Crónicas de un país anormal Latinoamérica

El aplastante triunfo de Luis Arce

Bolivia, hoy por hoy, se está convirtiendo en el centro político de América Latina. La estrategia del Movimiento al Socialismo, (MAS), ha sido brillante: logró mantener unida su fuerza electoral en plena persecución política: no se dejó llevar por el caudillismo y, además, supo reemplazar, en forma brillante a su líder, Evo Morales; la elección de Lucho y David no podía estar en mejores manos, y demostró que la izquierda no debe depender de un solo líder.

Muchas de las pifias de la izquierda latinoamericana sí fueron superadas por el MAS demostrando que el socialismo es la profundización de la democracia, y no necesita de mandarines para triunfar y para mantener a raya a la burguesía.

La votación, (55%), lograda por el ahora Presidente electo fue inesperada, y demostró que los resultados de las encuestas sólo sirven para dejar satisfechos a quienes las pagan.

El enemigo, en vez de haber perjudicado las posibilidades electorales del MAS, las potenció. Veamos: el plan de golpe de Estado, planificado por Estados Unidos en conjunto con la OEA que, en primer lugar, se trataba de inventar un fraude electoral; en segundo lugar, el de proclamar un candidato o candidata para reemplazar al Presidente Evo Morales; en tercer lugar, reprimir a los partidarios del gobierno derrocado; en cuarto lugar, convocar a elecciones generales, una vez “limpiado” el padrón electoral, (plan igual al que se intentó aplicar en Venezuela, que fracasó porque no pudieron dividir al ejército, lo que sí ocurrió en Bolivia).

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Los designios de Estados Unidos-OEA fracasaron, pues los auto-designados en Venezuela y Bolivia, (Juan Guaidó y Jeanine Áñez eran ineptos, ambiciosos y corruptos, con la salvedad de que Guaidó no ha podido gobernar, mientras que Áñez tuvo un año para robar y asesinar e, incluso, perseguir a los indígenas).

 

Por otra parte, la oposición en Venezuela siempre ha estado dividida y corrompida a través del dinero yanqui.  Al menos, podemos definir tres sectores en la oposición: el de ADECO y COPEI, que quieren pactar con el gobierno de Nicolás Maduro, cuyo líder es Henrique Capriles; el segundo, dirigido por el cada vez más desprestigiado Juan Guaidós, y el tercero, el de María Corina Machado, que propicia la invasión colombo-norteamericana.

El MAS, si bien tiene varias tendencias, ha sabido dirigir e evitar la ruptura; por lo demás, todos los electores de Arce no pertenecen al Movimiento MAS, (ha pasado mucho tiempo en que se descubrió que el partido de vanguardia y el centralismo democrático lleva a la dictadura del Comité Central sobre los militantes y, a su vez, la Comisión Política sobre el Comité Central y, finalmente, el dictador sobre estos estamentos; el socialismo no tiene por qué ser la dictadura burocrática del Estado y del aparato).

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Es cierto que no se trata de imponer la revancha por muy asesinos que hayan sido quienes han participado en el gobierno de la transición, pero la justicia es imprescindible, pues la impunidad que se impuso, por ejemplo, en Chile y en España, ha sido fatal para la democracia: “ni perdón, ni olvido” es imprescindible para que no resurja la ultraderecha.

El triunfo incuestionable de Luis Arce ha constituido una seria derrota para los Presidentes empresarios y tiranos derechistas, (Jair Bolsonaro, Sebastián Piñera, Iván Duque, Lenin Moreno), y un éxito para el Acuerdo, firmado en Puebla, que incluye, entre otros políticos, a los Presidentes de México y Argentina.

El personaje que ha sobresalido por lo miserable es el aún Secretario General de la OEA, el uruguayo Luis Almagro, un “Judas” que pasó del Frente Amplio a convertirse en un mozo de Donald Trump. Ya sería oportuno que la OEA fuera reemplazada por una Organización Latinoamericana, sin la presencia de Estados y de Canadá.

Rafael Luis Gumucio Rivas (El Viejo)

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25/10/2020

 

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