Poder y Política

Criteria confirma el desgaste: Kast sigue cayendo pese al cambio de gabinete

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La nueva encuesta Criteria mostró una nueva baja en la aprobación del Presidente José Antonio Kast, consolidando una tendencia que ya venían registrando otros sondeos. Aunque el cambio de gabinete obtiene respaldo ciudadano, el deterioro político del Gobierno continúa en medio de crisis internas, desaceleración económica y polémicas reformas estructurales.

La más reciente encuesta Criteria, publicada este domingo, volvió a encender las alarmas en La Moneda. La aprobación del presidente José Antonio Kast cayó un punto y se ubicó en 37%, confirmando un desgaste persistente que ya venían mostrando otras encuestas como Cadem y  Pulso Ciudadano.

Aunque la desaprobación bajó de 53% a 49%, su mejor cifra en cuatro semanas, el dato político de fondo sigue siendo complejo para el oficialismo: el gobierno no logra revertir la percepción de debilidad e improvisación instalada desde sus primeras semanas en el poder.

El sondeo aparece apenas días después del primer cambio de gabinete de Kast, realizado a solo 69 días de iniciado su mandato, el ajuste ministerial más rápido desde el retorno a la democracia.

Y ahí aparece una paradoja relevante.




La encuesta muestra que el cambio de gabinete sí tuvo respaldo ciudadano: un 84% declaró haber conocido las modificaciones ministeriales y, entre ellos, un 72% dijo estar de acuerdo con la decisión.

Pero ese apoyo al ajuste no se traduce, al menos todavía, en una recuperación de la imagen presidencial.

El dato sugiere que una parte importante de la ciudadanía percibe que había problemas reales en el gabinete y que las salidas eran necesarias, más que interpretar el cambio como una señal de fortaleza política del mandatario.

En otras palabras, el respaldo al cambio podría estar expresando precisamente lo contrario de lo que el Gobierno quisiera instalar: la sensación de que el equipo original fracasó rápidamente.

El contexto económico tampoco ayuda. La caída del PIB en el primer trimestre, el deterioro de la minería, el alza del costo de la vida y la incertidumbre internacional han comenzado a erosionar uno de los pilares del relato oficialista: la promesa de recuperación económica acelerada. A eso se suma el creciente debate por la “megarreforma” impulsada por Hacienda y por los recortes presupuestarios en áreas sociales sensibles.

En ese marco, la figura del ministro Jorge Quiroz empieza a concentrar crecientes cuestionamientos. Sus declaraciones sobre la necesidad de “achicar el Estado”, reducir impuestos corporativos y profundizar el ajuste fiscal han reforzado la percepción de que el gobierno impulsa un proyecto ideológico más amplio: una restauración neoliberal dura, con similitudes evidentes con la lógica económica de los años de los Chicago Boys.

La tensión política es evidente.

Kast llegó al poder apoyado en el discurso del orden, la seguridad y la recuperación económica. Pero a menos de tres meses de iniciado su mandato enfrenta simultáneamente desgaste político, críticas por improvisación, problemas comunicacionales y señales de desaceleración económica.

La situación resulta especialmente delicada porque el oficialismo esperaba que el cambio de gabinete funcionara como punto de inflexión comunicacional. El reemplazo de ministras cuestionadas y la incorporación de figuras más cercanas al núcleo duro republicano buscaban transmitir control político y autoridad.

Sin embargo, la encuesta Criteria sugiere que la ciudadanía todavía no percibe un cambio sustancial en la conducción del gobierno.

El problema para Kast es que el deterioro ocurre muy temprano en el ciclo presidencial. Y eso modifica completamente el clima político. Un gobierno que entra rápidamente en desgaste pierde capacidad de ordenar a sus aliados, debilita su capacidad negociadora en el Congreso y expone más rápidamente sus contradicciones internas.

La oposición observa precisamente esa fragilidad. Por eso han aumentado las críticas a la megarreforma económica, al recorte de programas sociales y al intento oficialista de reinstalar un modelo de mercado extremo en medio de un escenario económico internacional incierto.

A diferencia de la década de 1990, hoy el debate mundial se mueve hacia políticas industriales, protección estratégica, fortalecimiento estatal y reducción de desigualdades. El problema para el gobierno chileno es que parece avanzar en dirección opuesta.

En ese sentido, la caída persistente de Kast en las encuestas empieza a reflejar algo más profundo que un problema comunicacional. Lo que aparece es una creciente distancia entre el programa ideológico del oficialismo y las preocupaciones concretas de una ciudadanía golpeada por la inseguridad económica, el endeudamiento y el deterioro de las condiciones de vida.

La pregunta que comienza a instalarse es si el gobierno podrá sostener políticamente un proyecto de ajuste y radicalización neoliberal en un país que ya mostró, hace pocos años, señales claras de agotamiento frente a ese modelo.

Félix Montano

Fuentes: Criteria, El Mostrador, La Tercera, Biobío, El País



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