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Convención Constitucional: ni constituyente, ni democrática (I)

La próxima “Convención constitucional” no será ni constituyente, ni democrática. No será constituyente, ya que el elemento esencial de una Asamblea o Convención constituyente es la plena soberanía que esta tiene –delegada por el conjunto del pueblo- para elaborar y aprobar un nuevo texto constitucional, sujeto a una posterior ratificación de sus mandantes. Sus contenidos y reglas de procedimiento no pueden estar predeterminados por ninguna otra institución, cualquiera sea su carácter, pues en ese caso se estaría obstruyendo la delegación que la ciudadanía le ha hecho.

 

En cambio, esta convención estará completamente subordinada a las reglas que le impuso el actual Congreso, a través de las Reformas Constitucionales de diciembre de 2019 establecidas en la Ley 21.200, tanto en el alcance que puedan tener sus contenidos como en la definición de sus reglas de procedimiento. En efecto, el nuevo artículo 135 de la actual Constitución (¡suscrita por Lagos y todos sus ministros en 2005!; lo que normalmente se olvida), respecto de los contenidos de una nueva Constitución, estipula: “El texto de la Nueva Constitución que se someta a plebiscito deberá respetar el carácter de República del Estado de Chile, su régimen democrático, las sentencias judiciales firmes y ejecutoriadas y los tratados internacionales ratificados por Chile y que se encuentren vigentes”. Más allá de la obviedad de los tres primeros enunciados, es evidente que la intención subyacente está en el cuarto; en el intento de que la Convención no pueda aprobar ninguna disposición que afecte intereses económicos de empresas extranjeras que estén favorecidas con tratados de libre comercio o de inversiones existentes y que puedan sentirse perjudicadas con un nuevo texto constitucional. Porque ciertamente no se refiere a tratados de límites con países vecinos que la Convención absurdamente pretendiese vulnerar; o a tratados internacionales de derechos humanos, desde el momento que estos tratados contienen siempre cláusulas que le permiten a cada Estado retirarse de ellos con ciertas formalidades.

 

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Por ejemplo, la Convención estará limitada para aprobar disposiciones que establezcan un auténtico sistema de seguridad social (que tuviese que dar lugar a la sustitución del actual sistema de AFP) en la medida en que hoy hay grandes inversiones extranjeras en la propiedad de diversas AFP y que podrían alegar frente a tribunales internacionales –de acuerdo a tratados de libre comercio suscritos en estos 30 años- de que ello podría estar afectando sus derechos establecidos en esos tratados.

 

Y la futura “Convención Constitucional” ¡tampoco será democrática!, puesto que la regla esencial de la democracia es que las decisiones colectivas de un pueblo o de una organización social deben ser adoptadas por mayoría. Y en este caso la Reforma de la Constitución (aprobada por la Ley 21.200) excluye expresamente esto. Así, en el nuevo Artículo 133 se estipula: “La Convención deberá aprobar las normas y el reglamento de votación de las mismas por un quórum de dos tercios de sus miembros en ejercicio”. Y con absoluta claridad agrega: “La Convención no podrá alterar los quórum ni procedimientos para su funcionamiento y para la adopción de acuerdos”.

 

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Y, por si acaso, alguien quisiese buscar una argucia procesal para “interpretar” lo anterior de otro modo, la Reforma Constitucional que fundamenta este proceso estableció los “debidos resguardos” para impedir aquello. Así, el Artículo 136 (“De la reclamación”) estipula: “Se podrá reclamar de una infracción a las reglas de procedimiento aplicables a la Convención, contenidas en este epígrafe y de aquellas de procedimiento que emanen de los acuerdos de carácter general de la propia Convención. En ningún caso se podrá reclamar sobre el contenido de los textos en elaboración. Conocerán de esta reclamación cinco ministros de la Corte Suprema, elegidos por sorteo por la misma Corte para cada cuestión planteada. La reclamación deberá ser suscrita por al menos un cuarto de los miembros en ejercicio de la Convención y se interpondrá ante la Corte Suprema, dentro del plazo de cinco días desde que se tomó conocimiento del vicio alegado. La reclamación deberá indicar el vicio que se reclama, el que deberá ser esencial y el perjuicio que causa. El procedimiento para el conocimiento y resolución de las reclamaciones será establecido en un Auto Acordado que establecerá la Corte Suprema, el que no podrá ser objeto del control establecido en el Artículo 93 número 2 de la Constitución. La sentencia que acoja la reclamación solo podrá anular el acto. En todo caso, deberá resolverse dentro de los diez días siguientes desde que se entró al conocimiento del asunto. Contra las resoluciones que trata este artículo no se admitirá acción ni recurso alguno. Ninguna autoridad, ni tribunal, podrán conocer acciones, reclamos o recursos vinculados con las tareas que la Constitución le asigna a la Convención, fuera de lo establecido en este artículo”.

