Crónicas de un país anormal Debate

¿Electores o clientes? Alerta para la Convención Constitucional y otros comicios

Asistimos a una época cuya característica es la decadencia de la representación política: hoy por hoy, ya no sirve la famosa frase de W. Churchill, “la democracia es el peor de los sistemas, salvo los demás” y, por cierto, las tiranías son aún peores que las pseudo-democracias, al menos, en Latinoamérica.

Los llamados representantes, sea el Primer Mandatario, los parlamentarios y los demás funcionarios elegidos por el sufragio popular, son rechazados por los ciudadanos y, por lo general, forman una clique de corruptos, codiciosos y que  se ubican entre los nuevos ricos: a poco andar de la posesión en su cargo abandonan a sus electores y se transforman en miserables parlanchines.

El desprestigio de la democracia, llamada representativa, es tal que el Congreso y los partidos políticos ocupan el último lugar en la calificación por las encuestas de opinión, al menos en Chile.

La democracia suponía, antiguamente, la existencia de partidos políticos que canalizaban el sentir, las demandas, propuestas e intereses de la opinión pública; hoy, muchos se avergüenzan de su militancia en un partido, (los de la UDI, por lo general, son fascistas y pinochetistas; muchos de los democratacristianos son traidores y ora, votan por la derecha, ora,  por la izquierda, y a veces son piñeristas y otras, opositores; algunos  socialistas están infiltrados en la mafia del narcotráfico; el Frente Amplio agrupa un conjunto de egos juveniles, a punto de la autodestrucción; la candidatura de Pamela Jiles representa la autocomplacencia de ella y la de su pareja.

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Antiguamente, cuando la democracia existía, era impensable la realización de elecciones sin la concurrencia de los partidos políticos, y los clivajes se daban en la izquierda y la derecha y, a veces, en el centro; hoy, la militancia y las ideas políticas carecen de importancia, pues los candidatos sólo pretenden triunfar para llegar al poder y robar a su amaño.

El derrumbe de la democracia representativa, a menos en Chile, ha llevado a una situación en que los cinco mil candidatos que aparecerán en la sábana electoral pretendan convertirse en Constituyentes independientes, (ser candidato por un partido se convierte en una verdadera humillación).

Los próximos días, sábado y domingo, se llevarán a cabo cinco elecciones a la vez, algunas antiguas, como la de alcaldes,  Concejales y  consejeros regionales concejales, y otras nuevas, la de gobernadores y constituyentes; (no cabe duda alguna de que las más importantes son las elecciones de constituyentes que, se supone, serán los encargados de redactar la única Constitución en que el pueblo va a participar). Sabemos, el acuerdo para la Convención Constituyente se dio en la cúpula y no emergió del pueblo, por consiguiente, entre té y cocina se negociaron varias trampas que seguían favoreciendo a la casta política.

Los sistemas electorales están pensados no para recoger la voluntad popular, sino para la reproducción de las castas en el poder: el sistema mayoritario, por ejemplo, favorece el bipartidismo, (Inglaterra); el sistema mayoritario a dos vueltas, generalmente deriva en un sistema moderado de partidos políticos, (cinco o seis partidos, en el caso francés); el sistema proporcional permite un ilimitado número de partidos políticos.

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En todos los sistemas electorales siempre sale favorecido el partido mayoritario, y no hay concordancia alguna entre el voto popular y el número de escaños que se reparten entre los partidos: se trata de engañar al elector (“cliente”), haciéndole creer que la democracia representativa consiste en que el pueblo es soberano, cuando en la realidad son las castas políticas las que imponen su voluntad.

Estas cinco elecciones de los días 15 y 16 de mayo no tienen nada de democráticas, sin embargo, iremos en masa a votar, pues es peor la abstención, que implica legar el manejo de la cosa pública en manos de los corruptos y ladrones que, por desgracia, nos han gobernado, (el decir que la democracia es el gobierno del pueblo, con el pueblo y para el pueblo sigue siendo una estulticia, por mucho que lo haya dicho Abraham Lincodl).

Los  pueblos siguen siendo cándidos y siempre terminan eligiendo al peor de los candidatos, (en  Chile, a Sebastián Piñera; en Brasil, a Jair Bolsonaro, en Colombia, a Iván Duque; en Ecuador, a Guillermo Lasso…).

Al final, no sabemos si el Presidente y los demás representantes de los ciudadanos electos son más fatales para los países, sin embargo, el pueblo sigue votando por ellos.

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Rafael Luis Gumucio Rivas (El Viejo)

12/05/2021

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Historiador y Cronista

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