En ocasión del Día Mundial del Agua y el Día Meteorológico Mundial, celebrados el 22 y 23 de marzo, la Organización Meteorológica Mundial se concentra en el tema del agua, el recurso que más está sufriendo del cambio climático.

Uno de los mayores impactos del cambio climático es hacia el agua, que a su vez afecta el desarrollo sostenible y la seguridad. Pero a diferencia de la información coordinada internacionalmente sobre el aumento de las temperaturas, los datos sobre los recursos hídricos son irregulares e incompletos.

“Uno de los temas subyacentes es que no podemos gestionar lo que no supervisamos y medimos, un mensaje que desafortunadamente se ha vuelto demasiado familiar en la actual pandemia de COVID19, por eso que este año queremos enfocarnos en este recurso”, explica el WMO.

“Sentimos los efectos del cambio climático principalmente a través del agua: más inundaciones, más sequías, más contaminación. Al igual que los virus, estas perturbaciones relacionadas con el clima y el agua no respetan los límites naturales «, dijo la Secretaria General del WMO, Petteri Taalas. «El mundo necesita demostrar la misma unidad y compromiso con la acción climática y reducir las emisiones de gases de efecto invernadero que contener la pandemia de coronavirus. Los cambios en la distribución global de las precipitaciones están teniendo un gran impacto en muchos países. Los niveles del mar están aumentando a un ritmo cada vez mayor, impulsado por el derretimiento de los glaciares más grandes, como en Groenlandia y la Antártida. Esto está exponiendo las zonas costeras y las islas a un mayor riesgo de inundaciones y la inmersión de las zonas bajas «, dijo el Sr. Taalas.

 

Cada gota cuenta.

El agua es vida. En promedio, un ser humano no puede sobrevivir más de tres días sin agua. En medio de la pandemia de COVID-19, se estima que 3 mil millones de personas en todo el mundo carecen de instalaciones básicas para lavarse las manos.

Según el WMO, más de dos mil millones de personas viven en países que experimentan un alto estrés hídrico, mientras que alrededor de cuatro mil millones de personas enfrentan una grave escasez de agua durante al menos un mes cada año. Para 2050, la demanda mundial de agua dulce será entre un 20 y un 30% más alta de lo que es hoy.

La mayoría de los ríos y cuerpos de agua dulce son transfronterizos, y las decisiones de un país sobre la gestión de los recursos hídricos a menudo tienen implicaciones para otros países, lo que hace que el agua sea una fuente potencial de conflicto.

 

Cambio climático y agua.

El cambio climático está afectando la capa de nieve y las «torres de agua del mundo»: la nieve y el hielo en las montañas que alimentan los suministros de agua dulce. Los glaciares clave se han derretido durante más de tres décadas, según los monitores internacionales, lo que ha provocado un aumento de los riesgos a corto plazo, como deslizamientos de tierra y avalanchas, y una disminución a largo plazo de la seguridad del agua para las generaciones futuras.

Una proporción mucho mayor de precipitación anual está cayendo ahora en eventos de precipitación extrema en lugar de extenderse de manera más uniforme durante todo el año, lo que aumenta el riesgo de inundaciones repentinas, uno de los peligros naturales más mortales. En muchas partes del mundo, los patrones estacionales de lluvia se están volviendo más erráticos, afectando la agricultura y la seguridad alimentaria y el sustento de millones de personas.

Según la declaración climática, se registraron más de 6.7 millones de nuevos desplazamientos internos por desastres entre enero y junio de 2019, provocados por inundaciones y ciclones tropicales en el sudeste de África, el sur de Asia y el Caribe. Se pronostica que este número alcanzará cerca de 22 millones en 2019, en comparación con los 17,2 millones en 2018. De todos los peligros naturales, las inundaciones y las tormentas contribuyeron más al desplazamiento.

 

El agua y los megaproyectos.

Si el cambio climático afecta al agua, los megaproyectos no ayudan a evitar la explotación excesiva de este recurso.

Los megaproyectos comprenden proyectos de infraestructura, industrias extractivas, proyectos de producción de energía, redes de abastecimiento de agua y proyectos de transporte, entre otros.

Los megaproyectos que más repercuten el expolio del recurso del agua son todos los que implican un uso extensivo del suelo, una modificación importante de los recursos hídricos, o un largo período de ejecución.

