Justificar los actos de violencia y vandalismo que se han dado en los últimos cuatro meses por parte de elementos civiles – la violencia policial es harina de otro costal – es una posición imposible de sostener en el Chile de hoy, so pena de quedar absolutamente excomulgado y execrado por gruesa parte de la sociedad. Sin embargo, hay algunos elementos de índole económica y social que pueden, quizás, ayudar en alguna medida a explicar porque hay sectores que asumen esas actitudes.

 

En primer lugar, según estudios de la OCDE, en Chile hay un 21% de la población entre 19 y 29 años que no estudian ni trabajan. Según la encuesta CASEN esos “ni ni” alcanzan a 544 mil ciudadanos. ¿Qué hacen esos muchachos? ¿Patean piedras? ¿Ven televisión todo el día? ¿Se juntan con otros que están en su misma situación? ¿Forman pandillas?  ¿Se meten en el consumo o en la distribución de narcóticos? Si desertaron del sistema educacional están condenados a vivir el resto de sus vidas en condiciones laborales muy precarias, ganando en el mejor de los casos un sueldo mínimo. No ven, por lo tanto, su futuro con mucho optimismo. Pero no son ciegos. Saben lo que les espera. No han perdido solo su juventud, sino que probablemente el total de sus vidas. ¿Pueden confiar en las instituciones políticas del país? ¿Están en condiciones de asumir toda la responsabilidad por su situación? ¿O viven cultivando una cuota alta de resentimiento en contra de una sociedad que ha segado sus vidas?

 

Veamos el asunto desde otro punto de vista. En Chile hay hoy en día una población de aproximadamente 19 millones cien mil habitantes. De esa población hay 15 millones 497 personas que están en condiciones de trabajar, pues tienen 15 años o más. Pero la fuerza de trabajo, es decir, los que están o buscan estar en el mercado laboral son solo 9 millones 189 mil ciudadanos. Y de esta última cifra hay 8 millones 547 mil que están ocupados -pues trabajaron al menos una hora en la semana anterior a la encuesta – y 641 mil que están desocupados, es decir, no trabajaron ni siquiera una hora a la semana, aun cuando declaran que buscaron activamente trabajo. Y de los que están ocupados, el 30.4% lo está en ocupaciones informales, sin previsión social de ninguna naturaleza y, por lo tanto, sin derecho a enfermarse ni a soñar con una vejez tranquila.

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¿Qué hacen esos sectores que pertenecen a los ni ni, o los desocupados, o a los informales o a otros sectores que la estadística oculta de una u otra manera? ¿Qué piensan? ¿Cuáles son sus aspiraciones? ¿Cuál es su visión de Chile y del mundo? ¿Pueden considerar que la sociedad en que viven es justa y solidaria? No deberían asaltar supermercados, ni atacar comisarías de carabineros, ni quemar buses. No deberían tampoco dejarse utilizar, directa ni indirectamente, por lo sectores dominantes de la sociedad, que los han conducido a esa situación y que son absolutamente indolentes frente a sus condiciones de vida. Con eso no consiguen nada y hacen un daño inmenso a muchos otros sectores de la población que solo están unos pocos centímetros más arriba que ellos en la escala social.

 

Todos estos sectores de la población no cayeron del cielo. Son productos sociales y humanos de nuestro Chile. Del Chile que hemos construido en los últimos 40 años, aún cuando una parte importante de quienes los condenan no sabían de su existencia y no se han asomado nunca, ni por casualidad, al mundo en que ellos viven.

 

por Sergio Arancibia

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