Crónicas de un país anormal

Chile y la rebelión permanente

En la época en la cual estamos viviendo las crisis han sido permanentes: participamos de una inseguridad continua y, pareciera que nos han quitado la red que nos aseguraba que no moriríamos en la permanente tarea de equilibrista, propias de esta vida de zozobra.

 

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Las clases medias, que temían volver a su origen proletario, hoy día lo ven a la vuelta de la esquina: el sueldo, que antes les permitía viajar, así fuera por una sola vez a una ciudad vecina, hoy no les alcanza para cubrir lo adeudado del mes anterior.

 

Los jubilados con pensión básica solidaria, por ejemplo, ya no tienen que elegir entre los remedios y el mendrugo de pan cotidiano, pues los $110.000 no le alcanza ni para comprar un buen veneno, acompañado de un sabroso chocolate para morir, al menos, dulcemente.

 

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El estudiante que no sabe si va poder pagar la deuda del CAE, (un regalo para los bancos propiciado por los gobiernos de la Concertación), no puede dormir al pensar en que a futuro no va a poder hacerse cargo de sus viejos, que morirán inevitablemente, en la miseria y el abandono.

 

El Estado – antes un ogro filantrópico o un dador de bonos para auxiliar a los pobres a fin de que no murieran de inanición – hoy está raptado por los más ricos, y sólo sirve para convertirlos en millonarios en detrimento de sus responsabilidades respecto del bien común.

 

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Chile es el modelo ideal del neoliberalismo en el cual el Leviatán sólo puede ser el poseedor del monopolio de la fuerza bruta, sin Dios ni ley, (en el caso chileno, parece haber perdido el carácter de legítima a juzgar por las condenas de Organismos de Derechos Humanos tan prestigiosos como Amnistía Internacional, Naciones Unidas, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, y otros), pues en la actuación de las Fuerzas Armadas y de Carabineros durante esta época no se diferencia mucho de la ejercida durante la dictadura de Pinochet. Quizás hoy sólo sacan a los manifestantes, violan indiscriminadamente a hombres, mujeres y niños, agregando golpes a mansalva, y antes, asesinaban y lanzaban los cadáveres al mar desde los aviones.

 

En Chile el Estado no debe encargarse de educar, de velar por la salud, de asegurar la previsión social cuando los chilenos lleguen a viejos, de dotar de viviendas dignas, de proteger la población de los narcotraficantes, de invertir los impuestos de los ciudadanos en el bienestar de los mismos…, pues les corresponde a los privados, que serán los beneficiarios de la subvención a la demanda: si usted quiere cumplir con la obligación de educar a su hijo, la familia o la escuela recibirá cierta suma de dinero por parte del Estado a fin de que su hijo o hija no se vea obligado a mezclarse con los “delincuentes” de la escuela pública.

 

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Si se enferma, FONASA subvencionará los gastos en una clínica privada, (Las Condes, Clínica Alemana, Santa María…), para evitar que muera antes de lograr ser atendido en un hospital público. Si quiere que su casa no sea asaltada tendrá que vivir en comunas como Las Condes, Vitacura, Lo Barnechea…donde tendrá su guardia privada o municipal propio, además de adquirir dispositivos de seguridad de última generación que, desde lejos, huelen y detectan al ladrón, y claro, disponiendo también de buena dotación de Carabineros.

 

Según la ilegítima Constitución de 1980, el Estado de Chile es subsidiario, es decir, debe dejar a los privados que ejecuten todas las políticas que ellos puedan llevar a cabo, y el Estado sólo intervendría en aquellas tareas que no son rentables, en consecuencia, en Chile las empresas privadas son dueñas del agua, la electricidad, el gas, la educación, la salud, la vivienda, las pensiones, el 70% del cobre…

 

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Las relaciones que el Estado tiene con los más vulnerables de la sociedad se reduce al rol de una madrastra, y si entre medio de andar “pateando piedras” le viene un hambre insoportable y se atreve a robar un pan o algún otro alimento, lo capturan y lo conducen a un hogar del SENAME, donde aprende a robar objetos de mayor valor, es decir, obtiene su diploma de educación secundaria del delito; después, en la secuencia, va a la cárcel recibiendo el “doctorado” en estas lides.

 

Los pobres no siempre reciben insultos, garabatos, tuteos por parte de los agentes del Estado con quienes se relaciona, pues con frecuencia, el Estado-mamá le regala bonos, (marzo, invierno, fiestas patrias…), claro que una vez que la asistente social los ficha como pobres, y con amplia sonrisa, les lee la lista de los eventuales apoyos disponibles por parte del Estado. Los familiares del joven o la joven manifiestan complacencia ante las migajas ofrecidas.

 

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Carlos Marx, (siglo XIX), tenía al Estado como un aparato coercitivo: en primer lugar “…la violencia concentrada y organizada de la sociedad…”; en segundo lugar, “…como instrumento del dominio de clase por el cual el poder político del Estado moderno administra los negocios comunes de toda la clase burguesa´…” (Bobbio, 1970:63)

 

Estas dos visiones de Estado, coercitivas y de fuerza, son las que han caracterizado la administración del poder en Chile, pero según mi opinión, añadiría una tercera, muy bien definida por Bobbio: “El Estado como momento secundario y subordinado respecto a la sociedad civil, por el cual ´no es el Estado el que condiciona y regula la sociedad civil, sino la sociedad civil la que condiciona y regula al Estado´”.

 

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A lo mejor, esta nueva visión de supeditación del Estado a la sociedad civil podría ser la clave para explicarse fenómenos como, por ejemplo, “los chalecos amarillos”, en Francia; la rebelión de la “Dignidad”, en Chile; la justicia social, en Colombia; la rebelión campesina e indígena, en Ecuador.

 

A lo mejor, el problema principal no se reduce a la mera crisis de representación y de legitimidad de las instituciones, el ocaso de la de democracia fiduciaria y bancaria, ni siquiera su reemplazo por la democracia plebiscitaria y/o la directa, sino que tendremos que referirnos a algo mucho más profundo, digno de un análisis más fino y acabado, por el cual se llevaría a cabo la profecía de los filósofos del siglo XIX respecto a la emancipación humana cuando desaparezca la excrecencia burocrática.

 

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Bobbio, Norberto, Gramsci y la concepción de la sociedad civil, Cuadernos pasado y presente, 1970

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Rafael Luis Gumucio Rivas, (El Viejo)

24/11/2019  

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