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Colegio de Profesores: un gremio en peligro

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El Colegio de Profesores, el otrora gran gremio de los educadores y educadoras de Chile, entra en su proceso eleccionario que busca renovar sus directivas. Si se tiene en cuenta lo que ha hecho el sistema con la educación pública, habrá que concluir que la organización gremial que llegó a ser la más grande del país vive su decadencia a pasos agigantados.

Y su decurso no es diferente a otros gremios que han sido subsumidos por leyes contrainsurgentes y, sobre todo, afectados por la complicidad de dirigentes que no han estado a la altura del momento histórico que se vive.

Desde el advenimiento del orden vigente luego de la dictadura, se ha venido perfeccionando un sistema educacional que no hace sino reproducir inadvertidamente una cultura esencialmente inhumana, castigadora, explotadora y alejada de cualquier valor que posibilite la construcción de un país bueno con sus hijos e hijas.

El sistema parece que educa, pero lo que hace es crear las condiciones para que la cultura neoliberal se desarrolle, fortalezca y legitime en personas acríticas, entrenadas para el mercado y la manipulación.




Concebido para defender el espíritu de la educación pública como un valor democrático y humano y las condiciones laborales y derechos de quienes hacen posible y sostienen el sistema, el gremio docente ha venido siendo afectado por una creciente incapacidad para entender el estado de las condiciones históricas que hacen posible el triunfo del neoliberalismo en la misma mitocondria del sistema escolar.

Y ha hecho gala de una anemia intelectual de tal calado, que no existen ideas que hayan salido de sus equipos, de tenerlos, para cruzarse a una avalancha que sin prisa pero sin pausa, ha demolido uno de los baluartes que puede lucir un país de verdad democrático: su educación pública.

El sistema ha hecho lo que ha querido sabiendo que tiene enfrente un gremio silenciado, agotado, sin ideas ni dirigentes que estén a la altura de la historia. Que son incapaces de movilizar a los profesores y profesoras.

La cúpula del Colegio de Profesores ha mutado en una estructura que nada hace de verdad por los profesores y profesoras.

Salvo, eso sí, gastar ingentes sumas de dinero de las cotizaciones gremiales dilapidadas en iniciativas sin sentido y menos efecto real y en jugosos estipendios. Un dirigente nacional comenta que pidió saber el sueldo del presidente y la funcionaria le dijo que eso era una información reservada.

Hace no mucho se organizó una marcha de profesores a Valparaíso. Personas cercanas a la iniciativa dicen que se gastó no menos de 27 millones de pesos en esa iniciativa la que, como prácticamente todas, pasó con más pena que gloria sin que tuviera efecto alguno en nadie. Salvo lucir al presidente  gremial frente a los medios de comunicación.

Son conocidas las masivas pérdidas patrimoniales y el funcionamiento deficitario de instalaciones del Colegio que acumulan pérdidas millonarias.

¿Por qué se aceptan estas cosas? Según un dirigente nacional, porque Aguilar no considera la opinión de nadie y hace lo que le da la gana.

Usted recordará la solución que propuso el candidato Boric para resolver la Deuda Histórica que debía beneficiar a decenas de miles de profesoras y profesores afectados por una medida que tomó la dictadura y que daño sus sueldos y sus pensiones. El acuerdo terminó pagando cerca del 10% del valor real de la deuda.

El acuerdo que firmara Aguilar con el gobierno no fue sino una maniobra que burló las expectativas de los afectados: a diario se muere en promedio más de un profesor sin que haya visto un solo peso de semejante arreglín. Y el trámite para ponerse a la cola de los pagos parciales son un vericueto sin fin de cosas complejas para personas mayores.

Dirigido por Mario Aguilar, el gremio docente vive horas oscuras también entre quienes trabajan en él.

Personal administrativo de su Directorio Nacional sufre soterradas amenazas, se desempeña en un clima hostil en el cual no es ajeno el temor al despido y donde el abuso es frecuente. Son numerosos los juicios laborales que terminan ganando los trabajadores por lo injusto de sus despidos, lo que significa el pago de grandes sumas de dinero que sale, como es obvio,  de las cotizaciones de los asociados.

Existe un clima de abusos y malos tratos que ejercen los jefes puestos por la actual conducción en el aparato administrativo del gremio. Y el miedo generalizado a interponer demandas por ley Karín, habiendo suficientes razones para hacerlo, es lo común. El sindicato obra de acuerdo a lo que le conviene al Directorio de Aguilar.

Dirigentes nacionales en ejercicio reconocen que el Colegio ha perdido cerca de cinco mil socios en la gestión de Aguilar, quien prohíbe a sus pares a hablar en público siendo la suya la única voz autorizada para hacerlo. Agregan que ha utilizado un sistema de control, una Comisión Ética ad hoc, para castigar a dirigentes desobedientes, práctica inédita en un gremio que siempre se manejó con plenos derechos de todos, más allá de las diferencias políticas.

Estas elecciones gremiales llegan en momentos determinantes para la educación pública. La crisis del sistema no se ha resuelto con la imposición del sistema SLEP, al contrario. Estudiantes, padres, apoderados siguen sufriendo un sistema de educación pública en franca decadencia y pauperización. La educación sigue siendo un pingüe negocio para los mismos de siempre.

Como producto de los ajustes impulsados por el gobierno de José Antonio Kast, profesoras y profesores son sometidos a rebajas horarias, amenazas de despidos de miles de docentes, fusiones de cursos, pauperización de las labor del personal auxiliar, con las consecuencias que se pueden suponer en las ya deterioradas condiciones de convivencia escolar y la seguridad de los niños, niñas y adolescentes.

De reelegirse por tercera vez Mario Aguilar se corre el riesgo de que el que fuera el poderoso gremio heredero de lo mejor de las luchas del Magisterio, sucumba ante el neoliberalismo y a la incapacidad de sus dirigentes actuales de dudoso compromiso con la educación pública y los derechos de los educadores y educadoras del país.

 

Ricardo Candia Cares

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