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Cómo desmontar el veto de la Derecha en un día

Ese misterioso día, que puede llegar a ser un día histórico para nuestro país, día ubicado en el año 2021, 30 días después de realizadas las elecciones de constituyentes, 3 días después de publicado un decreto supremo exento por el presidente de la república (1), y dentro de esos 15 días que indica la ley, los elegidos se verán las caras por primera vez, será ese su primer día, su primera sesión, tendrán que elegir a un Presidente (a) y a un vicepresidente(a) por mayoría absoluta de sus miembros presentes (2), es decir, por 78 constitucionales en términos coloquiales, lo que no es mucho pedir, para los que realmente quieren cambiar la vieja Constitución, a la luz de los resultados del plebiscito recién pasado.

Acto seguido, la ley les indica que deberán aprobar las normas y el reglamento de votación de las mismas por un quórum de 2/3, en buenas cuentas, se necesitan 104 constituyentes para aprobarlo, y dicho de otro modo, basta con 52 constituyentes para vetarlo, lo que significa, que esas normas y reglamento no se aprueban, y la Convención no puede funcionar, eso sería, de ocurrir la no aprobación, el cumplimiento estricto de la ley, y no hay espacio para interpretaciones, o para la competencia de un tribunal.

Ya a mediodía de ese día, si es que hay 52 constituyentes decentes para rechazar un reglamento de votación con un quórum inaceptable ( que debería hacerse con el veto de la Derecha según la propia ley, lo que es inaceptable firmar para mujeres y hombres libres y de convicción democrática, que no resiste ninguna prueba de estándar democrático), se estaría respirando el verdadero conflicto que existe ya abiertamente en las calles, a partir del estallido social , que como las erupciones de los volcanes nos permiten distinguir con claridad la diferencia que existe de estos con una apacible montaña.

Concurrir con su voto para aprobar dichas normas abyectas, es equivalente exigir firmar a un acusado su sentencia, a ponerse la soga al cuello, a cavar su propia tumba. Es un despropósito mayúsculo.

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¿Es legítimo exigirse cumplir con el compromiso que firmaron en condiciones oscuras miembros del poder legislativo en concomitancia con el poder ejecutivo, cuando el elegido debe fidelidad a sus electores que le confiaron su voto? ¿Por qué la ley contempla ese trámite de aprobación por parte de los constituyentes de un reglamento y solo establece el quórum de este trámite? ¿Por qué no estableció a priori el reglamento y las normas, y zanjó el dilema?

Al parecer es porque no es la ley 21200 la que los mandata a esa noble misión de redactar una Constitución Política, si no que el pueblo soberano, por tal razón es que quieren sacarles la firma, para que tenga validez.

No sería la primera vez que ocurre en la Historia Universal una situación equivalente en condiciones similares, el ejemplo que primero se me viene a la mente, es el de los sucesos antecedentes a la revolución francesa, cuando el viejo régimen absolutista convocó a los Estados Generales por la grave crisis económica y social que vivía el país, y se toparon con trabas en el funcionamiento de estos, eran estamentales y la ley fijaba ciertos quórums imposible de aceptar, se lo hicieron presente al poder, a Luis 16, y este se empecinó en hacer cumplir la ley, en que no había espacio para modificarla, y así cerró la tapa de la olla a presión.

El desenlace es archiconocido, el estado llano se auto-convocó a una Asamblea Nacional e invitó a los otros estamentos a integrarla.

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Dejo hasta aquí el relato, serán los elegidos los que tendrán que escribir la Historia, vetar el reglamento bloqueando el funcionamiento de la Convención es el primer paso, el antiguo poder tendrá que tener una respuesta, y esta respuesta volverá a la Convención, que tiene en sus manos el mandato soberano de redactar una Constitución, que un torpe reglamento le impide hacerlo.

 

(1) Art.133 ley 21200, primer párrafo.

(2) Art.133 ley 21200, segundo párrafo.

