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Esta es la posverdad de la prensa hegemónica

Uno de los términos que ha hecho fama desde los ochenta en adelante, ha sido el de posverdad. Es uno que viene acompañado de otro:  las mentadas fake news ( noticias falsas) ¡. Es decir, el entronizamiento del neoliberalismo en Occidente, y de las derechas que lo ensalzaron y promovieron globalmente desde fines de los años 70, se acompañó de la imposición y difusión urbi et orbi de divisas tales como:  no hay más verdades; no hay más proyectos de sociedad ni posibles ni pensables; no hay más grandes relatos ni narraciones; menos aún, ideologías.

Todas esas cuestiones se presentaban como investidas de pura  “metafísica”. Se inauguraba así el tiempo de la tecnocracia y el nuevo individualismo:  propietarista, narcísico, autista social, calculador.   No realizaron esta tarea política solos. Se vieron acompañados por ejemplo -sin quererlo- de algunas corrientes filosófico-culturales que enarbolaban a todo lo alto el prefijo: post.  Pos-capitalismo; pos-humanismo; pos-ilustración; pos-socialismo; pos-modernidad, y así en más. No hay más realidad histórica; ella ha sido disuelta; por ende, tampoco hay más posibilidades de transformación.

Tanto la posverdad como sus aliados circunstanciales terminaban coincidiendo    en su lectura del derrumbe de los socialismos históricos, y abriendo paso, a lo que alguna vez dijo (y después se retractó) el señor Fukuyama: estaríamos, con ese suceso, llegando al final de toda historia y por tanto, a la eternización de un capitalismo globalizado y su expresión política en las llamadas “democracias” liberales. Sin embargo, ya vemos como las realidades históricas han ido respondiendo a esos supuestas proyecciones y deseos.

La posverdad vino siempre de la mano -como no podía ser menos- de su uso en el campo político-comunicacional. Como no es posible distinguir lo verdadero de lo falso; las informaciones que son tales, de la mera manipulación de los hechos;   como lo que importa no son las cosas dichas, sino quien y como las dice, entonces, rápidamente la posverdad  hizo alianza con las  fake news, y con ello puso en juego  el engaño y manipulacion  de las emociones, los sentimientos, las conciencias de los ciudadanos y los pueblos. Desinformación + emotivismo ético y político.

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Van de la mano entonces: posverdad y fake news.   Y de la mano, ambas, están al servicio incondicional  de  las elites de poder neoliberales a nivel global y sus expresiones políticas (partidarias e individuales). Estas elites no dudan en usar todos los medios a la mano para prolongar su dominación e imposibilitar democracias reales. No tienen proyecto, sino el de prolongar su propio poder y la hegemonía de sus intereses particulares, clasistas (véanse las expresiones de un W.Buffet al respecto).    Usted me dirá, ¿oiga pero dónde se traduce o ejemplifica eso? Pues en el uso que se da a los medios de comunicación y redes digitales.  Allí invierten también capital e influencia   las elites que asumen la posverdad.

¿Objetivos? Pues, desinformar, manipular, torcer situaciones y hechos; entronizar el temor, el miedo, la confusión emotiva, para que nadie ose creer, inclinarse y/o votar por proyectos de país alternativos.  La mantención del poder de las oligarquías es lo que manda.

Y claro  a tal punto llegó  la circulación  e impacto del término que la misma RAE (Diccionario de la Real Academia Española) se  apuró  en  darle un lugar propio para su definición.  ¿Cómo define el Diccionario de la RAE la posverdad?  :  “Distorsión deliberada de una realidad que manipula creencias y emociones con el fin de influir en la opinión pública y en actitudes sociales”.

¿Qué pueden enseñarnos respecto a antisemitismo la Udi y los que piensan y actúan como ellos, es decir, los pinochetistas nacionales hipócritas  o abiertamente tales? O,  traduzco: los adalides incondicionales de la peor Dictadura cívico-militar de la historia  del siglo XX chileno.

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Fíjese bien lo que dice el diccionario: producción de una distorsión deliberada  de los actos o las palabras de algo o alguien. ¿Para qué? Pues para manejar las creencias y emociones de la gente frente a algo o  alguien.  Para orientarlas -esas creencias y emociones-  en función de los dominantes y desacreditar los programas alternativos. Esto afecta directamente las posibilidades de un debate honesto en torno al país que queremos. No solo en la televisión y redes digitales. Hoy lo vemos también en nuestro desprestigiado Congreso. El caso Jadue se convertirá en emblemático al respecto.  ¿Cómo es posible que el Congreso no tengo otro tema del que ocuparse en el país, que de un Anuario de la época escolar del candidato  de Chile Digno?  ¿Les pagamos a ellos para que anden hurgando y  distorsionando  los cuadernos escolares de los líderes alternativos y los usen de propaganda de sus mezquinos intereses?