 

Es decir, está muy claro que la Convención no podrá regirse por la regla democrática de la mayoría; y que de ningún modo tendremos una Asamblea Constituyente, puesto que, en definitiva, esta Convención cumplirá funciones delegadas por el actual Congreso. Y, paradójicamente, será menos democrática aún que el actual Congreso, ya que éste, para muchos apartados de la Constitución, requiere sólo de un quórum de 3/5 (60%) para su transformación. En cambio, la Convención requerirá para toda la nueva Constitución de un quórum de 2/3 (67%). Esta es la cruda realidad; realidad que ha sido muy eficazmente ocultada o distorsionada por la elite política conservadora y por los grandes medios de comunicación (particularmente la TV) controlados por los grandes grupos económicos.

 

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Por Felipe Portales

 

 

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Historiador y sociólogo

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  1. Gloria Clavero Aranda says:

    Estimado Felipe, comparto tus rigurosas críticas. La democracia, en Chile, está herida de muerte, por los dardos envenenados disparados a traición, por quienes decían defenderla. La traición de los 2/3, perpetrada en noviembre de 2019, por la mayoría de partidos de la centro izquierda, no hizo más que clavar los dardos, que les suministró la astuta derecha, en el corazón del pueblo sencillo. La Derecha de siempre, fiel a sus principios capitalistas, aunque a veces se divide por intereses de Poder Político, no se traiciona a si misma, busca traidores para cumplir sus propósitos…. La gran traición al pueblo, siempre la maquinan, los vende patrias, los mentirosos, los manipuladores y desleales, la gentuza del politiqueo barato , la que asumió, a partir de los 90, la Constitución del milico asesino Pinochet, sin cuestionar la Doctrina Neoliberal que le dio sustento. Sigo pensando que el deseo de Poder, es más potente que el deseo sexual. El Neoliberalismo, es la Biblia de los Creyentes en el Poder del dinero. El Becerro de Oro necesario, para que ese deseo se desarrolle, lo fabrican los Amos de ese dinero, los verdaderos dueños del Poder en Chile, y en el mundo…Chile se destaca en el mundo, porque además de los sicarios políticos de partido, tiene al TC…

  2. Rafael Guzman says:

    Estimado Felipe, ¿sería posible como alternativa a trampas, arreglines y zancadillas que la “nueva constitución” tenga un artículo sobre “plebiscitos”, es decir, que a través de la recolección de “x” firmas se pueda llamar a plebiscito o referendum para derrogar leyes, aprobar derechos y en última instancia reformar la constitución?
    Muchas gracias

  3. Renato Alvarado Vidal says:

    Creo que vale la pena considerar la hipótesis de que la dichosa CC sea incapaz de generar algo aceptable por la ciudadanía y no pase el plebiscito aprobatorio, incluso es posible que no logre llegar a nada en absoluto y se empantane a poco andar; en ambos casos ¿Qué hacemos? La única salida que veo es lograr una verdadera Asamblea Constituyente, soberana y sin amarres ni letra chica. Creo que mientras se desarrollan los hechos sería adecuado ir haciendo educación política y debate en la base, lo más ampliamente posible. Este trabajo mejoraría las condiciones para que se genere la conducción que antes nos faltó para imponer la alternativa popular, expresada en los cabildos autoconvocados.

  4. Cecilia R. Arellano says:

    Absolutamente de acuerdo con lo expresado en el artículo y en los comentarios de los lectores pero la culpa es de todos los ciudadanos “pensantes” que no hacemos nada por parar esta podredumbre, incluidos los buenos periodistas. Cualquiera inepto apitutado en un sillón del congreso nos mete el dedo en la boca. No recuerdo quien fue el sabio que dijo que “si en las esferas de gobierno hay imbéciles y corruptos es porque estamos bien representados”. No more comments!

  5. Jorge Moraga says:

    Convención Constitucional: ni constituyente, ni democrática (I)consenso libre de los ciudadanos apartado de los partidos que han demostrado en gran medida ser serviles al modelo capitalista neoliberal,que estanmuy felicesy no son suicidad de enfrentarlos pues se aueliminarian De modo ahy que segur en la base con el pueblo movilizado yirse coordinado y logra una unidad en lo que se estara de acuerdo,Solo con una Asambles Constituyente se lograra la Soberania

  6. Gloria Clavero Aranda says:

    Creo que para las gentes sencillas, es fundamental hacer política popular, desde el debate, la crítica y el diálogo, pero, estoy convencida de que sin Presión Social, no cambiará nada en este hermoso país. Siempre ha sido así, aunque luego, los políticos de partido, los legisladores, se apunten los logros como si fueran de ellos, cuando solo el Pueblo, es capaz de conseguir algún cambio, exigiéndolo en el “Parlamento de la Calle”, que es nuestra Asamblea Constituyente Popular, real, y no la que nos quieren imponer con sus malditos 2/3… La lucha continuará, con las movilizaciones, que no pararán, hasta que los diferentes estamentos, que constituyen(viene de constitución…) el Pueblo real de Chile, sean tomados en cuenta…

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