
Sáhara Occidental: negociaciones reactivadas, hostilidades persistentes y un proceso de descolonización estancado
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El último informe del Secretario General sobre la cuestión del Sáhara Occidental, presentado ante la Asamblea General y cubriendo el periodo de julio de 2025 a junio de 2026, ofrece una radiografía precisa de un conflicto que, tras seis décadas, sigue atrapado entre la lógica de la descolonización y las dinámicas de seguridad regional. Aunque el documento destaca un avance significativo —la reanudación de negociaciones directas entre las partes por primera vez en casi siete años—, también subraya la persistencia de hostilidades de baja intensidad, la fragilidad del proceso político y la precariedad humanitaria que afecta a decenas de miles de saharauis.
Un conflicto que la ONU sigue abordando en dos planos: descolonización y seguridad
El informe recuerda que el Sáhara Occidental continúa siendo un Territorio No Autónomo según la Asamblea General, mientras que el Consejo de Seguridad lo trata como un asunto de paz y seguridad internacional. Esta dualidad institucional refleja la complejidad del expediente: un proceso de descolonización inconcluso, superpuesto a un conflicto político y militar entre Marruecos y el Frente POLISARIO.
Las resoluciones del Consejo insisten en la necesidad de una “solución política justa, duradera y mutuamente aceptable” que garantice la autodeterminación del pueblo saharaui. Sin embargo, la arquitectura diplomática sigue marcada por posiciones irreconciliables: Marruecos defiende su propuesta de autonomía como base exclusiva de negociación, mientras que el Frente POLISARIO mantiene su reivindicación de un referéndum de autodeterminación con independencia como opción.
Hostilidades de baja intensidad: un frente que nunca se apaga
El informe documenta un patrón constante de enfrentamientos, especialmente en la zona norte del territorio, cerca de Mahbes. La Misión de Naciones Unidas para el Referéndum en el Sáhara Occidental (MINURSO) verificó impactos de artillería en áreas remotas, sin daños significativos, pero también incidentes más graves, como el ocurrido el 5 de mayo de 2026 en Smara, donde un civil resultó herido.
Las investigaciones sobre presuntos ataques con drones en la zona de Mijek revelan un escenario volátil: vehículos civiles destruidos, actividades de minería artesanal afectadas y, según el Frente POLISARIO, la muerte de tres de sus oficiales en un ataque que la MINURSO no pudo verificar por falta de autorización de acceso. El POLISARIO insiste en que actúa en ejercicio de su “legítimo derecho a la autodefensa”, mientras que la ONU advierte que cualquier acción militar puede poner en riesgo el frágil proceso político.
Negociaciones reactivadas: Washington, Madrid y Ginebra como nuevos nodos diplomáticos
El elemento más destacado del informe es la reactivación de negociaciones directas entre Marruecos, el Frente POLISARIO, Argelia y Mauritania, co-presididas por el Enviado Personal del Secretario General, Staffan de Mistura, y Estados Unidos como “penholder” del expediente en el Consejo de Seguridad.
Tres rondas de conversaciones —Washington, Madrid y nuevamente Washington— permitieron discutir en profundidad las propuestas de las partes. Marruecos presentó una versión ampliada de su plan de autonomía de 2007, mientras que el POLISARIO expuso sus propios planteamientos, incluyendo un documento remitido previamente al Secretario General.
Aunque no se alcanzó un acuerdo, la reanudación del diálogo tras años de bloqueo constituye un avance diplomático significativo. El informe señala que el Enviado Personal mantiene contactos regulares con todas las partes para consolidar este impulso.
MINURSO: una misión atrapada entre restricciones y expectativas
La MINURSO continúa enfrentando limitaciones operativas, especialmente en la zona este del muro, donde sus convoyes requieren autorización previa del Frente POLISARIO. Aun así, el informe indica una mejora en la cadena logística y de mantenimiento, lo que ha permitido sostener mejor los equipos desplegados.
El Secretario General advierte que cualquier modificación prematura del mandato de la misión sería contraproducente mientras las negociaciones están en curso. La MINURSO sigue siendo el único mecanismo internacional con presencia estable en el terreno, aunque su capacidad de verificación se ve obstaculizada por restricciones de acceso y por la naturaleza dispersa del conflicto.
Derechos humanos: un vacío crítico desde 2015
El informe subraya un punto especialmente sensible: la Oficina del Alto Comisionado para los Derechos Humanos (ACNUDH) no ha tenido acceso al territorio desde 2015, pese a solicitudes reiteradas. La ausencia de monitoreo independiente dificulta evaluar la situación real de derechos humanos.
El ACNUDH continúa recibiendo denuncias de patrones de violaciones similares a los documentados en años anteriores: restricciones a la libertad de expresión y asociación, obstáculos para periodistas y observadores internacionales, y preocupaciones sobre la situación de los presos saharauis del caso Gdeim Izik. El Comité contra la Tortura concluyó en mayo de 2026 que varios detenidos fueron víctimas de “arrestos arbitrarios, aislamiento, tortura o malos tratos” y que se utilizaron confesiones obtenidas bajo coacción.
Crisis humanitaria: financiación insuficiente y servicios en riesgo
La segunda fase del Plan de Respuesta para los Refugiados Saharauis requiere 179 millones de dólares para 2026-2027, pero solo ha recibido un 17% de los fondos necesarios. Esta brecha amenaza servicios esenciales en los campamentos de Tinduf, gestionados por ACNUR, UNICEF, el WFP y la OMS.
La precariedad humanitaria se agrava por la prolongación del conflicto, la falta de perspectivas políticas y la dependencia casi total de la ayuda internacional.
Una oportunidad frágil en un conflicto que entra en su sexta década
El informe concluye con un llamado urgente: aprovechar la reanudación del diálogo para avanzar hacia una solución política que garantice la autodeterminación del pueblo saharaui. Al mismo tiempo, alerta sobre la continuidad de hostilidades y la necesidad de proteger al personal de la MINURSO.
El Sáhara Occidental sigue siendo uno de los conflictos más longevos del sistema internacional. La reactivación de negociaciones ofrece una ventana de oportunidad, pero la persistencia de enfrentamientos, la falta de monitoreo de derechos humanos y la crisis humanitaria en los campamentos muestran que la paz sigue siendo un horizonte lejano.





