
Kast versus el electorado: un Gobierno que avanza en el Congreso mientras pierde respaldo ciudadano
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El Gobierno de José Antonio Kast enfrenta una creciente distancia entre su capacidad para avanzar políticamente y el respaldo ciudadano. Encuestas como Pulso Ciudadano, Cadem y Criteria muestran un deterioro de la aprobación presidencial, mientras estudios de conversación digital detectan un aumento de la indignación hacia el Ejecutivo. El análisis examina si Kast puede ampliar y endurecer su agenda mientras se reduce la mayoría social que lo llevó a La Moneda
Hay una contradicción que comienza a instalarse en el centro de la política chilena. El Gobierno de José Antonio Kast ha demostrado capacidad para avanzar con rapidez en el Congreso, imponer temas en la agenda pública y abrir debates que hace pocos meses parecían políticamente improbables. Pero mientras amplía su radio de acción, las encuestas muestran que se estrecha su respaldo ciudadano.
No se trata de una fotografía aislada ni de una sola encuesta.
Pulso Ciudadano situó a fines de julio la aprobación del Presidente en 25,6% y su desaprobación en 58,9%, el peor registro de Kast desde que llegó a La Moneda. Criteria, que utiliza una metodología diferente, registró esta semana una aprobación de 34%, dos puntos menos que en su medición anterior. Cadem también ha mostrado un deterioro, con una aprobación que ronda el 36% y una desaprobación que alcanza el 60%.
Los porcentajes son diferentes, como es habitual entre estudios que utilizan muestras y metodologías distintas. La dirección, sin embargo, es coincidente: el Gobierno ha perdido respaldo durante sus primeros meses.
Y eso comienza a configurar un problema político mayor que una mala semana en las encuestas.
Del entusiasmo inicial al desgaste
Kast llegó al Gobierno con una ventaja que todo Presidente quisiera tener: una expectativa considerable de cambio.
Antes incluso de asumir, Pulso Ciudadano registraba una evaluación positiva de 48,4% para el Presidente electo. Entre las emociones asociadas al futuro Gobierno destacaban entonces la esperanza y el optimismo, aunque también aparecía el miedo.
Ese capital inicial se ha reducido rápidamente.
En junio, Pulso Ciudadano registraba una aprobación de 30,5% y una desaprobación de 56,7%. En julio la aprobación descendió a 28,9%, con 56,6% de desaprobación. A fines de ese mismo mes cayó nuevamente hasta 25,6%.
No todas las encuestas dibujan una caída de igual magnitud. Criteria, por ejemplo, registró fuertes oscilaciones durante julio: 32% de aprobación el día 12, 37% una semana después, 36% el 26 de julio y 34% en la medición más reciente.
Precisamente por eso sería un error convertir cualquiera de estas cifras en un plebiscito semanal sobre el Gobierno. Lo relevante aparece cuando se observa la tendencia general.
Kast comenzó su mandato con expectativas bastante superiores a los niveles de aprobación que exhibe actualmente. Y la pérdida de respaldo no está siendo compensada, hasta ahora, por los éxitos legislativos que reivindica La Moneda.
Una victoria política que no se convierte en apoyo social
Esta es probablemente la paradoja más significativa.
El Gobierno consiguió aprobar en pocos meses su principal proyecto económico, la llamada Ley de Reconstrucción Nacional y Desarrollo Económico Social. La megarreforma atravesó ambas cámaras pese a una correlación parlamentaria estrecha y a una fuerte resistencia opositora.
Desde el punto de vista del ejercicio del poder, fue una victoria considerable.
La reforma contiene buena parte del núcleo económico del proyecto de Kast: reducción de impuestos corporativos, incentivos a la inversión, modificaciones tributarias y exenciones en contribuciones, entre numerosas otras disposiciones.
Pero su aprobación no produjo, al menos hasta ahora, un fortalecimiento equivalente del Gobierno en la opinión pública.
