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Documentos ocultos de la transición: Exterminio de la prensa de centro-izquierda por los gobiernos concertacionistas

En la década de los 90, los derechizados gobiernos de la Concertación adoptaron una política de aniquilar los medios escritos de centro-izquierda que laboriosamente surgieron en la década de los 80 de oposición a la dictadura. Básicamente, a través de mantener la discriminación del avisaje estatal que naturalmente tuvieron en dictadura, y de bloquearles ayuda financiera externa. A esto se refirió el Premio Nacional de Periodismo y ex director de la revista Análisis, Juan Pablo Cárdenas, en una entrevista al Boletín Libertad de Expresión del Instituto de la Comunicación e Imagen (ICEI) de la Universidad de Chile, de marzo de 2008. Obviamente, como ya no existían dichos medios, esta entrevista ha quedado completamente desconocida por la generalidad de la población. Aquí aparece un extracto de sus partes más destacadas.

 

                                                                                    TEXTO

 

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“Yo siempre he planteado que hubo una política de los gobiernos de la Concertación de exterminio a los medios de comunicación contrarios a la dictadura (…) Yo creo que a estas alturas no se puede dudar de ello: hubo operativos, recursos y operadores orientados claramente en esa dirección. Cada uno de los medios fue desapareciendo en diversos momentos producto de esa política. Se mantuvo más tiempo la revista Apsi, que tenía vinculaciones con el Partido Socialista y que estaba mucho más vinculada a las colectividades que formaban parte del gobierno. Ese no era el caso de Análisis, que era completamente autónoma… Pero ni siquiera Apsi pudo sobrevivir, ya que ¡la política fue inmisericorde con cualquiera que tuviera ciertos niveles de independencia y que se veía que pudiera constituir una amenaza! Aquí la evaluación fue brillante. Yo creo que cerebros como (Edgardo) Boeninger y Correa fueron los gestores de esta política. Debieron pensar: ‘Estos medios tarde o temprano nos van a comenzar a hacer oposición y más vale convenir alguna forma de acuerdo con los medios tradicionales, que están abrumados por sus culpas y deudas, que ayudar a estos medios’. Incluso, creo que con El Mercurio  se estableció una relación especial que se prolonga hasta hoy (2008). (…)

 

Se ha dicho con mucha insistencia que fue el mercado el que mató a estas publicaciones; y a pesar de que cada caso tiene sus diferencias, yo puedo dar cuenta de que el fin de Análisis no se debió al mercado sino que a una decisión política que se tomó durante el gobierno de Patricio Aylwin, concretamente en el Ministerio del Interior. En ese tiempo el gobierno inició el proceso de apoderarse de Análisis, que culminó con el engaño a varios de los directores de la revista, a quienes se le compraron sus acciones y eso le dio la posibilidad al subsecretario del Interior, Belisario Velasco, de nombrar nuevas autoridades de la revista, las que luego determinaron su cierre (…) Conozco a los principales responsables. En la oficina de Belisario Velasco se hizo una reunión en que se convocó a Fernando Castillo Velasco, Patricio Hurtado y Oscar Saavedra para adquirir sus acciones a cambio de dos millones de pesos que se les dio a cada uno. Obviamente, en el entendido que se reforzaría la revista. En la operación también estuvo involucrado Carlos Bascuñán, yerno de Patricio Aylwin. Ellos fueron los operadores, pero cuando uno conversa con los directores de otros medios se da cuenta que no fueron los únicos. En el caso de Página Abierta, por ejemplo, el operador fue Enrique Correa que compró las acciones (…) Además, todo indica que la operación se efectuó con gastos reservados del gobierno, puesto que necesitó de fondos para comprar acciones; indemnizar a todos los periodistas por su despido; y cancelar el conjunto de compromisos económicos que la revista tenía pendiente a la hora de su cierre. Es muy raro que gente del gobierno, con recursos propios, compren publicaciones para al poco tiempo decidir su clausura, solventando esos gastos. (…)

