Silencios que protegen, ataques que buscan romper el tablero y una política atrapada entre el miedo y la resignación.
En la antesala del domingo, el debate no solo enfrenta a dos candidatos,
sino a dos formas opuestas de ejercer el poder.
La derecha chilena ha dado un paso que, hasta hace poco, parecía políticamente imposible: instalar en la agenda pública la idea de liberar a reos de alta peligrosidad —incluidos violadores de menores, homicidas y condenados por crímenes de lesa humanidad durante la dictadura— bajo la figura de “conmutación humanitaria de penas”.
La publicación de la Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos 2025, firmada por Donald Trump y difundida oficialmente por la Casa Blanca, confirma algo más profundo que un giro diplomático: es la consagración doctrinaria de un proyecto político que pretende reordenar el mapa geopolítico del siglo XXI bajo la matriz MAGA.
Las tomas de terreno no son un problema nuevo ni excepcional en Chile. Son, más bien, una respuesta histórica, colectiva y desesperada frente a la imposibilidad persistente de cientos de miles de familias de acceder a una vivienda digna en un país que, durante décadas, ha tratado el suelo urbano como un bien de mercado más que como un derecho social.
La decisión del gobierno de expropiar 100 hectáreas de la megatoma de San Antonio —ubicada en el sector de Cerro Centinela, en la región de Valparaíso— no solo cierra un conflicto que se arrastraba por meses, sino que abre un debate mayor sobre la incapacidad del Estado para enfrentar de manera efectiva el acceso a la vivienda digna en Chile.
El partido Demócratas —liderado por Ximena Rincón y conformado en buena parte por exmilitantes de la Democracia Cristiana y figuras de la exconcertación como Jorge Tarud y Carlos Maldonado— oficializó esta semana su apoyo a José Antonio Kast para la segunda vuelta presidencial.
Un grupo de excancilleres de Chile emitió este domingo una declaración pública en la que expresan su “profunda preocupación” ante las recientes propuestas migratorias del candidato presidencial José Antonio Kast, especialmente por sus eventuales efectos en la dignidad de las personas migrantes y en las relaciones diplomáticas de Chile con Perú y Bolivia
El debate de ayer no define la elección, pero sí delimita el tipo de país que se está discutiendo. Y en esa disputa por el sentido, por el marco y por la credibilidad, se juega buena parte del desenlace del próximo 15 de diciembre.
Por años se dijo que Eduardo Frei Ruiz-Tagle representaba a la “centroizquierda moderada”. Pero la realidad —política, histórica y judicial— es tozuda: Frei siempre ha sido un hombre de derecha, un conservador con lenguaje democratacristiano, un fiel exponente del orden y la elite tradicional chilena.