Crónicas de un país anormal Política

Los lazos de la derecha van de Kast a Kast

Los Kast se parecen a la familia von  Trupp, protagonistas de la película La novicia rebelde, y es difícil distinguir a unos de otros de sus integrantes, a causa de sus ridículos trajes Tiroleses; los dos Kast, siempre sonrientes alemanotes, descendientes de los nazis. José Antonio ex candidato presidencial, (seguramente lo será también para el 2021), de ultraderecha y fascistoide de pura cepa, creó el Partido Republicano, integrado por familias de varios hijos, muy beatas y adoradoras del tirano, Augusto Pinochet. Felipe, su sobrino, es el fundador del Partido Evópoli, (una especie de fascista buena persona, cuyo lema reza “primero los niños”).

Entre los partidos, Evópoli y Republicano, se divide la derecha humanista y la explícitamente ultraderechista. Estas fracciones que los ingenuos atribuyen a la derecha chilena no son más que juegos de palabras, pues la derecha, llamada social y democrática, no se distingue, hoy por hoy, de la extrema derecha, y en el fondo, ambos extremos rinden culto al dictador Pinochet, así como también defienden la propiedad privada, incluso de las aguas, y que, aparentemente muestran el miedo a Nicolás Maduro, y a los comunistas, engendro del demonio.

A los derechistas de la llamada “centro-izquierda” les encanta dividir a la derecha en democrática y autoritaria y, últimamente, han agregado a la socialcristiana de Manuel José Ossandon y de Joaquín Lavín.  Al comienzo de la transición a la democracia, el héroe era Andrés Allamand, (personaje que siempre pierde las elecciones), que pasaba fácilmente de la izquierda a la derecha; le gustaba hacer “la travesía del desierto”, pero el sol le ponía la cabeza de vuelta y media; hoy, en el crepúsculo de sus volteretas políticas, ha tomado el camino de la Cancillería de Chile, excelente trabajo y muy bien remunerado.

“La Fronda aristocrática”, obra de Alberto Edwards, que muchos periodistas se conforman con leer el título, creen que este libro es una apología de la aristocracia chilena cuando, en el fondo, es la santificación de dictadores autoritarios y ladrones, cuyo héroe principal era el sátrapa Diego Portales, (los tontos siguen creyendo que fue el fundador del Estado democrático chileno); Edwards terminó siendo ministro de otro dictador, Carlos Ibáñez del Campo, linarense de origen, que aplicaba el termocauterio por arriba y por abajo: el destierro para los aristócratas y la relegación para los comunistas.

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La Fronda Aristocrática describe la tendencia de la clase rectora de repartirse el poder, a fin de que ningún político se apropiara permanente de él, además, les agradaba el parlamentarismo y los debates sin fin, y podría decirse que el “heredero de la Fronda” es el Partido Renovación Nacional, en el que convive una serie de fracciones; en consecuencia, el libro de Edwards ha sido mal comprendido en su verdadero significado.

El ex carabinero Mario Desbordes, se jacta de haber realizado sus estudios en un colegio “con números”, en la Comuna de El Bosque, y que, además, haya llegado a suboficial de Carabineros, le ha servido para jugar con el resentimiento de clase, respecto a Carlos Larraín y “los amigos de los ochocientos”. Su rival, el senador Francisco Chahuán, de ascendencia palestina, pero con dinero a su haber, ha sido incorporado a la “canalla dorada”. Si los ciudadanos recordaran o profundizaran en la historia de Chile, podrían constatar que el Partido Conservador, supuestamente latifundista, estaba conformado también por muchos “rotos”, y a pobres y ricos los unía el mismo amor al Nazareno y, más terrenalmente, al señor obispo, (un caso clásico de esta mezcla de clase está en la familia Coloma Mellado que, desde hace muchos años ocupa sillones parlamentarios; incluso, el lonco, Venancio Coñoepán, era un destacado diputado conservador).

La alianza actual entre los partidos de derecha, que incluye al Partido Republicano, de José Antonio Kast, hecho que no nos puede extrañar, y matices más, matices menos, los lazos que unen a la derecha tiene raíces comunes. Cuando la derecha no tiene miedo a perder el poder, (lo que ocurre pocas veces), puede darse el lujo de ser compasiva, incluso, caritativa: se cree que Dios la mandó al mundo con la misión de proteger al “rotito”, enseñándole a la “china”, por ejemplo, a ejercer correctamente las labores de casa, así como al peón el de trabajar con resignación durante 12 horas continuas.

En la alianza de los partidos políticos de derecha seguramente va a lograr mejores réditos el Partido Republicano. En general, la política es binaria: el electorado, en pocas ocasiones busca el centro político, pero al final, termina decepcionado, pues los dirigentes de esos partidos políticos centristas, de medio pelo y de los Bezanilla para abajo, al poco tiempo terminan formando parte de la clase dirigente, es decir, se venden al mejor postor. Esta es la historia de radicales y de democratacristianos.

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El título “la Fronda Aristocrática” se inspiró en la fronda de la nobleza francesa contra los Borbones. En Chile, se convierte en las disputas entre “señores feudales” de la derecha para apropiarse del poder, y como es mucho más empático el repartirse la torta y no que se la coma un solo glotón, han copiado del modelo concertacionista las famosas “primarias” que, salvo a los militantes, a los demás no les interesa, además, poco sirve para terminar con la tendencia oligárquica de los partidos.

Rafael Luis Gumucio Rivas (El Viejo)

28/01/2021

 

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Historiador y Cronista

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  1. Gino Vallega says:

    Al final , la derecha logra listas únicas desde los neo nazis hasta los neo cristianos y mantienen sus políticas intransigentes impolutas.

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