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Cómo podría evitarse un nuevo incidente como el del Ever Given

El bloqueo del canal de Suez por parte del Ever Given a finales de marzo provocó una crisis de transporte mundial. El canal, una de las rutas más importantes del mundo debido a que conecta fácilmente Europa con Asia, vio cómo se acumulaban a uno y otro lado del mismo un sinfín de barcos, lo que, según algunos expertos, supuso unas pérdidas de cientos de millones de dólares por hora para la economía mundial.

Sin embargo, esta no era la primera vez que el canal vivía una situación dramática. La famosa guerra del Sinaí de 1956 supuso el cierre del canal de Suez durante meses, y desde entonces se ha sucedido algún que otro incidente de menor importancia.

Todo ello nos ha llevado a pensar de qué manera podrían evitarse nuevos desastres. Aunque el canal esté despejado, el gran volumen de tráfico que soporta cada día podría provocar un nuevo bloqueo en cualquier momento. En este artículo explicaremos cómo puede evitarse una nueva crisis.

 

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El proceso de recuperación

 

Los daños causados por un bloqueo en el canal de Suez son instantáneos: las cadenas de suministro suelen tener horarios increíblemente ajustados, a veces incluso al minuto, por lo que cualquier retraso provoca grandes pérdidas y gastos de transporte adicionales. Sin embargo, esto es solo la punta del iceberg: cada hora que pasa supone una montaña de gastos más, que pueden alcanzar los miles de millones de dólares al día a partir de una semana de retraso.

Y lo peor es que los daños no se detienen cuando se soluciona la crisis. Los retrasos en los pedidos tardan semanas o incluso meses en desaparecer, lo que supone grandes pérdidas para la economía global. Algunas empresas, en un intento desesperado por evitar el atasco, usaron rutas alternativas, como bordear el continente africano, lo que aumenta el consumo de combustible y los gastos en seguridad.

Además, debido a la pandemia actual, la recuperación por los retrasos provocados por el Ever Given será mucho más lenta.

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La necesidad de evitar nuevos retrasos

 

Aunque el mundo inició hace ya años la transición digital (solemos comprar en internet, jugamos en casinos en línea más que en casinos presenciales y hasta tenemos citas virtuales), seguimos dependiendo en gran medida de la cadena de suministro física para los bienes materiales. El gran número de buques que cruza el canal de Suez lo convierte en uno de los más importantes del mundo, por lo que a las autoridades mundiales les conviene evitar incidentes parecidos en el futuro. Los daños causados por el bloqueo del Ever Given hará que gobiernos y empresas busquen el modo de evitar nuevas crisis o, por lo menos, minimizar su impacto.

Ahora bien, la pregunta del millón sería: ¿cómo lo conseguimos?

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Mejoras en las infraestructuras

 

Quizá el modo más evidente sea mejorar la infraestructura del canal. Egipto invirtió 8200 millones de dólares en la apertura de un nuevo canal de 72 km en 2015 con la idea de evitar congestiones y reducir el tiempo de paso. Los expertos piden ahora una segunda ampliación que permita que el tráfico pueda fluir incluso en caso de bloqueo.

A pesar de que el proyecto tendría un coste multimillonario, seguro que se queda corto comparado con los enormes gastos que produciría un nuevo incidente como el del Ever Given. Además, la ampliación se rentabilizaría en cuestión de años gracias a la mayor capacidad de buques.

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Actualización de los procedimientos de transporte

 

La gran demanda de uso del canal hace que, a menudo, las normas se pasen por alto, ya que, para las autoridades locales, lo más importante es garantizar el tráfico en el canal. Los expertos de la industria consideran que esta medida es contraproducente, ya que aumenta el riesgo de incidentes. Los grandes buques únicamente deberían transitar durante el día, cuando es más fácil advertir un peligro; sin embargo, actualmente pueden cruzar el canal a cualquier hora.

Por otro lado, al Ever Given no le habría ido mal disponer de unos cuantos remolcadores y dragas más antes de que el problema empeorara. Si los remolcadores fueran de mayor tamaño, podrían guiar mejor a los grandes buques, mientras que unas dragas más eficientes evitarían que los barcos quedaran varados. Como en el caso anterior, todo esto requiere una gran inversión, pero su importe es una nimiedad comparado con el coste de una semana de retrasos.

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Planificación de posibles escenarios

 

Prepararse para el peor de los casos es un ejercicio fundamental para cualquier negocio que se precie, pero el hecho de que el incidente del Ever Given tomara a tantas empresas desprevenidas sugiere que existe un amplio margen de mejora en este sentido.

La pandemia de COVID-19 ha subrayado la necesidad de tener un plan de contingencia para que los negocios puedan aguantar el impacto de retrasos e interrupciones. Identificar posibles problemas, priorizar los riesgos y aprender nuevas soluciones son elementos clave, así como dotarse económicamente para las peores situaciones posibles.

Una vez elaborado el plan, hay que compartirlo con toda la empresa para que los empleados sepan exactamente qué deben hacer en caso de que surja un problema.

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Una mejor comunicación

 

Otra lección que nos ha dejado la pandemia es que la comunicación es clave a la hora de resolver grandes problemas. La comunicación fue básica en la creación de las vacunas y es igual de importante en la logística global.

De la misma manera que los países deben trabajar juntos para evitar crisis (al fin y al cabo, la de Suez se debió a una ruptura diplomática), los negocios deben entender que comunicarse con los clientes, con los proveedores e incluso con la competencia es básico para abordar cualquier problema relacionado con el transporte. Prestar ayuda a barcos con problemas y buscar soluciones para evitar nuevos incidentes debería ser prioritario para cualquier empresa que use el canal de Suez.

 

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Aprender de las lecciones del pasado

 

No sabemos si volverá a producirse un bloqueo como el ocurrido en el canal de Suez, pero lo importante es aprender la lección que nos ha dejado tal experiencia. Suele decirse que no prepararse es prepararse para el fracaso, y eso es algo que tanto empresas como gobiernos de todo el mundo deberían tener en cuenta si quieren evitar repetir un fiasco multimillonario como el que ha copado los titulares este pasado mes de marzo.

 

 

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