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Imacec cae con fuerza y pone bajo presión la conducción económica del gobierno

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 El nuevo Imacec profundiza las señales de debilidad de la economía chilena. Mientras el Banco Central reconoce que el país ha crecido menos de lo previsto, el deterioro del empleo y la comparación internacional ponen bajo presión la estrategia económica del gobierno. El Banco Central ya redujo su rango de crecimiento para 2026 a apenas 1%-1,75%.

 

La economía chilena entregó este martes una nueva y preocupante señal. El Índice Mensual de Actividad Económica (Imacec) cayó 1,5% en julio respecto del mismo mes de 2025, mientras que en términos desestacionalizados retrocedió 1,7% respecto de junio. Comparada con doce meses atrás, la serie desestacionalizada disminuyó 2,1%.

El resultado informado por el Banco Central profundiza un cuadro que comienza a adquirir características bastante más persistentes que las de una fluctuación coyuntural.

El organismo explicó que la caída estuvo determinada principalmente por la minería y, en menor medida, por los servicios y la industria. Las condiciones climáticas también afectaron el funcionamiento de distintas actividades productivas. La minería del cobre sufrió los efectos de menores leyes del mineral, mantenciones y condiciones meteorológicas adversas.




Pero el problema no termina en la minería.

El Imacec no minero disminuyó 0,3% en doce meses y 0,5% respecto del mes anterior en términos desestacionalizados. Los servicios retrocedieron 0,7% anual y 1,1% mensual desestacionalizado, mientras el comercio, aunque avanzó 0,7% respecto de julio de 2025, cayó un significativo 1,4% respecto de junio.

Es decir, detrás del fuerte efecto minero aparecen señales de debilitamiento extendidas hacia sectores directamente relacionados con la economía interna.

Una economía que acumula señales negativas

El Imacec de julio adquiere mayor importancia cuando se observa junto con los restantes indicadores conocidos durante las últimas semanas.

El PIB chileno ya había disminuido 0,2% interanual durante el segundo trimestre de 2026. Descontada la estacionalidad, la economía no creció respecto del trimestre inmediatamente anterior.

A ello se agregó el viernes pasado una cifra especialmente sensible: el desempleo alcanzó 9,5% durante el trimestre mayo-julio, ocho décimas por encima del mismo período del año pasado.

No se trata simplemente de que más personas hayan ingresado al mercado laboral buscando trabajo. El número de ocupados disminuyó 0,2% en doce meses, mientras los desocupados aumentaron 10,4%. Entre los hombres, la ocupación cayó 1,1%.

Hay otro indicador todavía más revelador sobre la calidad de la actividad económica: los asalariados formales disminuyeron 2,4%, mientras la ocupación informal aumentó 1,6%.

Las cifras describen así una secuencia coherente: actividad débil, destrucción de empleo formal, aumento de la cesantía y deterioro de algunos de los principales sectores productivos.

La inflación, entretanto, se ubicó en julio en 3,5% anual, mientras la tasa de política monetaria permanece en 4,5%. Chile enfrenta, por tanto, una combinación incómoda: crecimiento extremadamente débil y desempleo elevado, con un margen monetario condicionado por las presiones inflacionarias.

El mundo también tiene problemas, pero sigue creciendo

El gobierno puede argumentar —con fundamentos— que Chile está expuesto a un escenario internacional complejo. La guerra en Medio Oriente elevó los precios energéticos, las condiciones financieras continúan siendo exigentes y las tensiones comerciales han introducido nuevos elementos de incertidumbre.

Pero convertir esos factores en la explicación general del estancamiento chileno resulta cada vez más difícil.

El Fondo Monetario Internacional proyectó en julio que la economía mundial crecerá alrededor de 3% durante 2026, mientras América Latina y el Caribe lo hará aproximadamente 2,4%.

La CEPAL, utilizando estimaciones algo más conservadoras, calcula una expansión regional de 2,2% y de 2,4% para América del Sur.

Brasil, según las últimas estimaciones del FMI, crecería alrededor de 2,4% este año. México, pese a su fuerte exposición a las tensiones comerciales con Estados Unidos, avanzaría cerca de 1,2%.

La comparación con las economías desarrolladas tampoco permite atribuir automáticamente el problema chileno al ciclo mundial.

Durante el segundo trimestre de este año, el conjunto de países de la OCDE creció 0,5% respecto del trimestre anterior. De las 30 economías para las cuales existían datos disponibles, 27 crecieron y tres permanecieron estancadas. Chile estuvo precisamente entre estas últimas.

