Si usted a menudo dice obscenidades, sufre de coprolalia. Se trata de una patología de moda en nuestro tiempo de elecciones, cuando el lenguaje cotidiano, carece de las palabras adecuadas, dirigidas a zaherir.
A pocos meses de un cambio de gobierno ya no tienen posibilidad las expresiones vanguardistas de atacar la lacra de la inseguridad resolviendo la injusticia, mitigando la pobreza y la flagrante inequidad social y cultural.
La pregunta que cursa es si el PC va a seguir soportando el ninguneo de quienes no tienen moral para nada y si podría soportar un gobierno de una de sus camaradas que los relegue al closet para que molesten lo menos posible. Es cierto que el PC corre un riesgo.
La sombra de un proyecto político truncado por un golpe de Estado pasó de ser una esperanza a convertirse en un pasado incómodo para las generaciones representantes de la nueva izquierda, el progresismo o la socialdemocracia en Chile.
El candidato independiente no ganará la elección. Pero su irrupción en el debate dejó en claro que existe un público dispuesto a escuchar algo distinto, que agradece la nobleza frente al ruido y la coherencia frente al populismo
Kirk, cuyo homicidio es tan deplorable y condenable como cualquier otro, se convirtió así en cosechador de la brutalidad que sembró con tanto entusiasmo.
Mientras sigamos atrapados en esta política de superficie, la verdadera mina antipersonal está bajo nuestros pies: la erosión constante de la democracia y de la confianza ciudadana. Y esa, lamentablemente, no la desactiva ningún candidato.
Se aprecia una especie de “liviandad” o incompletitud en los relatos de los políticos; también una preferencia por los temas subalternos o por el tema que pega más en la atención del público (ejemplo, seguridad).