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Chile: ¿Un país polarizado?

Usted lo sabe, lector/lectora. Una de las estrategias que adoptó el proceso de globalización neoliberal de fines de los setentas y comienzos de los ochenta, fue influir  e incidir en el sistema cultural-comunicacional-educacional, es decir, en los valores, normas, hábitos sociales, creencias, en el ethos ciudadano.  Y vaya si no han tenido éxito. Pero, también sabemos, no todo espejismo dura para  siempre. Entre otros instrumentos muy importantes para ese logro, las elites de poder han usado los medios de comunicación (radios, tv, redes) así como establecimientos educacionales (colegios, universidades, institutos técnicos)). Y entre sus logros ha estado el descrédito de lo público, de todo lo relacionado con lo comunitario, lo colectivo, el bien común,  los bienes comunes, lo social, lo relacional. Ha sido un intento –afortunadamente no logrado totalmente como ellos quisieran, y la votación del domingo 25 de octubre  lo evidencia-,  por desacreditar todo lenguaje que pueda tener que ver con propuestas alternativas, con ecologismo o defensa del medio ambiente, feminismo, pueblos originarios, con lucha por los intereses colectivos, con Estado Social, con socialismo, etc.

Ese ha sido un trabajo sin descanso. Lo peor: basado en la ignorancia y los consignismos vacíos (si gana el “Apruebo” seremos Venezuela por ejemplo) que alientan un  odio irracional.   Mucha gente que, guiada por sus “líderes” de opinión, políticos,  televisivos , radiales o en redes,  lo único que hace es repetir frases  vacías, como si fuesen realidades dadas o autoevidentes.  Bien dice Francisco Iero en su Fratelli Tutti :  “Palabras como libertad, democracia o fraternidad, se vacían de sentido. Porque el hecho es que “mientras nuestro sistema económico y social produzca una sola víctima y haya una sola persona descartada, no habrá una fiesta de fraternidad universal”.   Lo sabemos, a las derechas –más o menos neoliberales-  no le interesan los pueblos cultos y bien informados, leídos, organizados, cuestionadores e inquisitivos.

Es decir, 80/20 no es una polarización. Es la comprobación de que estamos ante  una elite minoritaria y anti-democrática, porque no tolera perder sus cuotas de poder fáctico –viene desde antes de 1990-, y devolver la secuestrada  soberanía popular.

No pues, quédese con los opinólogos,  los noticieros,  y  con la farándula que ayuda para  banalizar la política, la economía  y el acontecer nacional.  Todo esto no ha sido obra de la pura casualidad. Ha sido fraguado por partidos, medios,  ong´s  que, basados en  la ideología neoliberalista  endiosa al  mercado y la racionalidad del  cálculo costo-beneficio, apoyados por intelectuales ( como Hayek,  Fukuyama, Mario Vargas Llosa,  entre otros), o incluso, sin quererlo, por los mismos posmodernos con su cuestionamiento  a los metarrelatos  y a los proyectos de sociedad  para, de paso, promover que  no se puede creer ya en nada ni en nadie, porque no hay sentido. No solo ellos. También ha  contribuido la cohorte de “arrepentidos” que surgieron particularmente después de la implosión de los socialismos históricos a fines de los ochenta.  Muy bien lo expresa Mario Benedetti, allá por el año 94: “Hoy el arrepentimiento (ya no religioso, sino político) se ha convertido en una industria lucrativa. Ahora, cita a Baudrillard, “todo el siglo completo se arrepiente, el arrepentimiento de clase (o de raza) se impone por doquier al orgullo y a la conciencia de clase”. Sigue Benedetti “En compensación, el Big Brother y otros pastores de almas les van entregando el codiciado carnet de demócrata. (…) En vez de elaborar el duelo de algún legítimo desencanto, reniegan allí de su pasado solidario, de su faena por causas justas, de su defensa de los derechos humanos, de su asco hacia la tortura”.

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Frente a este continuo esfuerzo por manipular las mentes ciudadanas, y mantenerlas en la ignorancia,  más se refuerza la justa apreciación de un J. Martí  cuando escribía: “Ser cultos es el modo de ser libres”.  A no olvidarlo.

Entre las consignas hay algunas que dicen bueno tal país (Bolivia, por ejemplo, con Evo) es “una dictadura”. ¿Por qué? Porque lo dice la Casa Blanca, la OEA  y los medios, y eso es suficiente. Acá, antes del domingo 25 se decía que teníamos un país “polarizado”, pronunciado como una fatalidad. Pero los que polarizan  ustedes saben dónde están: en las tres comunas con más  alto estándar de vida de todo Chile y su actual gobierno.  Es decir, 80/20 no es una polarización. Es la comprobación de que estamos ante  una elite minoritaria y anti-democrática, porque no tolera perder sus cuotas de poder fáctico –viene desde antes de 1990-, y devolver la secuestrada  soberanía popular. Otra consiga típica: “Cuando Chile crece, todos crecemos”. Un lindo sofisma.   No olvidemos –otro ejemplo-  las palabras de la Sra. Thatcher  cuando le preguntaron  por las protestas sociales en su país contra las medidas de ajuste,  decía: “Esto no tiene alternativa” (TINA). Algo que, junto con la implosión de los socialismos históricos,  fue seguido como un mantra por las elites neopinochetistas y también algunas concertacionistas, los cuales siempre han tenido dudas respecto a la necesidad y pertinencia de redactar desde abajo una nueva constitución.

Frente a este continuo esfuerzo por manipular las mentes ciudadanas, y mantenerlas en la ignorancia,  más se refuerza la justa apreciación de un J. Martí  cuando escribía: “Ser cultos es el modo de ser libres”.  A no olvidarlo.

El poeta nos aporta al respecto:   “Yo no sé muchas cosas, es verdad.  Digo tan solo lo que he visto. Y he visto: que la cuna del hombre la mecen con cuentos…Que  los gritos de angustia del hombre los ahogan con cuentos…Que el llanto del hombre lo taponan con cuentos…Que los huesos del hombre los entierran con cuentos. Y que el miedo del hombre…ha inventado todos los cuentos (…) (León Felipe).

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Por Pablo Salvat Bologna

 

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