
El alcalde caído en desgracia cometió el pecado imperdonable de demostrar que es posible alivianar la pesada carga de la pobreza de millones. De la gente pobre, de los que, dice el eufemismo que intenta quitarle dramatismo a la palabras, son personas vulnerables. Para quien tiene casi nada, un poquito ya es algo. Al menos, alguien pensó en ellos, lo que ya es harto.














