Crónicas de un país anormal

El anticomunismo en la Democracia Cristiana

Preguntado, en una entrevista en la televisión, el ex ministro democratacristiano Jorge Burgos expresó que, si se diera una segunda vuelta entre Joaquín Lavín y Daniel Jadue, no dudaría en votar por el primero, (es de los únicos que puede creer que Lavín es un socialdemócrata, por consiguiente, “marxista moderado”). Por su parte, su camarada Matías Walker dijo que ´porque quiero a mi país no quiero tener nada que ver con el comunismo´.

Salvo en la época de pertenencia a la CODE, entre los democratacristianos no había predominado el marcado anticomunismo, propio de la derecha política, incluso, cuando Gabriel González Videla aplicó la ley de defensa de la democracia, (“ley maldita”), La Falange, por ese entonces, rechazó el anticomunismo y, posteriormente, integró el “bloque el bloque de saneamiento democrático”, que derogó tan antidemocrática ley.

No todos los democratacristianos, afortunadamente, profesan un rechazo, casi infantil, al comunismo, que carece de todo sentido a partir del fin de la “guerra fría”.

La derecha ha usado este macartismo, pasado de moda, para aterrar a los electores anunciando que Chile se convertiría en una “Chilezuela”, que los comunistas siguen comiéndose a las guaguas y que sus niños serían enviados a Cuba a centros de “educación”.

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Las campañas del terror, utilizadas por la derecha contra el Presidente Salvador Allende durante las presidenciales de 1964 y de 1970, fue tan dañina psicológicamente para los ciudadanos que el Congreso se vio forzado a nombrar una Comisión investigadora, que presidió el democratacristiano Bernardo Leighton, cuyas conclusiones demostraron el miedo terrorífico que causaba a la ciudadanía que, por su simplismo, atraía a votantes asustadizos, pusilánimes y, sobre todo, carentes de educación cívica.

En la segunda vuelta de la última elección presidencial, en que competían los candidatos Sebastián Piñera y Alejandro Guillier, el anuncio por parte de la derecha de que Chile se convertiría en “Chilezuela” logró restar a Guillier varios votos de ignorantes electores que, incluso, si votaban por Piñera, el país se convertiría en un oasis de prosperidad que, también llegaría a todos los ciudadanos ´ilusos´.

Con un sistema electoral del “todo o nada”, propia del presidencialismo monárquico, apenas es elegido un Presidente ya comienza la campaña para reemplazarlo. Por suerte, somos una monarquía electiva en que el rey no deja en herencia el trono a alguno de sus ministros. En el caso de Piñera, su gobierno terminó el 18-0, con el llamado ´estallido social´, y la derecha hace todo lo posible por manipularlo a su antojo, o alejarse del Presidente para acercarse a la ultraderecha.

Lamentablemente, el pueblo que se rebeló ante el abuso, desde octubre de 2019, hoy está ausente de la campaña del APRUEBO, pues el Acuerdo del 15 de noviembre último reglamentó de tal forma la estructura plebiscitaria a fin de que el protagonismo ciudadano se limitara sólo al hecho votar y no de deliberar para construir su propia Constitución, (también la pandemia y las cuarentenas mantienen a la gente muy lejana de la política).

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Luis Emilio Recabarren a comienzos del siglo XX redactó una Constitución, mediante la cual el poder fundamental residía en los municipios, tal cual ocurrió en la Constitución de 1828, en que los pueblos tuvieron una participación muy importante en la época.

La encuestadora CADEM, que pertenece a la derecha, ha colocado en los primeros lugares de preferencia ciudadana al alcalde Lavín Infante, el “hombre-camaleón, desplazado ahora por el alcalde comunista, Daniel Jadue, que demuestra que las comunas dirigidas por militantes de la “hoz y el martillo” son capaces de una gran creatividad al integrar a la ciudadanía en el programa de gobierno de la comuna.

Históricamente el Partido Comunista nunca ha participado en aventuras militaristas, hecho que lo diferencia de los demás partidos, incluido el Partido Socialista. En el famoso “tacnazo”, por ejemplo, la dirección del Partido Comunista fue la primera en llamar a defender el gobierno de Eduardo Frei Montalva, sin caer en la demagogia de los militares acuartelados en el Regimiento Tacna.

Las leyes que, a través de la historia, han proscrito al Partido Comunista han abundado, sin embargo, en plena clandestinidad, el Comité Central rechazó una tendencia llamada “reinosismo” que, por los años 50, postulaba la vía armada para combatir a González Videla.

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En la Unidad Popular, durante el gobierno de Allende, el Partido Comunista fue el que mantuvo más firmemente el camino de la vía chilena al socialismo.

La única posibilidad de vencer a la derecha es la construcción de un programa común, la unidad de todos los partidos opositores y, sobre todo, la eliminación de cualquier veto a alguno de los partidos del centro y de la izquierda.

Rafael Luis Gumucio Rivas (EL Viejo)

18/09/2020

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