
Oficialismo bloquea minuto de silencio por Orlando Letelier y reabre la disputa sobre la memoria de la dictadura
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A cincuenta años del atentado terrorista que costó la vida al excanciller chileno y a Ronni Moffitt en Washington, las bancadas oficialistas impidieron que la Cámara realizara institucionalmente un minuto de silencio. Republicanos defendió posteriormente la decisión, mientras parlamentarios de RN y la UDI mostraron una posición diferente. El episodio contrasta con el homenaje realizado el mismo día por la Cancillería chilena en Estados Unidos.
Cincuenta años después del asesinato de Orlando Letelier, uno de los crímenes internacionales más emblemáticos de la dictadura de Augusto Pinochet volvió a dividir a la política chilena.
La Cámara de Diputadas y Diputados no pudo realizar el lunes 21 de septiembre un minuto de silencio institucional por Letelier y Ronni Moffitt debido a que las bancadas oficialistas no entregaron la unanimidad necesaria. La petición había sido formulada por el diputado del Frente Amplio Gonzalo Winter y posteriormente reiterada por el independiente René Alinco.
El episodio adquiere una dimensión que difícilmente puede reducirse a una disputa reglamentaria. Letelier no murió en una confrontación política ni en circunstancias cuya interpretación histórica permanezca abierta: fue asesinado el 21 de septiembre de 1976 mediante una bomba colocada en su automóvil en Sheridan Circle, Washington. En el atentado murió también la ciudadana estadounidense Ronni Moffitt.
Las investigaciones judiciales y documentos estadounidenses desclasificados vincularon el crimen con la DINA. Una evaluación de la CIA concluyó posteriormente que Augusto Pinochet había ordenado el asesinato, aunque el dictador nunca fue formalmente acusado por el atentado. En Chile, Manuel Contreras y Pedro Espinoza fueron condenados por su responsabilidad en el crimen.
Un “no” desde las bancadas oficialistas
La solicitud de Winter había sido planteada previamente entre los comités parlamentarios, pero no obtuvo acuerdo. Cuando el presidente de la Cámara, Jorge Alessandri (UDI), volvió a preguntar en el hemiciclo si existía unanimidad para realizar el homenaje, desde las bancadas oficialistas surgió un “¡No!”.
“No hay acuerdo”, constató entonces Alessandri.
No hubo una votación nominal, por lo que no existe un registro que permita establecer qué diputado individualmente rechazó el homenaje. Distintos medios han informado que fueron los comités o bancadas de derecha los que no entregaron el acuerdo necesario.
La oposición y parlamentarios del Partido de la Gente decidieron entonces ponerse de pie y guardar de todas maneras el minuto de silencio. Mientras lo hacían, la sesión continuó.
Al término del homenaje improvisado se produjo otra escena significativa. El diputado republicano Fernando Ugarte reclamó que se aplicara el reglamento a quienes habían realizado la manifestación pese a no existir acuerdo de la Sala.
Pero la conducta tampoco fue uniforme dentro de la derecha.
La vicepresidenta de la Cámara, Ximena Ossandón, de Renovación Nacional, se puso de pie durante el homenaje y habría instado a Alessandri a hacer lo mismo. Finalmente, el presidente de la Cámara, militante de la UDI, también se levantó.
El episodio dejó así una imagen política más compleja que una división mecánica entre gobierno y oposición.
Republicanos defiende la negativa
Este martes, sin embargo, el Partido Republicano defendió explícitamente lo ocurrido.
El diputado Agustín Romero sostuvo que la solicitud de Winter había sido presentada de manera incorrecta y que buscaba “generar fricción”. Según el parlamentario, el problema no era necesariamente el homenaje a Letelier, sino el procedimiento utilizado para solicitarlo.
Preguntado directamente si habría participado en el minuto de silencio si hubiese sido tramitado reglamentariamente, Romero respondió que no sabía si lo habría hecho.
El diputado Luis Pardo, de Renovación Nacional, coincidió con Romero en cuestionar el procedimiento y calificó la petición como “provocativa” y “fuera de protocolo”. Pero estableció una diferencia importante: afirmó que él sí habría participado en el homenaje.
