
El efecto es preciso: al amplificar la detención en Temucuicui en el mismo ciclo noticioso que el escándalo Naranjo, se genera un contrapeso narrativo implícito. Si hay racismo en la élite, también hay criminalidad indígena. Las dos historias se neutralizan mutuamente en el imaginario público, y lo que podría convertirse en una reflexión colectiva sobre el racismo






