La política, cuando se vuelve demasiado obvia, pierde sofisticación. Y lo que ha ocurrido esta semana en Chile con el conflicto del cable submarino y el quiebre entre el presidente Gabriel Boric y el presidente electo José Antonio Kast tiene precisamente esa característica: es una operación política tan visible que termina revelando su propio mecanismo.
El Presidente ha optado por cerrar filas con su ministro y sostener que Chile decidirá “de manera soberana”. Puede discutirse la estrategia, los tiempos o la comunicación. Lo que no puede discutirse es el derecho del Estado chileno a evaluar proyectos sin tutelaje. La pregunta de fondo no es si el cable debe aprobarse o rechazarse. La pregunta es quién tiene la última palabra.
Hablar del programa educativo de José Antonio Kast no es solo debatir sobre políticas públicas, sino sobre el tipo de sociedad que se quiere construir. Su propuesta en educación no es neutral ni busca las mejoras técnicas, sino que es profundamente ideológica y responde a los intereses de la clase dominante, reforzando un modelo que históricamente ha excluido a los
El presidente de la Fundación Memoria Histórica, el abogado Luis Mariano Rendón, presentó una denuncia ante la Contraloría General de la República cuestionando la legalidad de la futura fotografía oficial del presidente electo José Antonio Kast.
La denominada "autonomía estratégica pragmática" que algunos expertos mencionan como salida —privilegiar a Estados Unidos en defensa y ciberseguridad, pero mantener criterios técnicos para no discriminar a China en lo comercial— es una fórmula vacía. No hay autonomía posible cuando se acepta que una potencia extranjera decida qué proyectos tecnológicos puede desarrollar un
El presidente Kast tiene suerte. Recibirá una economía saneada, a lo que se agrega la disminución de la pobreza en 3,2 puntos porcentuales, gracias al aumento de la Pensión Garantizada Universal (PGU) y del salario mínimo, durante el gobierno Boric.
Chile construyó su modelo de desarrollo sobre la apertura simultánea a múltiples mercados. La incógnita es si esa lógica puede sostenerse en un entorno donde las potencias demandan definiciones.
El dilema no es abstracto. Se traduce en exportaciones de cobre y litio, en importaciones de maquinaria y tecnología, en infraestructura digital y en la capacidad de decisión
Lo que está ocurriendo es una disputa por el sentido común económico del próximo ciclo. Si se impone la idea de que el país fue entregado en ruinas, el margen para cuestionar el shock será mínimo. Si se instala que hay tensiones pero no colapso, el ajuste deberá justificarse políticamente y no solo técnicamente.
Los primeros 90 días no definirán la solución a la desigualdad chilena. Tal vez la aumente. Definirán, más bien, la fortaleza política inicial del gobierno de Kast. Lo que estará en juego no es la superación del modelo que produjo las brechas estructurales, sino la capacidad de administrarlo con mayor rapidez y control.