El Castro-chavismo es el fantasma que la derecha política inventa para atemorizar a los incautos e ignorantes: antes eran los comunistas, (de quienes decían que se comían a las guaguas), pero ya nadie lo cree luego de la caída del muro de Berlín.

Después del fracasado juicio político contra Donald Trump está claro que los republicanos se unen en torno a un solo dios, Trump, quien tendría muchas posibilidades de ser reelegido el mes de noviembre próximo, y para lograrlo sólo le basta mantener su electorado blanco, anglosajón y evangélico y conquistar a los “gusanos” de La Florida, seguidores de Marco Rubio.

La semana posterior al resultado favorable a Trump en el juicio político, (53 votos contra 47 votos), a los demócratas les salía todo mal: en la elección de las Primarias en Iowa les falló el sistema electrónico que, para algunos, es una trampa urdida en contra de Sanders, al colocar en primer lugar al hasta entonces desconocido joven, de 37 años, Pete Buttigieg.

Desde los inicios del gobierno de Trump la política norteamericana se ha polarizado, pues ya no caben los centristas, por consiguiente, la disputa se da entre los dos partidos, muy cohesionados cada uno en su seno, de tal manera que es muy difícil que un diputado o senador cambie de bando, (en el caso de los republicanos, un solo senador se atrevió a romper con la disciplina partidaria al votar a favor del impeachment contra Trump).

En un cuadro polarizado el Partido Demócrata se encuentra ante el dilema, en primer lugar, de tomar la vía del centro, cercana a los mafiosos de Wall Street, optando por el multimillonario Michel Bloomberg, ex alcalde de Nueva York, que sólo se presta para participar en las elecciones de “súper martes”, y podría llegar tarde a pesar de sus miles de millones de dólares, pero de ser elegido, la contienda se daría entre dos magnates, Trump y Bloomberg. En segundo lugar, la derecha del Partido Demócrata ha querido nominar, como barrera a Sanders, al vicepresidente de Obama, Joe Biden quien, a pesar de que estaba en primer lugar en las encuestas, ha salido tercero y quinto, respectivamente, en las dos Primeras llevadas a cabo hasta ahora.

Como a los centristas les han fallado los dos candidatos anteriores, están inventando un tercero, en la persona de Pete Buttigies, un joven moderado, que ha logrado ganar los caucus  de Iowa y un segundo lugar en NH.

El candidato Sander podría ganar la nominación demócrata de no mediar – como en 2016 – una trampa, en ese tiempo liderada por Hillary Clinton y la mafia del Partido Demócrata, pero la experiencia indica que los intereses mafiosos de Wall Street podrían imponerse.

La polarización de la política y de la sociedad civil norteamericana le ha sido muy útil a Trump: nadie pensaba que, al terminar sus primeros cuatro años, contara con un apoyo del 48% en las encuestas ciudadanas y, además, consolidaría la unión del Partido Republicano, del cual se ha convertido en su ídolo y al que nadie osa contradecir.

Donald Trump y el centro del Partido Demócrata están agitando el fantasma del “Castro-chavismo”, achacándolo al ala izquierda de los demócratas, especialmente en las personas de Bernie Sanders y de Elizabeth Warren, cuando la verdad es que los programas de ambos candidatos son apenas socialdemócratas, en apariencia muy avanzados para Estados Unidos.

La lógica de la polarización ha sido la de conducir a los dos Partidos hegemónicos a posiciones extremas, y de imponerse este esquema, es posible que la competencia a efectuarse en el mes de noviembre próximo sea entre Trump y Sanders, con serias posibilidades de ganar, en la primera potencia del mundo, una especie de socialdemocracia nórdica, de la cual se siente admirador el candidato Sanders.

Trump, que poco tiene de ser un demócrata, y que no cabe duda de que es un delincuente, (los delitos del juicio político eran absolutamente ciertos y comprobados, incluso, confesados por él mismo), y los senadores, a sabiendas de que era un traidor a la patria, lo salvaron con su voto, y ahora lo levantan como a su gran líder.

En “El Discurso de la Unión”, Trump se dio el lujo de no saludar a su rival, la líder del Partido Demócrata y presidenta de la Cámara de Representantes, y Nancy Pelosi rompió el texto del discurso del Presidente, en presencia del Congreso Pleno.

La derecha, no solo en Estados Unidos, sino también en muchos otros países, especialmente en los de América Latina, está empleando la campaña del terror del “Castro-chavismo”, que es muy útil para convencer a imbéciles y fanáticos. De seguro, Trump usará esta campaña del terror contra sus rivales demócratas que, a lo mejor, en un país de baja cultura cívica, buscarán un candidato que se asimile a Trump, como Biden o Bloomberg.

Tanto en Estados Unidos como en países latinoamericanos pocos creen en los pesos y contrapesos, categorías propias de la división de poderes del siglo XVIII. Hay que ser muy cándido para creer que las elecciones de Estados Unidos constituyen un modelo, cuando en la realidad lo intervienen no sólo los rusos, sino también los ucranianos…

 

Rafael Luis Gumucio Rivas ((El Viejo)

14/02/2020

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