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(Para salvar la revista) en un acto desesperado, yo les ofrecí a los nuevos miembros del directorio –que asumieron por las acciones que adquirieron- que se retiraran, pagándoles lo que habían invertido; dejándonos a los periodistas como únicos propietarios de la publicación. Pero no quisieron. Luego me propusieron la extraña fórmula de que siguiera como director un año, poniendo mi nombre; pero me fuera al país europeo que quisiera, manteniéndome el sueldo. Por cierto no la acepté. Entonces me ofrecieron una indemnización por años de servicio (…) Luego con una parte del equipo de la revista formamos otro medio que también tuvo muchas dificultades. (…)

 

“La revista estaba además en una muy buena situación. Por supuesto que habíamos empezado a tener dificultades, pero al término del gobierno de Pinochet estábamos en azul, como dicen los contadores. Después comenzamos a acumular algunas deudas con la esperanza de que íbamos a tener publicidad estatal, que se nos negó desde el comienzo; y con la expectativa de que íbamos a tener publicidad de empresas como una forma de apoyar a las revistas, lo que tampoco se concretó. Por esto fuimos acumulando un déficit, pero que no era preocupante; (…) (y respecto de la obtención de publicidad estatal) nosotros tratamos de agotar todas las instancias. Al margen de eso tuvimos decenas de reuniones con los jefes de servicio de las empresas del Estado para requerir publicidad directamente y no pasó nada. La única ayuda que recibimos fue un aviso de la Polla Chilena de Beneficencia, gracias a Orlando Cantuarias que estaba a cargo en ese momento. (…)

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Nosotros hicimos muchas gestiones para mantener viva a la revista. La más emblemática fue una que no emprendimos nosotros sino el propio gobierno de Holanda, a través de la ministra que vino a representar a su gobierno en el traspaso del mando. Ella se reunió con el directorio de las revistas Hoy, Apsi y Análisis, y de los diarios Fortín Mapocho y La Epoca, para ofrecernos una ayuda por última vez, aunque muy cuantiosa, para que estas revistas y diarios pudieran consolidarse durante la transición, que ellos preveían difícil. Se nos informó que esta ayuda iba a concretarse a través de un informe que iba a redactar un consultor enviado por el gobierno holandés para analizar la situación de cada uno de los medios. Este consultor efectivamente llegó a las dos semanas, trabajó un poquito más de un mes y se formó una convicción de las necesidades reales. En lo que toca a Análisis, el mismo consultor me preguntó qué monto se necesitaba para consolidar la revista en los primeros cuatro años de la transición. Yo le di una cifra de 250 mil dólares, que estimaba para salir del atolladero en los años que venían. El me dijo, entonces, que estaba en condiciones de darnos mucho más dinero. Concretamente nos ofreció 500 mil dólares, los que acepté. A los pocos días el embajador de Holanda me llama para decirme que está en condiciones de girarnos el cheque de esta ayuda, pero me dice que debía resolver el problema que le planteaba el gobierno chileno en el sentido de sostener que cualquier ayuda a los medios de comunicación de este país sería visto como una injerencia indebida en los asuntos internos de Chile, un país democrático. El me dijo que habían acudido a los directores de las tres revistas, y con los directores de los diarios habían actuado en forma independiente. Entonces, los tres directores fuimos a hablar con Enrique Correa, en ese entonces ministro secretario general de Gobierno. El dijo que esto se trataba de un mal entendido y que se resolvía con una llamada telefónica de él mismo. Pero esa llamada nunca la realizó, nadie la realizó desde el gobierno y el embajador se aburrió de esperar hasta que nos notificó que ellos tenían interés de apoyar a los medios, pero también tenían interés de tener buenas relaciones con el gobierno (…) Y esto fue ratificado, además, en un curioso encuentro que tuve en una recepción en la embajada de Noruega, en que el embajador noruego que había ya estado en Chile y que lo volvieron a nombrar por la contribución que había hecho a la lucha democrática y le enrostra a una persona (…) diciéndome: ‘mire director, yo quiero decirle en presencia de toda esta gente que este señor que está aquí formó parte de una comisión que ha viajado por todos los países europeos haciéndole ver a cada uno de los países que cualquier ayuda a los medios de comunicación y a las ONG iba a ser considerado como una injerencia indebida en los asuntos internos de Chile’ (…) Yo doy fe que esa comisión existió, y las consecuencias de sus acciones están a la vista (…) Yo me he cansado de decirlo, de plantearlo en conferencias, de escribirlo… de hecho en la edición especial de aniversario de los treinta años de la creación de Análisis, en diciembre pasado (2007), aparecen algunos de esos nombres. He mencionado reiteradamente a las personas que estuvieron en el operativo, como ahora, y jamás he recibido un desmentido. (…)