Según el informe del Relator Especial sobre los derechos humanos al agua potable y al saneamiento, Leo Heller, “la amplia gama de megaproyectos refleja el extenso abanico de consecuencias que se derivarían de ellos y su repercusión en el ejercicio de diversos derechos humanos, por grupos en situaciones de vulnerabilidad y, en particular, por los pueblos indígenas, cuyos estilos de vida a menudo están centrados en torno al agua. Si bien los efectos en el acceso al agua son una de las consecuencias más destacadas de muchos tipos de megaproyectos, estos también afectan a otros derechos interrelacionados, y, por lo tanto, el presente informe examina dimensiones más amplias de esos proyectos en materia de derechos humanos. En él también se tiene en cuenta una amplia variedad de temas, en consonancia con el concepto de “injusticia ambiental”, que incluye los efectos negativos ocasionados por los seres humanos en el medio ambiente, centrándose en las desigualdades y discriminaciones injustas que generan efectos cada vez mayores en determinados grupos y poblaciones que ya se encuentran en situaciones vulnerables. El impacto de los megaproyectos sobre el medio ambiente, la gobernanza de los recursos hídricos, los conflictos sociales, los medios de vida o los derechos humanos puede verse exacerbado por problemas mundiales críticos como el cambio climático, los cambios demográficos, la crisis migratoria y los conflictos armados, o agravar estos problemas[1]

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”.

 

La realidad en Chile.

En Chile el agua es un recurso privado. Eso, permite la explotación de la parte de las transnacionales y los megaproyectos de una forma totalmente legal.

 

Constitución chilena y derecho al agua.

El artículo 19 N° 24 de la Constitución de 1980 dispone que los derechos de los particulares sobre las aguas, reconocidos o constituidos en conformidad a la ley, otorgarán a sus titulares la propiedad sobre ellos. Con ello, estos derechos cuentan con la protección que la Constitución otorga al derecho de dominio, la que los hace inexpugnables. El agua es, constitucionalmente en Chile, un recurso privado. Su propiedad no depende del dueño de la tierra en donde se encuentra.

Respecto a este tema, y confirmando la voluntad del gobierno chileno a salvaguardar el beneficio de las empresas sobre lo de su ciudadanía, el 7 de enero el Senado rechazó consagrar el agua como bien de uso público en la Constitución.

En Chile, hoy en día, tres organizaciones se concentraron principalmente para luchar contra la privatización del derecho al agua: el Movimiento de Defensa del Agua, la Tierra y la Protección del Medioambiente (MODATIMA), la Coordinadora Ciudadana No Alto Maipo (CCNAM), y las Mujeres de Zona de Sacrificio Quintero – Puchuncaví en Resistencia.

Acerca del tema de la sequía y la privación del agua, el caso más emblemático y, tal vez, el más famoso, es lo de la Provincia de Petorca, en la Región de Valparaíso.

 

Ejemplo de terreno: situación de la provincia de Petorca.

La Provincia de Petorca es la provincia más extensa de la V Región de Valparaíso, además de ser la más septentrional.

Esta región sufre desde hace años una desertificación progresiva, debido a una sobreexplotación de sus tierras por las empresas dedicadas al monocultivo de aguacate.

La Sede regional de Valparaíso del Instituto Nacional de Derechos Humanos (INDH) y el Movimiento de Defensa del Agua, la Tierra y la Protección del Medio Ambiente (MODATIMA), presentaron las principales conclusiones de lo que fue la actualización del Informe de la Misión de Observación en la Provincia de Petorca, eso justo al final del año pasado.

Dentro de los principales hallazgos de este informe de seguimiento, con fecha 2018, se concluye que “el problema de escasez hídrica persiste, tanto por la persistente sequía como por la sobreexplotación del recurso, por la insuficiencia del marco regulatorio vigente, y por la ineficacia de las acciones adoptadas por las autoridades”.

Fernando Martínez, jefe regional del INDH Valparaíso, sostuvo que “se constató que el Estado no ha realizado acciones suficientes para garantizar el derecho humano de acceso al agua en condiciones de igualdad y no discriminación, pues sigue existiendo tensión social en la zona, tanto por la inseguridad de comunidades cuyo suministro depende de camiones aljibe, como por las dificultades que afectan a quienes defienden el derecho al agua”.

“A esto se suman importantes carencias normativas (sigue pendiente la reforma al Código de Aguas de 1981) y la necesidad de que la DGA incremente sus acciones de fiscalización y sanción, aprovechando las nuevas facultades que le otorga la Ley 21.064”, añade Martínez.

En su informe con fecha de diciembre 2018, el INDH define las siguientes causas de la escasez hídrica:

 

  • El cambio de uso de suelos que generó la agricultura (paltos y cítricos);
  • Otorgamiento de derechos de aprovechamiento de aguas en cuencas extinguidas;
  • Priorización de la función productiva del agua por sobre el consumo humano.

 

La recomendación del Instituto son las siguientes:

El INDH expuso que “el acceso al agua potable es un derecho humano que, con independencia de los diseños normativos que se provean, debe ser reconocido, respetado y garantizado por el Estado”.

Sin embargo, la actualización de dichas recomendaciones sigue inexistente aun hoy, en 2020.

 

 

Por Elena Rusca (en Ginebra)

 

 

[1] https://undocs.org/es/A/74/197, Informe del Relator Especial sobre los derechos humanos al agua potable y al saneamiento

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