Ahí aparece una primera señal importante: capacidad de aprobar leyes y capacidad de construir mayoría social no son necesariamente lo mismo.
El Ejecutivo puede conseguir los votos necesarios en el Congreso y, simultáneamente, perder apoyo fuera de él.
Esta distancia resulta especialmente significativa porque el Gobierno no ha reducido su agenda después de aprobar su reforma económica. Por el contrario, la está ampliando.
Una agenda que se expande
Durante la campaña presidencial, Kast construyó buena parte de su victoria alrededor de demandas muy concretas: seguridad, migración, crecimiento económico, empleo y recuperación del orden.
Son asuntos que preocupaban a amplios sectores de la sociedad, incluidos ciudadanos que probablemente no compartían el conjunto de la visión ideológica del Partido Republicano.
Pero durante los primeros meses del Gobierno han comenzado a instalarse otros temas.
La modificación del Instituto Nacional de Derechos Humanos; el respaldo político a indultos para uniformados condenados por hechos vinculados al estallido social; el proyecto conocido como “Escucha su corazón”; las propuestas para reducir el número de parlamentarios; la iniciativa de sectores oficialistas para abrir Codelco al capital privado; las propuestas de cárcel vinculadas a la venta de misoprostol.
No todas estas iniciativas nacen directamente de La Moneda y sería incorrecto atribuirlas indistintamente al Ejecutivo. Algunas proceden de Republicanos, otras del Partido Nacional Libertario o de parlamentarios oficialistas.
Pero todas forman parte del ecosistema político que sostiene al Gobierno y contribuyen a ampliar las fronteras de la discusión.
La pregunta es cuánto de esa agenda comparte el electorado que llevó a Kast a la Presidencia.
La respuesta comienza a ser políticamente relevante porque algunos de estos asuntos encuentran resistencias que exceden ampliamente a la oposición tradicional. El rechazo a privatizar Codelco, por ejemplo, alcanza 62,3% en la última medición de Pulso Ciudadano.
La mayoría electoral que permitió ganar una elección puede ser considerablemente más amplia que la mayoría ideológica necesaria para ejecutar un programa de transformación profunda.
Del miedo a la indignación
Un estudio publicado este sábado por Desenfoque, basado en el monitoreo de Relato Digital, agrega otra dimensión al problema.
Ya no se trata solamente de cuánto aprueba o desaprueba la ciudadanía, sino de cómo está hablando del Gobierno.
El análisis de la conversación en redes sociales detecta un cambio en las emociones predominantes. El miedo, que había tenido un peso significativo en etapas anteriores, pierde centralidad frente al disgusto y la indignación.
El dato debe interpretarse con cautela. Las redes sociales no son una encuesta representativa de la sociedad chilena y su conversación está condicionada por usuarios más activos, algoritmos y episodios capaces de generar grandes volúmenes de interacción.
Pero tampoco son irrelevantes.
Cuando las tendencias de las encuestas y las emociones observadas en la conversación digital comienzan a moverse en una dirección similar, aparece una señal política que merece atención.
Según Relato Digital, la conversación de esta semana estuvo marcada por la gestión de la reconstrucción, las controversias políticas y nuevas dificultades internas del Ejecutivo. El juicio ya no estaría concentrándose únicamente en la capacidad gubernamental para resolver una emergencia, sino también en la conducta de sus autoridades.
Es una diferencia importante.
Una administración puede recuperarse relativamente rápido de un problema de gestión. Es más difícil hacerlo cuando empieza a deteriorarse la percepción sobre su forma de gobernar.
La vuelta a la seguridad
La respuesta de Kast parece comenzar a tomar forma.
Después de aprobar su reforma económica, anunció una nueva etapa de su Gobierno centrada nuevamente en seguridad. La Agenda contra el Crimen Organizado y el Terrorismo incluye alrededor de 30 iniciativas y proyectos, junto con un discurso presidencial considerablemente más duro.
Es, en cierto sentido, un regreso al territorio político donde Kast se siente más cómodo.