Estados Unidos creció 0,4% trimestral; Reino Unido, 0,4%; Japón, 0,3%; Alemania e Italia, 0,2%; mientras Canadá avanzó 0,8%.

No estamos, por tanto, frente a una economía mundial en recesión que inevitablemente arrastra consigo a Chile.

Estamos frente a una economía mundial que crece poco y enfrenta dificultades, dentro de la cual Chile muestra un desempeño particularmente débil.

De las promesas de reactivación a las cifras

Este punto introduce inevitablemente la discusión sobre la conducción económica del gobierno.

La administración de José Antonio Kast llegó a La Moneda con una promesa explícita de reactivar rápidamente la inversión, acelerar el crecimiento y recuperar el empleo mediante rebajas tributarias, desregulación y mayores incentivos al sector privado.

La denominada megarreforma económica ha sido presentada precisamente bajo ese argumento: disminuir impuestos y regulaciones produciría una recuperación de la inversión capaz de impulsar rápidamente la actividad y el empleo.

Pero hasta ahora esa recuperación no aparece en las cifras que afectan directamente a los hogares.

El propio Banco Central ha debido reducir sus expectativas. Su actual rango de crecimiento para 2026 se encuentra entre 1% y 1,75%, por debajo de sus estimaciones anteriores, y reconoce explícitamente que la economía chilena «ha crecido menos de lo previsto».

La distancia respecto de las expectativas que existían hace apenas algunos meses es considerable. Todavía en mayo el Fondo Monetario Internacional proyectaba para Chile una expansión de 2,2% durante 2026.

Las cifras posteriores han deteriorado rápidamente ese escenario.

El problema del diagnóstico

Las condiciones meteorológicas explican parte importante del mal resultado de julio. También la menor ley del mineral, las mantenciones en faenas cupríferas y las turbulencias internacionales.

Pero cuando varios indicadores independientes comienzan a moverse simultáneamente en la misma dirección, atribuir el fenómeno exclusivamente a circunstancias externas resulta insuficiente.

La caída de los asalariados formales no es un fenómeno meteorológico. Tampoco lo es el aumento de 10,4% en el número de desempleados, ni la disminución de la ocupación, ni el retroceso del comercio respecto del mes anterior.

Y tampoco puede atribuirse exclusivamente al exterior una economía que no creció durante el segundo trimestre mientras la gran mayoría de las economías de la OCDE sí lo hizo.

El deterioro plantea entonces una pregunta sobre la orientación económica adoptada durante estos primeros meses de gobierno.

La estrategia oficial ha concentrado buena parte de sus esfuerzos en mejorar las condiciones tributarias y regulatorias para las empresas bajo el supuesto de que esas medidas producirán posteriormente inversión, crecimiento y empleo. Sin embargo, los datos actuales muestran una demanda interna debilitada y un mercado laboral que está perdiendo empleos formales.

La rebaja de impuestos puede mejorar balances empresariales, pero no garantiza por sí misma inversión productiva ni contratación.

Y una política fiscal restrictiva en una economía debilitada puede terminar profundizando precisamente aquello que pretende corregir: menor demanda, menores ventas, menores expectativas empresariales y menor contratación.

Una señal que ya no puede considerarse aislada

Un solo Imacec negativo puede explicarse por factores circunstanciales. Una sucesión de indicadores negativos comienza a configurar algo diferente.

Chile terminó el segundo trimestre con una contracción interanual de 0,2%. El desempleo llegó a 9,5%, su nivel más elevado en cinco años. Los ocupados disminuyeron, los asalariados formales retrocedieron 2,4% y ahora el Imacec cae 1,5% anual y 1,7% respecto del mes anterior.

Al mismo tiempo, la economía mundial continúa expandiéndose y América Latina crecerá este año sobre el 2%, según las principales organizaciones internacionales.

El escenario externo es difícil y sería incorrecto ignorarlo. Pero las comparaciones muestran también que no todos los países están reaccionando de la misma manera ante ese escenario.

Ese es precisamente el punto que comienza a poner bajo presión el relato económico de La Moneda.

Después de varios meses de gobierno, la discusión ya no puede limitarse a cuánto crecerá Chile cuando las reformas comiencen eventualmente a producir resultados. La pregunta más inmediata es por qué, mientras buena parte del mundo continúa creciendo en medio de las mismas turbulencias internacionales, la economía chilena está perdiendo actividad y empleo.

El Imacec de julio convierte esa pregunta en uno de los principales problemas económicos —y crecientemente políticos— que deberá enfrentar el gobierno durante los próximos meses.

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