en Estados Unidos creer que hay algo serio que pueda estar ocurriendo aquí… Cuando los ministros dicen cosas y no tienen nada que ver con este proceso, por supuesto que lo hace más difícil… No hablo de trabajo forzado en Chile. Hablamos de productos que se importan a Chile y que son producidos mediante trabajo forzado fuera de Chile… Cuando eso sucede, se vuelve imposible que cualquier empresa pueda competir con aquellas que usan trabajo forzado. Eso es una violación del tratado de libre comercio.
Desde luego, esto tiene que ver teóricamente con terceros y no con el tratado bilateral vigente. En cuanto a si está aludiendo a China, el embajador advirtió, contra toda evidencia, que
esto no tiene que ver con ningún país específico. Tiene que ver con productos que se importan y que son fabricados mediante posible trabajo forzado.
Es de suponer que se trata de productos fabricados en alguna parte.
El fondo del problema es la voluntad del trumpismo de someter a Chile a una limitación de sus intercambios con la economías asiáticas y mantener al país bajo sus dictados, de acuerdo a su política expresa de subordinación del «hemisferio occidental» a sus intereses, lo que evidentemente contraría el interés nacional. Chile tiene todo que ganar si mantiene y amplía su comercio e inversiones de beneficio mutuo con China, Japón, Corea e India, y con países de la ASEAN como Tailandia, Indonesia, Malasia, Singapur, Filipinas o Vietnam.
Es de esperar que el gobierno de Kast no se someta a esta intromisión. El gobierno chileno es el que debe ver qué opiniones emite y como maneja sus vocerías, y no el embajador de otro país. Se podrá discutir su contenido y pertinencia, pero en el ámbito democrático nacional y no en base al sometimiento a Estados Unidos. Es precisamente para que ese sometimiento no exista que desde 1990 la política exterior chilena se ha propuesto y ha logrado la diversificación de vínculos estratégicos, comerciales y de inversiones.
El gobierno de Kast debiera emitir al menos una nota de protesta por este intento de censura de los planteamientos de autoridades chilenas y en defensa de la independencia del país y de su política exterior. Veremos. Por el momento Kast no dice nada y su canciller mantiene una evidente actitud de poco digna subordinación, aunque estén siendo afectados los intereses de los exportadores chilenos, los que, por lo demás, están directamente representados en su gobierno. Y es muy probable que con esa actitud no obtenga absolutamente nada del gobierno de Trump.
Gonzalo Martner