La seguridad fue una de las principales razones de su ascenso y uno de los grandes compromisos de su campaña. También sigue siendo una de las mayores preocupaciones ciudadanas.
Pero existe una diferencia entre regresar a una prioridad electoral y endurecer el relato.
La reforma constitucional anunciada para establecer explícitamente la seguridad como deber del Estado ya ha recibido cuestionamientos de constitucionalistas, quienes advierten que esa responsabilidad se encuentra contemplada en el ordenamiento vigente.
La discusión permite observar el dilema.
Si el objetivo es recuperar apoyo ciudadano, el Gobierno necesita mostrar resultados en seguridad. Si en cambio responde al deterioro de las encuestas principalmente aumentando la intensidad del discurso, podría terminar hablando con mayor fuerza a una base cada vez más estrecha.
El problema de las promesas
Hay además una dimensión que las cifras de aprobación por sí solas no explican.
Kast ganó ofreciendo resultados.
Seguridad, control migratorio, reactivación económica, empleo y una transformación rápida del funcionamiento del Estado fueron presentados como ámbitos donde el nuevo Gobierno marcaría una diferencia perceptible respecto de la administración anterior.
El tiempo transcurrido desde marzo es todavía demasiado breve para hacer un balance definitivo. Muchos problemas que enfrenta Chile son estructurales y ningún Gobierno puede resolverlos en cinco meses.
Pero políticamente las expectativas operan con otros tiempos.
El desempleo continúa elevado. La actividad económica no ha mostrado el despegue prometido. La seguridad sigue dominando la preocupación ciudadana. La reconstrucción ha generado conflictos con autoridades locales y sectores afectados.
Mientras esos resultados tardan en aparecer, la discusión política se desplaza hacia asuntos que no necesariamente formaban parte de las prioridades del elector moderado que votó por Kast.
Ahí puede encontrarse una explicación para la brecha que comienza a abrirse.
Un Gobierno fuerte en el Congreso y más débil en la sociedad
Sería prematuro hablar de una crisis irreversible.
Los gobiernos atraviesan ciclos de aprobación y Kast dispone todavía de herramientas importantes: iniciativa política, una coalición disciplinada en asuntos centrales, capacidad de instalar agenda y una oposición que aún no consigue construir un relato alternativo suficientemente potente.
La propia evolución semanal de Criteria demuestra que el apoyo puede recuperarse varios puntos en poco tiempo.
Pero la tendencia acumulada desde el inicio del mandato plantea una pregunta que La Moneda difícilmente podrá evitar.
¿Hasta dónde puede avanzar un Gobierno en una transformación política si la sociedad que debe acompañarla comienza a retirarle su respaldo?
Esta podría convertirse en una de las principales tensiones del primer año de Kast.
Porque existe una diferencia fundamental entre ganar una elección y obtener un mandato ilimitado para transformar el país.
Kast obtuvo una mayoría electoral construida sobre seguridad, migración, crecimiento y orden. Esa mayoría no necesariamente constituye una mayoría cultural dispuesta a acompañar todas las iniciativas surgidas desde las distintas derechas que hoy gobiernan.
Los próximos meses permitirán saber si La Moneda interpreta las encuestas como una señal para concentrarse nuevamente en las demandas que hicieron posible su victoria o si considera que dispone de una oportunidad histórica para empujar una transformación ideológica más profunda.
Hasta ahora ocurre algo aparentemente contradictorio: el Gobierno avanza en su agenda, pero su respaldo retrocede.
Puede aprobar leyes. Puede modificar instituciones. Puede instalar temas que durante años permanecieron fuera de la discusión política.
Lo que todavía no está demostrando es que una mayoría de los chilenos quiera acompañarlo en ese recorrido.
Y esa diferencia —entre tener el poder para avanzar y disponer del respaldo para hacerlo— puede terminar definiendo mucho más que una encuesta.
Simón del Valle