Advertisement

Por René Dintrans

 

 

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  1. Felipe Portales says:

    Muy buena idea de René Dintrans. Pero para ello se requiere, sí o sí, que EN EL CURSO DE LA CAMPAÑA ELECTORAL PREVIA se estructure una alianza de partidos políticos, independientes y organizaciones sociales que prioricen -por sobre toda otra consideración- la búsqueda de al menos un tercio de los delegados, para así poder impedir la maquiavélica maniobra de las dos derechas de “obligarse” (como lo hicieron en 2005) a consensuar el texto de una “nueva” Constitución. Sin duda que es muy promisorio en este sentido el proyecto presentado por varias diputadas -encabezadas por Camila Vallejo- de conferirle a la Convención facultades realmente constituyentes, incluyendo que pueda adoptar sus resoluciones por mayoría, sin vetos de minorías. Pero todos sabemos que ese proyecto será rechazado en el Congreso (¡si es que llega a tratarse!) por las dos derechas. Así que si no quiere quedarse en un simple gesto testimonial, las ideas de ese proyecto -siguiendo la idea de Dintrans- tendrían que convertirse en el “caballo de batalla” de una amplia alianza político-social de genuina izquierda democrática.

  2. René Dintrans says:

    Hoy es un día feliz, y no es por el honor que siento que mi nota haya llegado a un oído receptivo de uno de los más destacados intelectuales del país, Felipe Portales, si no porque me he puesto a soñar que la idea se potencia instantáneamente, al ser tomada en serio en círculos más cercanos al contrapoder, y hay una chance de una acción concreta, que saca del letargo pesimista a los marginados de las decisiones políticas del país.

    La lista del pueblo deberá ser la lista de los conjurados, los conjurados a no aceptar por ningún motivo, el quórum abusivo fijado en el impúdico ” acuerdo por la paz” que perpetró la casta política, dicho juramento, excluye tácitamente a los que se sientan comprometidos con respetar dicho espurio acuerdo.

    Cien por ciento en la sintonía de una campaña centrada en ese objetivo, patrocinada y ejecutada por una alianza de partidos, de independientes, y organizaciones sociales que prioricen el objetivo de controlar al menos 52 convencionales, y pretender controlar la mesa con 72, cuestión que considero sería una canasta completa, considerando que es imposible, de una, controlar los 2/3.

    lo positivo que veo de todo esto además, es que se activa el interés de participar en una campaña más sincera, y de romper con la barrera de lo imposible

  3. Van saliendo respuestas a preguntas inquietantes , se van proponiendo soluciones factibles que dependen de organizaciones democráticas , abiertas
    para aquellos que realmente piensan en una “convención constituyente popular” destinada a cambiar Guzmán-Lagos-Piñera.Adelante , se hace camino al andar.

  4. François Richard says:

    Muy estimado René,
    No me gusta tu idea de sabotear lo que se ha logrado en Chile, con tantos esfuerzos, tantos heridos y tantos muertos, desde un poco más de un año. No solamente porque la decisión de escribir una nueva Constitución fue aprobada por 78% de los chilenos que se expresaron en un plebiscito histórico, sino porque además, si se aborta esta Convención Constitucional, está claro que simplemente nos quedaremos con la Constitución de Pinochet. No creo, que los Constituyentes deban someterse a la ley 2120, porque, como bien lo dices, no es esta ley que los mandata a esa noble misión de redactar una Constitución Política, si no que fue el pueblo soberano, con una mayoría nunca vista en Chile, 78%.

    La Convención Constitucional deberá empoderarse de su responsabilidad histórica, discutir y aprobar libremente su propio reglamento y su manera de funcionar, y cumplir con redactar la mejor Constitución posible para el Chile actual, incorporando todos los acuerdos que lograrán un gran consenso. Será un enorme avance histórico sobre la Constitución del odio y de la inequidad impuesta por Pinochet. Lógicamente, no habrá acuerdo sobre todos los puntos, y los Constituyentes deberán dejar simplemente fuera de la nueva Constitución los temas que dividen todavía demasiado los chilenos.

