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¿Proteger el Estrecho de quién? La pregunta que deja abierta la advertencia del embajador de Estados Unidos

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Brandon Judd vinculó este miércoles la cooperación estadounidense con Chile con los asuntos que Washington considera importantes para su seguridad y utilizó el Estrecho de Magallanes como ejemplo: si Chile quiere un país que ayude a proteger sus derechos en esa zona estratégica, dijo, tendrá que trabajar también con Estados Unidos en sus prioridades. La frase provocó una categórica respuesta de Cancillería, pero deja además una pregunta sin contestar: ¿frente a qué amenaza necesitaría Chile que Estados Unidos protegiera sus derechos en un Estrecho cuya soberanía Washington, Santiago y Buenos Aires reconocen formalmente como chilena?

Las declaraciones del embajador estadounidense Brandon Judd sobre el Estrecho de Magallanes produjeron este miércoles una reacción poco habitual del Gobierno de José Antonio Kast hacia Washington.

“No necesitamos el apoyo de nadie para defender nuestra soberanía”, respondió el canciller Francisco Pérez Mackenna.

La frase del ministro fue contundente, pero detrás de la controversia diplomática aparece una pregunta que hasta ahora permanece sin respuesta.




¿Proteger el Estrecho de quién?

La interrogante no es retórica.

Hace apenas un mes, el propio Judd sostuvo que Estados Unidos reconoce plenamente la soberanía chilena sobre el Estrecho y que su interés estratégico consiste en garantizar el cumplimiento de los tratados y mantener abierta esa ruta para la navegación.

Nada en las declaraciones conocidas este miércoles indica que Washington haya identificado una nueva amenaza territorial contra Chile.

Por eso resulta necesario reconstruir el contexto completo en que apareció la advertencia.

De China al Estrecho de Magallanes

Judd participó este miércoles en el Día del Comercio Global, organizado por la Compañía Sud Americana de Vapores.

Durante la conversación habló de comercio, aranceles, inversiones estadounidenses, cobre, seguridad y relaciones entre Chile y Estados Unidos.

La controversia comenzó cuando fue consultado por la relación chilena con China y, particularmente, por el proyecto Chile-China Express, el cable submarino de fibra óptica que pretende conectar Valparaíso con Hong Kong.

Estados Unidos ha expresado reparos frente a esa iniciativa por sus posibles implicancias para la infraestructura crítica y la seguridad.

Judd volvió a establecer una distinción que ha formulado reiteradamente.

Washington, afirmó, no tiene problemas con que Chile comercie con China.

“Nosotros comerciamos con China, ustedes pueden comerciar con China, todo el mundo comercia con China”, señaló.

Para Estados Unidos, según explicó, el problema comienza cuando la participación de otro país puede comprometer lo que Washington define como soberanía sobre infraestructura estratégica.

Fue desde esa discusión que Judd pasó a describir la relación entre Chile y Estados Unidos.

Recordó la cooperación militar, el intercambio en seguridad, el trabajo conjunto entre el FBI y la PDI y los recursos estadounidenses destinados al combate contra el crimen organizado.

Y entonces introdujo el Estrecho de Magallanes.

“Si quieren un país que ayude a proteger sus derechos sobre el Estrecho de Magallanes, si quieren todas esas cosas, entonces también tendrán que trabajar con nosotros en los temas que son importantes para nosotros”, señaló el embajador, según la versión reproducida por distintos medios nacionales.

La formulación publicada por T13 presenta una variante y habla de ayudar a proteger el “derecho al libre tránsito”. La diferencia aconseja cautela respecto de la literalidad de la frase, pero no modifica su idea central: Judd vinculó la continuidad de la cooperación estadounidense con la reciprocidad chilena en materias que Washington considera vitales para su seguridad nacional.

¿Cuál es la amenaza?

Ahí comienza el problema.

La soberanía chilena sobre el Estrecho de Magallanes está establecida en los tratados vigentes entre Chile y Argentina.

El propio Judd lo reconoció explícitamente hace menos de un mes.

Consultado en septiembre sobre el interés estratégico de Estados Unidos en el Estrecho, respondió que Washington quiere utilizar esa ruta para pasar de un océano a otro, pero que respecto de su control su interés consiste en que se respeten los tratados.

