Por años se dijo que Eduardo Frei Ruiz-Tagle representaba a la “centroizquierda moderada”. Pero la realidad —política, histórica y judicial— es tozuda: Frei siempre ha sido un hombre de derecha, un conservador con lenguaje democratacristiano, un fiel exponente del orden y la elite tradicional chilena.

A tres semanas del balotaje, José Antonio Kast ha tomado una decisión tan clara como inquietante: hacer campaña sin dar explicaciones. El candidato de la ultraderecha ha ido cerrando puertas una tras otra: dejó en suspenso su participación en el programa de Don Francisco, declinó aparecer en Bad Boys de Franco Parisi y se restó del debate organizado para este domingo.

El Consejo Nacional de Televisión rechazó difundir la campaña estatal Una Ley en Nombre de Todas, destinada a informar sobre la Ley Integral de Violencia de Género. El Gobierno acusa un precedente inédito y discriminatorio; el CNTV alega cautela en periodo electoral.

Un grupo transversal de parlamentarios del Partido Socialista, Partido Comunista, Frente Amplio y Acción Humanista ingresó un libelo contra el ministro de la Corte Suprema Diego Simpertigue, acusándolo de notable abandono de deberes y de vulnerar principios esenciales del cargo: probidad, imparcialidad y abstención.

El 25 de noviembre no es solo una marcha. Es una respuesta directa a un proyecto político conservador que se despliega con fuerza en Chile y en el mundo. Se trata de un movimiento que busca reinstalar un modelo de familia única, controlar las decisiones reproductivas de las mujeres

En Chile —como en buena parte del mundo— avanza una ola conservadora que busca restringir derechos, controlar cuerpos y reinstalar jerarquías que generaciones completas han tratado de superar.

La segunda vuelta presidencial entró en una fase decisiva, pero los caminos de ambos candidatos parecen avanzar en sentidos opuestos. Mientras José Antonio Kast evita participar en varios de los debates televisivos programados para esta semana, Jeannette Jara ha optado por reforzar su despliegue público y rearmar su estructura política.

La segunda vuelta está cuesta arriba para Jeannette Jara. Los números no mienten. La aritmética es cruel. Pero los votos populares –flotantes, volátiles, pero decisivos– no están completamente definidos.

Chile no merece un programa escrito por quienes defendieron prácticas que robaron miles de millones a consumidores, encarecieron medicamentos, manipularon alimentos básicos y entregaron recursos públicos a manos privadas.

Para el abogado Gustavo Burgos, director del portal El Porteño, lo ocurrido no solo es una derrota: es el inicio de un nuevo ciclo político donde la izquierda institucional queda reducida a su mínima expresión.





