
El miedo sirve… hasta que deja de funcionar
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Chile no está siendo gobernado desde la razón. Está siendo gestionado desde el miedo. Se instala una lógica peligrosa: reducir problemas complejos a un enemigo identificable y actuar contra él como si eso fuera una solución.
Y el miedo sirve. Sirve para ser elegido. Sirve para ordenar, para disciplinar, para justificar. Sirve, sobre todo, para que la ciudadanía tolere lo que en condiciones normales no aceptaría.
Porque el miedo no solo altera emociones. Altera estándares.
Bajo miedo, se aceptan medidas económicas severas que golpean directamente a las personas, sin mayor explicación ni gradualidad. Se traspasan costos completos a la ciudadanía y se espera comprensión. Porque “no hay alternativa”. Porque “la situación lo exige”.
Bajo miedo, también se instala una narrativa de seguridad que busca ser valorada más por la percepción que por los resultados. No importa tanto si el problema estructural se resuelve, sino si se logra transmitir control.
Pero el miedo tiene un límite.
Cuando el miedo deja de funcionar, empieza a transformarse en relato.
Y cuando se está en el gobierno, ya no basta con generar sensación de amenaza. Hay que explicarla, ordenarla, justificar decisiones que comienzan a hacer ruido. El miedo deja de ser suficiente por sí solo, y aparece el esfuerzo por sostenerlo discursivamente.
Es en ese tránsito donde se tensionan los estándares.
Se nombran autoridades que no cumplen condiciones básicas, y se justifica. Se producen conductas impropias, y se relativizan. Se adoptan decisiones difíciles de explicar, y se envuelven en argumentos técnicos o comunicacionales. Incluso decisiones que cruzan límites éticos evidentes, como la destitución de autoridades en circunstancias especialmente sensibles, terminan siendo defendidas como normales e inevitables.
El caso de la salida de la subdirectora de Inteligencia de la PDI, Consuelo Peña, es ilustrativo. Se entregó una versión oficial. Se asumieron responsabilidades formales. Pero el resultado fue inequívoco: nadie la creyó.
Y ese “nadie” es el dato más relevante.
Porque marca el punto de quiebre.
El miedo puede instalarse. El relato puede intentar sostenerlo. Pero cuando la confianza se rompe, ambos pierden eficacia al mismo tiempo.
La ciudadanía chilena ha demostrado algo que incomoda a quienes creen que el miedo es suficiente: no es ingenua.
Percibe la inconsistencia. Detecta la puesta en escena. Sabe distinguir entre una solución real y una explicación conveniente.
Por eso las evaluaciones caen. No por falta de comunicación. Sino porque el relato dejó de ser creíble.
Chile no rechaza la autoridad. Rechaza la incoherencia.
Y cuando el miedo deja de funcionar, también se deja de gobernar
Marcelo Trivelli






Felipe Portales says:
En realidad, Chile viene siendo gobernado desde el engaño, desde el momento en que el liderazgo de la Concertación, entre 1990 y 2010, legitimó, consolidó y profundizó el modelo de sociedad neoliberal que la dictadura impuso a través de la violencia; «modelo chileno», que entre otras destacadas figuras de la extrema derecha internacional, fue elogiado ¡por Javier Milei! durante su visita privada a Chile como presidente de Argentina en 2024: «Para nosotros Chile ha sido un claro ejemplo de lo que hay que hacer para sostener el desarrollo económico en el tiempo. Tanto por su sana relación entre lo público y lo privado, como por su política económica innegociable que ha perdurado pese a los cambios de signo político». Y agregando que «estos valores le permiten a Chile abandonar el atraso y caminar hacia un modelo de prosperidad. Nosotros también hemos finalmente cambiado y también creemos en esos valores». («El Mercurio»; 9-8-2024)