 

En nuestra desesperación, los directores de las tres revistas –Marcelo Rozas, Marcelo Contreras y yo- nos fuimos, ante la dilación del secretario general de Gobierno que nos prometía ayuda y avisaje estatal, a conversar con el ministro de Hacienda de Aylwin, Alejandro Foxley. A él le contamos todo lo que habíamos vivido con el bloqueo de las platas del gobierno holandés. Foxley se tomaba la cabeza a dos manos y decía que no podía entender una cosa así. El decía que ellos estaban ahí, entre otras cosas, por la lucha ejemplar de los periodistas. ‘Los veo muy estresados, los voy a ayudar’, dijo. Llamó a Pablo Piñera a su oficina, quien era su subsecretario y hoy (2008) gerente del Banco Central, y después de cuchichearse, nos pregunta el monto de la ayuda del gobierno holandés. Yo le cuento que para el caso de Análisis eran 500 mil dólares. El nos pregunta sobre qué nos parece que a las tres revistas les diera lo mismo. El habló de crear un mecanismo con Pablo Piñera para darnos ese dinero. Luego nos dijo: ‘ahora váyanse, tomen un trago a mi salud y que tengan un buen fin de semana (era viernes)’. El martes nos convocó intempestivamente el secretario general de Gobierno, Enrique Correa, a los tres directores con los tres gerentes, para una reunión a puertas cerradas en su oficina. Como era con los gerentes nosotros pensamos ingenuamente que era para concretar los anuncios. Para nuestra perplejidad, en cambio, nos retó muchísimo, nos amenazó con las penas del infierno y nos advirtió que así no iba a haber un peso de ayuda a ninguno de los tres medios, señalando que él se consideraba muy ofendido por el hecho de que nosotros le hubiéramos planteado esto al ministro de Hacienda y no hubiéramos esperado las buenas gestiones que él estaba haciendo para resolver el problema de los medios democráticos. Se refería a una gestión que hipotéticamente estaba haciendo con el gobierno de Italia y que iba a significar una ayuda mejor a la que ofrecía el gobierno holandés. Ahí entendimos que era un completo volador de luces. Esa fue la situación. (…)

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En una oportunidad tuve una curiosa invitación al gabinete del ministro de Obras Públicas de Aylwin, Carlos Hurtado. En su oficina, donde se hizo un almuerzo con directores de medios de comunicación, me preguntaron qué pasó con Análisis. Yo ya estaba en la revista Los Tiempos. Conté ahí mi versión a grandes rasgos. Cuando nos íbamos, el director en ese entonces de La Segunda -hoy (2008) de El Mercurio– Cristián Zegers, me dijo: ‘Juan Pablo, ¿tú no vas a denunciar lo que acabas de decir? ¿estarías dispuesto a concederme una entrevista para La Segunda?’. Le contesté que sí y le hice ver que era mejor hacer una investigación periodística previa sobre todo esto. Para esos efectos, yo podía dar los nombres y la notaría donde se realizaron las transacciones. Y que después de la investigación le daría la entrevista. Luego, Zegers designó a una periodista que tomó contacto conmigo, y que haría lo mismo con personeros de gobierno. A los dos o tres días, Zegers me llamó y me dijo que lamentablemente no podían hacer nada ya que ‘esto se filtró y tú sabes las vinculaciones que tenemos con las autoridades; te felicito por tener el coraje de denunciarlo, pero con mucha vergüenza te digo que no puedo hacer nada’. Los medios y el colegio de Periodistas renunciaron a denunciar estos hechos hasta el día de hoy” (2008; y 2021…).

 

 

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