  5. Felipe Portales says:

    Desgraciadamente Francois, lo que planteas no es posible dentro de la legalidad. La Ley 21.200 es muy clara a este respecto en impedirle a la Convención Constitucional hacer lo que tú dices. Sería declarada “en rebeldía” y fuera de la ley por la entidad de cinco ministros de la Corte Suprema que la propia ley determinó para resolver cualquier conflicto o interpretación sobre las facultades de la futura Convención. Además, perdóname, pero creer que la derecha concertacionista se arrepentirá del acuerdo del 15 de noviembre es a todas luces completamente ilusorio y voluntarista. ¡Y lo han reiterado clara y duramente a propósito del proyecto de Reforma Constitucional presentado en tal sentido por seis diputadas!…

    Otro error que cometes es hablar de la Constitución actual como la de “Pinochet”. Ella está suscrita desde 2005 por Ricardo Lagos y todos sus ministros. Y en la ceremonia inaugural fue exultantemente descrita por Lagos como que “por fin teníamos una Constitución democrática que ya no divide a los chilenos”; y pretendió, incluso, que tuviese la denominación de “Constitución de 2005”. Así que por lo menos debiésemos definirla como la de “Lagos-Pinochet”. Se nos olvidan demasiadas cosas de nuestra historia reciente…

  6. Felipe Portales says:

    Además, es utópico esperar sacar algo relevante de la Convención Constitucional sin tener más de un tercio. Y entre la alternativa de que las dos derechas obtengan una “nueva” Constitución de consenso como la de 2005, pero mucho más legitimada luego de tres elecciones populares (plebiscito de entrada, elecciones de abril y plebiscito de salida); y que sigamos con la misma Constitución deslegitimada ¡y producto de un triunfo popular de bloqueo! (¡y más fácil de modificar porque para muchos apartados requiere solo de un quórum de 60%!); creo que no hay donde perderse.

  7. Germán Westphal says:

    Hace algunos días me llegó de rebote un email de Ruth Kries, una compañera del exilio en Alemania. El email en cuestión era parte de una conversación en Internet que atañe directamente al tema del artículo en comento. En vista de que el email circula libre y públicamente por internet y con el debido permiso de Ruth, lo reproduzco a continuación para incluir la opinión de una mujer cuya integridad política y lealtad a las causas del pueblo de Chile es incuestionable. El siguiente es su texto:

    Estimadas y estimados,
    me molestan un poco estos debates donde al parecer, mucha gente parece caer recién de las nubes y darse cuenta de lo que significa todo este fraude programado por el gobierno y los partidos políticos representados en el Parlamento.
    Todo estuvo clarísimo, ya inmediatamente que fuera anunciado el acuerdo por La Paz social y la nueva Constitución. O no conocemos a esa gente? Y más claro estuvo aún, después de conocido el reglamento inventado por la Comisión ad hoc y la ley 21200.
    El plebiscito fue el primer paso para dar legitimidad a la nueva Constitución.
    Y ahora, la votación de Abril, a no ser que ocurra un hecho imprevisto revolucionario, será el segundo paso para legitimar ese instrumento en favor de los poderosos.
    Aquellos que dijeron y dicen, que es posible transformar la Convención en una Asamblea Constituyente, sueñan. O creen sinceramente que la mayoría de los 155 delegados, elegidos por y para los partidos políticos, aunque uno que otro se declare „independiente „, van a mover un dedo para que eso ocurra?
    Seguir alimentando las ilusiones de la población, sobre todo de la que de verdad vive endeudada y al borde de la miseria o ya en la miseria, no me parece correcto.
    Y cuál es el remedio para esta grave enfermedad que es, seguir soportando la misma institucionalidad de antes, ahora a través de una „ nueva „Constitución, que protegerá igualmente el sistema neoliberal, a cualquier precio, con todas las consecuencias que conocemos?
    No lo sé, pero sí sé que hay que denunciar el fraude y seguir aumentando las organizaciones sociales territoriales, los cabildos, las asambleas, etc. También me parece fundamental no alimentar falsas esperanzas, que sólo debilitan y dividen.
    No vendamos la pomada, el plebiscito fue un fraude, una droga de acción rápida con la que aún nos mantienen en la ilusión de que ganamos, aunque ellos nos hayan metido un tremendo gol.
    Fraternalmente.
    Ruth Kriés

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