Y fue categórico:

“El Estrecho de Magallanes es chileno”.

En otra entrevista, realizada durante la controversia diplomática entre Santiago y Buenos Aires, afirmó igualmente:

“El Estrecho de Magallanes pertenece a Chile. Reconocemos eso y esa es la política de Estados Unidos”.

Por eso la declaración de este miércoles introduce una incógnita que el embajador no despejó.

Si Estados Unidos está dispuesto a ayudar a Chile a proteger sus derechos sobre el Estrecho, ¿frente a quién deberían ser protegidos?

El antecedente argentino

Existe, naturalmente, un antecedente reciente.

Durante agosto y septiembre Chile y Argentina protagonizaron una controversia diplomática después de que el jefe de la Fuerza Aérea argentina, Gustavo Valverde, incluyera a Magallanes en declaraciones relacionadas con la soberanía de su país.

A ello se sumó la discusión por el decreto argentino 457, que utiliza la expresión “territorio de uso compartido” respecto del Estrecho.

Cancillería ha solicitado a Buenos Aires corregir esa formulación y el propio Pérez Mackenna ha señalado que existe desde hace meses un documento preparado para resolver el problema que todavía no ha sido formalizado.

Pero ambos gobiernos han declarado simultáneamente que reconocen los tratados vigentes.

José Antonio Kast y Javier Milei han destacado además el buen estado de las relaciones bilaterales, mientras el propio gobierno argentino ha reconocido la soberanía chilena sobre el Estrecho.

Hay roces diplomáticos pendientes.

Eso no equivale, sin embargo, a una amenaza militar argentina contra Chile.

Y Estados Unidos tampoco ha afirmado que exista tal amenaza.

Más aún: el gobierno de Javier Milei mantiene una estrecha relación política y estratégica con Washington.

Resultaría extraño, por tanto, interpretar las palabras de Judd como el ofrecimiento estadounidense de proteger a Chile frente a Argentina.

El embajador tampoco lo dijo.

China aparece nuevamente

La segunda posibilidad es China.

Pero tampoco existe públicamente una reivindicación china sobre territorio chileno ni una amenaza contra la soberanía nacional en Magallanes.

La preocupación estadounidense es diferente.

Judd la explicó con considerable claridad en septiembre.

Para Washington, dijo, el comercio con China no constituye un problema. Su “línea roja” aparece cuando empresas o instituciones chinas adquieren una posición que Estados Unidos considera capaz de afectar el control nacional sobre infraestructura estratégica.

El embajador mencionó expresamente cables submarinos, puertos y observatorios.

Respecto del Chile-China Express sostuvo incluso que, si el cable quedara bajo control chino, Estados Unidos podría dejar de confiar en que la inteligencia compartida con Chile estuviera adecuadamente protegida.

Puede discutirse la interpretación estadounidense de lo que significa perder soberanía sobre una infraestructura.

Pero permite comprender mejor la lógica del discurso de Judd.

Cuando el embajador habla de soberanía no está pensando solamente en fronteras territoriales.

Está hablando también de control sobre telecomunicaciones, puertos, datos, cadenas de suministro e infraestructura estratégica.

Una relación que Washington presenta como un paquete

Ese elemento permite leer de otra manera la declaración de este miércoles.

Judd parece estar presentando la relación entre Estados Unidos y Chile como un conjunto de intercambios estratégicos.

Washington ofrece cooperación policial.

Intercambio de inteligencia.

Cooperación militar.

Inversiones.

Tecnología.

Acceso a financiamiento.

Apoyo diplomático.

Y eventualmente respaldo frente a problemas relacionados con intereses estratégicos chilenos.

A cambio, espera que Chile considere las prioridades estadounidenses cuando adopta decisiones que Washington considera relevantes para su seguridad nacional.

El propio Judd lo resumió:

“Si quieren continuar teniendo esa cooperación […] también van a tener que trabajar con nosotros en lo que es importante para nosotros”.

La frase puede describirse como una exigencia de reciprocidad entre aliados.

Pero también abre una discusión inevitable sobre los límites de esa reciprocidad cuando involucra decisiones soberanas de Chile respecto de sus relaciones con terceros países.

