La pregunta ya no es cuál será el rumbo del gobierno de Kast. Ese rumbo está claro. La verdadera incógnita es si la sociedad chilena —después de 2019— está dispuesta a recorrerlo sin resistencia.
La derrota frente a la ultraderecha no fue un accidente, fue el resultado de un proceso. Un proceso de moderación excesiva, de miedo al conflicto, de adaptación al marco neoliberal heredado. Gobernar no es solo administrar; es también confrontar intereses, asumir costos, incomodar.
Las declaraciones de Jorge Quiroz, principal asesor económico del presidente electo José Antonio Kast, realizadas esta semana ante un auditorio de grandes empresarios reunidos por Icare, no son un exabrupto ni una frase mal calibrada. Son, por el contrario, una señal nítida del rumbo económico y político que se pretende imponer a partir de marzo
Y mientras se tolera la impunidad de unos, se exige decencia y responsabilidad a otros, el discurso público se degrada, y la polarización no solo se intensifica, sino que se vuelve una herramienta perversa, útil para quienes quieren transformarla en legitimación política.
La pregunta que queda abierta no es qué hará Kast, sino qué hará la sociedad chilena frente a esta nueva normalidad. Porque si el sistema ya hizo su parte, la historia reciente demuestra que los conflictos no desaparecen: se acumulan. Y cuando no encuentran cauce político, reaparecen de formas inesperadas.
El viaje del presidente electo, José Antonio Kast, a Ecuador para reunirse con su par Daniel Noboa no fue un gesto protocolar ni una visita de cortesía. Fue una señal política nítida: la instalación deliberada de una agenda regional de ultraderecha, cuyo eje central es la migración entendida como amenaza y no como fenómeno social, económico y humanitario.
Hay silencios que gritan. Y hay declaraciones que, sin levantar la voz, incomodan más que cualquier consigna furiosa. La entrevista de Lautaro Carmona tras la derrota electoral del 14 de diciembre pertenece a esta segunda categoría. No por lo que promete, sino por lo que se niega a hacer: cerrar en falso, administrar el daño, buscar culpables externos o refugiarse en la
Ha pasado una semana desde la segunda vuelta presidencial del domingo 14 de diciembre y el país comienza, lentamente, a dimensionar el alcance político del triunfo de José Antonio Kast.
Si algo dejó en evidencia la elección presidencial del 14 de diciembre es que la transición política chilena no solo terminó en el gobierno, sino también en la oposición.
Las elecciones del domingo 14 de diciembre no solo definieron un ganador. Definieron, de manera más profunda, el cierre definitivo de un ciclo político que se arrastraba desde 1990: el de la transición pactada, administrada y progresivamente vaciada de contenido.