
Lula derrota a Bolsonaro y logra histórica reelección: la movilización popular cambió el rumbo de Brasil
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Contra las tendencias de buena parte de las encuestas, Luiz Inácio Lula da Silva consiguió revertir su derrota en la primera vuelta y superar a Flávio Bolsonaro en las elecciones presidenciales de este domingo. La movilización de estudiantes, trabajadores, organizaciones sociales y sectores democráticos fue uno de los rasgos más destacados de una campaña que adquirió una intensidad inesperada durante sus últimas semanas.
Brasil vivió este domingo 25 de octubre una jornada electoral histórica. Luiz Inácio Lula da Silva, de 80 años, fue reelegido para un cuarto mandato presidencial, según la proyección de Datafolha difundida por Folha de S.Paulo, después de una segunda vuelta marcada por una intensa polarización política, movilizaciones multitudinarias y una disputa que mantuvo la incertidumbre hasta las últimas horas.
El resultado supone un cambio significativo respecto de la primera vuelta, celebrada el 4 de octubre, cuando Flávio Bolsonaro, candidato del Partido Liberal e hijo del expresidente Jair Bolsonaro, obtuvo el 47,03% de los votos válidos frente al 45,16% de Lula.
También contradice la tendencia de varios sondeos publicados durante los últimos días de campaña. El 22 de octubre, por ejemplo, PoderData situaba a Bolsonaro con el 51% de los votos válidos frente al 49% del presidente.
Pero entre las encuestas y las urnas ocurrió algo políticamente significativo: una movilización social que transformó el ambiente electoral brasileño.
Las calles volvieron a convertirse en protagonistas
Uno de los aspectos más relevantes de la segunda vuelta fue la recuperación de la iniciativa por parte de los sectores que apoyaban a Lula. Las grandes concentraciones en São Paulo, Río de Janeiro, Bahía, Pará y Minas Gerais mostraron una capacidad de convocatoria que no había tenido la misma expresión durante la primera fase de la campaña.
Según destacó Folha de S.Paulo, las movilizaciones comenzaron a adquirir una dinámica particularmente intensa entre estudiantes y sectores de izquierda, con manifestaciones que en muchos casos desbordaron las estructuras tradicionales de los partidos y sindicatos.
La campaña dejó así de depender exclusivamente de las organizaciones partidarias para extenderse a una participación más amplia de ciudadanos y colectivos.
El propio Lula reconoció la magnitud de este fenómeno cuando acudió a votar en São Bernardo do Campo. Ante los periodistas, afirmó que en sus décadas de participación política nunca había presenciado una movilización comparable a la de esta segunda vuelta.
La movilización tuvo también una importante expresión digital. La campaña reorganizó su estrategia de comunicaciones y entregó al diputado André Janones la coordinación de una ofensiva en redes sociales y plataformas de mensajería. El canal de WhatsApp denominado Exército do Lula alcanzó más de diez millones de seguidores, según informó Folha.
Estos acontecimientos permiten identificar un cambio en la dinámica de la campaña: frente a una primera vuelta dominada por el avance electoral de Bolsonaro, la segunda estuvo caracterizada por una mayor participación de las bases sociales que respaldaban al presidente.
Una elección marcada por la tensión institucional
La jornada electoral estuvo acompañada por controversias relacionadas con el acceso de los votantes a los centros de sufragio.
La campaña del Partido de los Trabajadores denunció dificultades en el transporte público en diversos estados, entre ellos São Paulo y Bahía. La situación llegó hasta el Supremo Tribunal Federal, que ordenó prolongar la votación hasta las 19 horas, dos horas después del cierre inicialmente previsto.
La decisión, adoptada por el ministro Cristiano Zanin, generó nuevas controversias políticas y cuestionamientos desde sectores vinculados a Bolsonaro.
Estas dificultades introdujeron un elemento adicional de tensión en una elección que ya estaba profundamente polarizada.
El desafío de un cuarto mandato
La reelección de Lula constituye un hecho inédito en la historia democrática brasileña: ningún otro presidente había conseguido cuatro mandatos mediante elecciones directas.
Sin embargo, el resultado no elimina las profundas divisiones políticas del país. Flávio Bolsonaro consiguió articular un respaldo electoral considerable y la derecha mantiene una presencia importante en el Congreso, los gobiernos regionales y distintos sectores de la sociedad.
El próximo gobierno deberá desenvolverse, por tanto, en un escenario de fuerte competencia institucional y política.
También será relevante su relación con Estados Unidos, cuyo presidente, Donald Trump, mantiene vínculos políticos con el bolsonarismo, y con los gobiernos latinoamericanos, que seguirán atentamente las orientaciones de la política exterior brasileña.
La elección deja, además, una cuestión que trasciende las fronteras de Brasil: el papel de la participación popular en los procesos electorales contemporáneos.
El resultado no puede explicarse únicamente por las encuestas, las estrategias de comunicación o los acuerdos entre partidos. La irrupción de movilizaciones multitudinarias durante la segunda vuelta constituye uno de los acontecimientos centrales de esta campaña y será, probablemente, uno de los aspectos más estudiados de la elección.
Lula consiguió revertir una derrota inicial y asegurar un nuevo mandato. Ahora comienza otra etapa, en la que la energía social desplegada durante la campaña deberá confrontarse con las dificultades y contradicciones propias del ejercicio del gobierno.
Redacción del Clarín
