Opinión política

El sofá de don Otto en la gobernación de la RM

¿Quién compró el sillón o el bergere  para ser destinado al Gobierno Regional de Santiago? El intendente Felipe Guevara niega haber realizado la suntuosa adquisición por $1.200.000 y se justifica: “Yo no he comprado ese sillón versallesco, menos un bergere o mecedora, ni trono alguno”. Al ser interpelado, se apresura en imputar a Claudio Orrego, actual gobernador elegido por la oligarquía, de ser el responsable de la pomposa operación. Claudio Orrego, herido por la acusación habría respondido: “Yo no he comprado sillón alguno. A mí no me gustan las suntuosidades, menos ese mueble en particular que invita al ocio”. El mentado sillón,  sitial o bergere forrado en cuero de cebú nonato de la India e importado desde Francia, dispone de un mecanismo destinado a reclinarlo y sirve para dormir siesta. ¿Acaso el gobernador don Orrego Larraín, después de un opíparo almuerzo en el Club de la Unión, no necesita el legítimo reposo? Es de refinados gustos, sibarita y ni tonto, usaría una silla fiscal, la que ocupan los cagatintas. Nada de mezquindades, si se trata de recuperar energías en el país de los oasis sin agua, pues se la robaron. El sillón de la discordia, humilde si lo comparamos con el que utilizaba Augusto Pinochet, mantiene cogidos de las mechas a las autoridades de la Región Metropolitana. Disputa —vocablo que se interpreta en forma irónica— que ha escalado las noticias, mientras la pandemia se mantiene agazapada.

¿Cómo no recordar el viejo chiste del sillón o el sofá de don Otto, cuya fama traspasa la historia? Don Otto le comenta a su amigo Fritz, haber sorprendido a su mujer y al amante en el sillón de su casa. Advierte indignado, que no aceptará estos hechos en el futuro. Días después, Fritz le pregunta a Don Otto qué hizo para resolver el engaño. Muy engreído, su amigo responde: “Vendí el sillón”. Esta historia adquiere actualidad y siempre nos demuestra que don Otto, pertenece nuestra sociedad. Aquí no concluyen las desmesuras a las cuales a diario estamos acostumbrados. La permisividad, la tolerancia y el ejemplo de gobiernos ladrones, dirigidos por infelices, incitan a robarse hasta el papel higiénico de los baños públicos. A mediados del siglo pasado, era costumbre hurtar tinta, papel secante y corchetes de las oficinas fiscales. Minucias, que no afectaban a nadie.

Desde hace años, robar al país se ha convertido en institución, no sólo en el Ejército, en Carabineros, alcaldías, intendencias, gobernaciones y ministerios, donde hay quienes enredan billetes entre sus dedos. Ahora, empieza a ser investigado el policía Héctor Espinosa, ex Director de la PDI. Entre sus trapacerías, adquirió una casita en Las Condes, donde vive la gente chic, utilizando gastos reservados de su institución. “Si la policía es corrupta —apunta el escritor Dionisio Albarrán— la delincuencia lo agradece”. Decir gastos reservados en tiempos de pandemia, es hablar de gastos destinados a mejor el peculio de quienes en secreto los utilizan. Durante la dictadura cívico-militar (1973-1990) el ítem de gastos reservados era una institución de beneficencia. Como Augusto Pinochet dirigía y administraba el peculado, la acción se convirtió en lícita y daba prestigio robar. Mi amigo el escritor Daniel Grez Bachur, señala que se aconseja disponer de gastos reservados, si se quiere ir a beber en secreto, un tragullo al bar de la esquina.

El sillón de don Otto, la encendida trifulca protagonizada por Felipe Guevara y Claudio Orrego; las pillerías del policía Héctor Espinosa entre infinidad de chanchadas, sirven para escribir la historia trágica de Chile. Semejantes ejemplos, es apenas el raspado de la olla fiscal, donde engulle la oligarquía y sus hijos mamones. La crisis moral ha hundido al país en las cloacas de la permisividad, sin embargo, se debe seguir creyendo en la honestidad de la mayoría, que se llama pueblo. Ahí se encuentra la reserva moral.

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  1. Uyu yui, uyu yui, de vez en cuando el Clarin ve la luz de Pablo o le pica un zancudito de honorabilidad y presto, salen cositas escritas que reflejan el carácter de esta nueva cultura chilensis. No importa que todo salga a la luz, esto no va a parar lo que nos dejó arraigada la dictadura con el concepto del neoliberalismo: Un poquito de Estado, un ilimitado campo para que se muevan los capitales, es decir, el que cuenta con los medios puede comprar todo lo que el poquito Estado tiene para la venta de Chilito y una mayoría de chilenos, todos los proletarios, los con títulos universitarios, los milicos, pacos y policías, y el resto, los que dependen de un salario o un sueldo para subsistir, se han vuelto totalmente locos con el consumismo, cualquier ue vá que sea de última gama, aúnque estén fuera del alcance de los salarios y sueldos, eso no importa, para eso están las tarjetitas y si las tarjetitas no dan para más, luego, ¿por qué no robar para conseguir las cositas? Total, roba el rico, ¿por qué no el pobre? Con una gran diferencia, el rico, (se me olvidó la clase media, la clase de gente que están completamente seguros que ya pertenecen a los de arriba) bueno, como decía, los ricos y parte de la clase media tienen los medios, si son pillados, de comprarse la libertad con buenos abogados, ¿los pobres? Por la cresta, es mejor que no roben.

  2. Gino Vallega says:

    Bermúdez ,el contralor recién re”apernado” en su cargo , conoce las cuentas de los “gastos reservados” y como leal simpatizante , guardará silencio y cobrará su estipendio , si ha lugar. Cuando Contraloría e Impuestos Internos concuerdan , la justicia NO HA LUGAR. (Piñera bordea ya el 30% de aceptación en las encuestas). Creería que el niño Orrego tiene más alcurnia que el Güevara y podrá apotincarse en el “Burger King” , aunque es probable que el último sea el comprador , por aquello de “las hilachas colgando”.Tenga Ud. una buena semana.

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