¿Qué pueden enseñarnos respecto a antisemitismo la Udi y los que piensan y actúan como ellos, es decir, los pinochetistas nacionales hipócritas  o abiertamente tales? O,  traduzco: los adalides incondicionales de la peor Dictadura cívico-militar de la historia  del siglo XX chileno. Tenemos que volver a traer a la memoria la siembra del terror desde el mismo día 11 de septiembre;   sus campos de concentración, sus policías secretas; los miles de torturados, exiliados, exonerados, desaparecidos; los asesinados fuera del país ( General Prats, Orlando Letelier, entre otros) .  Oiga, varios de sus máximos dirigentes, además, eran buenos amigos de la mal llamada Colonia “Dignidad”.

¡ No intenten confundir: ser antisionista y crítico del  actuar de los gobiernos israelíes (en relación al pueblo palestino y otros pueblos árabes)  no es lo mismo que ser antisemita. ¡Por favor!  Y, sin embargo, el Congreso se presta para ese tipo de bufonadas y una campaña del terror contra uno de los eventuales candidatos presidenciales.  Pero este tipo de manipulación, engaño y mentiras, son posibles porque los medios de comunicación están en manos monopólicas, de unos pocos, ligados estrechamente por intereses comunes a las minoritarias elites de poder económico/financieras, internas o externas.   Estamos en la era de la desinformación organizada en función del poder neoliberal establecido.  Eso es lo que pasa. ¿ Sabe usted lo que está pasando en Colombia, que los medios callan? ¿Cuántos  muertos lleva ya esa protesta social? ¿Cuántos cadáveres descuartizados han sido encontrados recientemente? ¿Sabe usted lo que está pasando en el Perú, donde le están robando la elección al candidato ganador porque no es del gusto de la oligarquía peruana? ¿Supo usted cómo se gestó el golpe blando para engañar y sacar del poder al MAS en Bolivia, gobierno recuperado hace muy poco? ¿Cuánta verdad sobre estas situaciones se observa en nuestros noticiarios radiales y televisivos o en el duopolio de la prensa?

Les pido -lectores/lectoras- disculpas. No he podido ser más sintético. Termino por ahora parafraseando un texto de uno de los filósofos famosillos del siglo XIX: “ En las derechas (y sus aliados) alcanza su punto culminante este arte de fingir, aquí el engaño, la adulación, la mentira, el fraude, la murmuración, la farsa, el vivir del brillo ajeno, el enmascaramiento, el convencionalismo encubridor, la escenificación ante los demás y ante uno mismo, en una palabra, el revoloteo incesante alrededor de la llama de la vanidad es hasta tal punto regla y ley, que apenas hay nada tan  inconcebible como el hecho de que haya podido surgir en nuestro espacio público una inclinación sincera y pura hacia la verdad”.

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Por Pablo Salvat Bologna

 

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Licenciado en Filosofía de la Pontificia Universidad Católica de Chile y Doctor en Filosofía Política de la Universidad Católica de Lovaina, Bélgica. Es profesor jornada del Departamento de Ciencia Política y Relaciones Internacionales de la Universidad Alberto Hurtado. En la Facultad de Derecho imparte el curso de “Teoría de la Justicia”. Es autor del libro Max Weber: poder y racionalidad. Hacia una refundación normativa de la política (Santiago: Ril Editores, 2014), El Porvenir de la Equidad. Aportaciones para un giro ético en la filosofía política contemporánea (Santiago: LOM Ediciones & Universidad Alberto Hurtado, 2002).

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  1. Felipe Portales says:

    Muy buen artículo. Como complemento, es importante tener en cuenta también dos procesos cruciales. Primero, cómo la derecha concertacionista en sus 20 años ininterrumpidos de gobierno consolidó la prensa hegemónica al destruir (fundamentalmente negándoles avisaje estatal) todos los medios escritos de centro e izquierda. Y, luego, que tan importante como la distorsión es la ocultación de realidades en la creación de la opinión pública. Así por ejemplo, junto con el ocultamiento mercurial de las violaciones de DD. HH. durante la dictadura y hoy mismo; y del sistema neoliberal corrupto e injusto en que vivimos; es importante recordar como los gobiernos concertacionistas ocultaron también en TVN dichas realidades (con algunas pequeñas excepciones que confirmaron la regla) llegando incluso a censurar durante muchos años el término “dictadura” y “modelo neoliberal”; y no dando ningún espacio para realizar debates plurales sobre la obra de la dictadura y, concretamente, sobre el modelo económico que impuso: AFP, Isapres, PLan Laboral, ley minera, sistema tributario, universidades privadas con fines de lucro, etc.

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