El cable chino no es un detalle

Por eso resulta importante que la controversia sobre Magallanes haya surgido precisamente durante una pregunta relacionada con el Chile-China Express.

La discusión no era inicialmente territorial.

Era tecnológica y geopolítica.

Estados Unidos considera que determinados proyectos chinos de infraestructura pueden comprometer su propia seguridad.

Chile, en cambio, mantiene con China una relación económica fundamental.

La tensión aparece cuando Washington sostiene que una decisión chilena respecto de infraestructura instalada en territorio nacional puede afectar la cooperación estadounidense en otras áreas.

Es ahí donde la frase sobre el Estrecho adquiere un significado diferente.

No parece haber sido una advertencia sobre una amenaza concreta contra Magallanes.

Funcionó más bien como ejemplo del tipo de respaldo estratégico que Estados Unidos considera parte de su relación con Chile.

Y de aquello que espera recibir a cambio.

Escudo de las Américas

La discusión tampoco ocurre aisladamente.

Chile acaba de incorporarse al Escudo de las Américas, iniciativa promovida por Estados Unidos que el Gobierno de Kast presenta fundamentalmente como un mecanismo de cooperación contra el crimen organizado.

La decisión ha generado cuestionamientos políticos sobre sus alcances en materias de inteligencia, seguridad, defensa, inversiones e infraestructura estratégica.

Judd volvió este miércoles a defender la adhesión chilena y respondió además a las críticas formuladas por los expresidentes Michelle Bachelet y Gabriel Boric.

La relación entre ambos episodios no debería exagerarse.

Pero tampoco puede ignorarse que el propio embajador los incorpora dentro de una concepción amplia de cooperación bilateral.

Seguridad, comercio, inteligencia, infraestructura y geopolítica aparecen cada vez menos como compartimentos separados.

La respuesta de Cancillería

El canciller Pérez Mackenna respondió desde el Congreso.

“El Estrecho de Magallanes fue, es y será siempre chileno”, afirmó.

Luego añadió:

“Nosotros podemos defender nuestra soberanía por nosotros mismos. No necesitamos el apoyo de nadie para defender nuestra soberanía”.

El ministro señaló además que estudiará en detalle las palabras de Judd antes de decidir si corresponde una reacción diplomática formal y no descartó ninguna alternativa.

Al mismo tiempo, aclaró que las relaciones entre Chile y Estados Unidos son históricamente buenas y que este episodio no cambiará esa situación.

El ministro de Defensa, Fernando Barros, fue más cauteloso.

Pidió considerar las declaraciones dentro de su contexto y recordó precisamente que Judd había reconocido anteriormente y sin ambigüedad la soberanía chilena sobre el Estrecho.

La pregunta sigue abierta

Todo eso permite descartar algunas interpretaciones apresuradas.

Judd no cuestionó la soberanía chilena sobre el Estrecho.

Tampoco afirmó que Argentina esté preparando una agresión contra Chile.

No dijo que China amenace territorialmente Magallanes.

Ni anunció una garantía militar estadounidense para proteger el paso marítimo.

Pero sí hizo algo políticamente significativo.

Incluyó la eventual ayuda estadounidense para proteger intereses chilenos en el Estrecho dentro de una enumeración de beneficios de la cooperación bilateral y sostuvo inmediatamente después que Chile deberá colaborar también en aquello que Estados Unidos considera importante para su seguridad.

Eso explica la reacción de Cancillería.

Y deja dos preguntas que probablemente sean más importantes que la polémica diplomática del día.

La primera es sencilla:

¿proteger el Estrecho de Magallanes frente a quién?

La segunda es bastante más amplia:

¿qué decisiones espera Washington de Chile a cambio de mantener la cooperación que el propio embajador acaba de poner sobre la mesa?

Porque en la conversación de este miércoles aparecen algunas pistas.

China.

El cable submarino.

La infraestructura crítica.

El intercambio de inteligencia.

El combate al crimen organizado.

El Escudo de las Américas.

Y detrás de todos ellos comienza a dibujarse una discusión que excede largamente al Estrecho de Magallanes: hasta dónde puede llegar la cooperación estratégica entre dos países antes de comenzar a condicionar las decisiones soberanas de uno de ellos.

 

 

Félix Montano

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