Hasta ahora no existe una identificación pública, comité por comité, que permita establecer qué posición adoptaron formalmente UDI, RN, Republicanos, Nacional Libertarios y Social Cristianos cuando la solicitud circuló previamente entre las bancadas.
Por ello, no sería preciso sostener que todos los diputados oficialistas rechazaron personalmente homenajear a Letelier. Lo que sí está establecido es que el oficialismo no proporcionó el acuerdo político necesario para que la Cámara de Diputadas y Diputados rindiera institucionalmente ese homenaje.
La paradoja de Washington
La contradicción adquiere otra dimensión porque, mientras aquello ocurría en Valparaíso, el propio gobierno de José Antonio Kast conmemoraba oficialmente a Letelier en Estados Unidos.
La Cancillería realizó dos actos en Washington. El primero consistió en una ofrenda floral en Sheridan Circle, precisamente donde explotó el automóvil de Letelier. El segundo se efectuó en la residencia del embajador chileno Andrés Ergas.
El ministro de Relaciones Exteriores, Francisco Pérez Mackenna, afirmó que mediante esos actos la Cancillería reafirmaba su compromiso con la convivencia democrática y su rechazo a la violencia como instrumento político.
Winter hizo notar inmediatamente la contradicción: mientras representantes del Estado chileno homenajeaban en Washington a las víctimas del atentado, en el Congreso chileno el sector político que sostiene al mismo gobierno impedía realizar un minuto de silencio institucional.
No es una contradicción menor.
Una disputa que excede a Letelier
El incidente se produce además en un contexto político particular. El pasado 11 de septiembre, por primera vez desde el retorno a la democracia, el gobierno de Kast no realizó una conmemoración oficial del golpe de Estado de 1973. Diez días después, parte de su base parlamentaria impidió un homenaje institucional a una de las víctimas más conocidas internacionalmente de la represión de la dictadura.
Al mismo tiempo, el Ministerio de Justicia tramita más de un centenar de solicitudes de indulto, una parte importante de ellas vinculadas a hechos ocurridos durante la dictadura.
Considerados separadamente, cada uno de estos episodios puede tener explicaciones políticas, administrativas o reglamentarias diferentes. Observados conjuntamente, plantean una cuestión de mayor alcance: qué lugar ocuparán la dictadura, sus crímenes y las políticas de memoria y derechos humanos bajo el actual gobierno y dentro de la mayoría política que lo sostiene.
La negativa al minuto de silencio por Letelier resulta especialmente significativa porque no se estaba solicitando adherir al programa político de la Unidad Popular ni reivindicar las posiciones ideológicas del excanciller. Se trataba de recordar a un exministro de Estado chileno asesinado junto a una ciudadana estadounidense mediante un atentado terrorista ejecutado en pleno Washington por una operación vinculada al aparato represivo de la dictadura.
Precisamente por eso el episodio vuelve a poner sobre la mesa una cuestión que Chile arrastra desde hace décadas: la relación de sectores de la derecha con el régimen de Augusto Pinochet.
Las posiciones dentro del oficialismo no son idénticas. La conducta de Ossandón y Alessandri durante el homenaje y las declaraciones posteriores de Pardo muestran que existen diferencias. Pero también resulta significativo que, medio siglo después del crimen, la mayoría gobernante no haya sido capaz de producir el consenso mínimo necesario para guardar sesenta segundos de silencio por Orlando Letelier y Ronni Moffitt.
La escena ocurrida en la Cámara no resuelve por sí sola el debate sobre la persistencia del pinochetismo en la derecha chilena. Sí entrega un nuevo antecedente para esa discusión: ante uno de los crímenes de la dictadura que cuenta con mayor documentación judicial e internacional, la conmemoración volvió a convertirse en motivo de confrontación política.
Mientras en Washington el Estado chileno depositaba flores en Sheridan Circle, en Valparaíso no hubo acuerdo para guardar un minuto de silencio.
Cincuenta años después, esa distancia dice mucho sobre la disputa por la memoria que Chile todavía no ha cerrado.
