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La disputa política por el entierro del cadáver de Piñera

A partir del 18 de octubre de 2019, cuando comenzó la “rebelión  popular”, Sebastián Piñera eligió el camino del suicidio. Según Albert Camus, en el mito de Sísifo, sostiene el absurdo de la vida y afirma que el único tema fundamental de la filosofía es el suicidio. El Presidente Piñera, incapaz de enfrentar la crisis social y política de un Chile contestatario, eligió el camino de auto-inmolarse, tratando de enemigos a sus propios conciudadanos declarándoles la guerra y, para su vergüenza, fue corregido por el jefe militar de la Plaza, el general Iturriaga, quien manifestó que él no estaba en guerra contra nadie, por el contrario, se consideraba un hombre feliz.

La reacción de las fuerzas políticas, llamando a un plebiscito constitucional salvó, en ese entonces, la vida política del Presidente, y el Acuerdo se selló con la mayoría de los dirigentes políticos, incluido Gabriel Boric, (hoy candidato presidencial, que ocupa el primer lugar de preferencias en las encuestas de opinión).

El plebiscito, que tuvo lugar al año siguiente, terminó por marcar el fin de una era y el comienzo de la otra: el 80% del rechazo a la clase política dejó a la derecha, incluso, sin el tercio que les permitiría boicotear los Acuerdos para escribir la nueva Constitución para Chile. Así, los Convencionales eran, en su mayoría, de izquierda, incluso de posiciones más radicales, como las del Partido del Pueblo. La derecha clasista y racista tuvo que aceptar que la presidencia de la Convención Constitucional estuviera dirigida por una académica, de origen mapuche.

Cuando Piñera se encontraba atravesando la cuerda floja, sonó la campana y apareció la pandemia que le permitió la confinación de los chilenos en sus hogares y, además, hacer uso de facultades constitucionales, (toque de queda y estados de excepción, entre otros), que le permitieron un respiro. Piñera no quiso entender, en su marcado narcisismo, que la forma de salvar a los chilenos de los rigores del Covid-19 era la de entregar una renta mínima a los cesantes y a los más vulnerables de la población, a fin de que sobrevivieran, por el contrario, concedió un apoyo miserable, so pretexto de salvaguardar  los dineros del fisco, (como lo haría él con su propio dinero).

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Hay que reconocer, para no ser mezquino, que el empresario-Presidente sigue siendo bueno para negociar: el Mandatario se convirtió en el “gran vacunador”, y muy hábilmente comenzó su negociación con todas las empresas posibles, productoras de vacunas, (desde las chinas, inglesas, hasta las norteamericanas). A los chilenos les agradó la inoculación de cualquiera de estas vacunas que, incluso, están dispuestos a utilizar una cuarta dosis, si así determina el Ministerio de Salud.

Sebastián Piñera, tal como el protagonista de la novela El coronel no tiene quién le escriba, tenía que buscar apoyo en la crisis económica y política en una cada vez más reducida “guardia pretoriana”: su soledad era tan marcada que hubo que recurrir a sus pocos fieles ministros que le restaban.

La propia combinación de gobierno junto con los partidos de oposición comenzó a agotarse cuando el pueblo inició la ofensiva  contra las  AFP, (el proyecto de su hermano José), “la niña de sus ojos” del empresario Piñera: cuando su poder se encontraba menguado en sumo grado, los parlamentarios de su coalición, (RN, UDI y Evópoli), terminaron votando para que los afiliados pudieran retirar el 10% de los sus ahorros de las AFP.  Y ahora vamos para el cuatro 10%, y el refrán “del ahogado, el sombrero”, le sirvió de muy poco al Presidente, y ya no había, en la práctica, una tabla de salvación: la campaña de los economistas y los recursos ante el Tribunal Constitucional han tenido pocos efectos. A diferencia del Presidente Ramón Luco, que dicen que se salvó del hundimiento del Blanco, en la guerra civil de 1891, aferrado a la cola de una vaca, Piñera, en este caso no ha tenido la suerte del Presidente humorista de la época parlamentaria.

Quienes conocen al Presidente saben bien que para él los negocios son mucho más importantes que la política, (incluso, si ha firmado un fideicomiso “tuerto, mudo y ciego”), y es imposible pedirle que se abstenga de mantenerse informado de las empresas encargadas de mantener sus inversiones.

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Piñera cree que, como Presidente, está en su derecho para acrecentar su fortuna, y como su amigo, Carlos Alberto Délano, es parte de una Escuela en que ´la inversión en paraísos fiscales no constituye ningún delito, sólo demuestra la habilidad para guardar su plata lejos de la fiscalización del Servicio de Impuestos Internos. (Ya antes, durante la anterior investigación, se lo había advertido el fiscal Carlos Gajardo).

Los Pandora Papers han terminado por minar la credibilidad del Presidente, a tal grado que a pocos días de las elecciones presidenciales, la totalidad de los personajes de la casta política empresarial, así no lo expresen directamente, quieren enterrar el cadáver político del Presidente Piñera a fin de que no los siga perjudicando, sobre todo cuando su candidato, Sebastián Sichel, ya se encuentra en el cuarto lugar, según las encuestas y, en consecuencia, la centro derecha no tiene más camino que refugiarse en el candidato fascistoide y militarista, José Antonio Kast.

 

Rafael Luis Gumucio Rivas (El Viejo)

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11/10/2021

 

Oposición presentará acusación constitucional contra Piñera la próxima semana por escándalo de Pandora Papers

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Historiador y cronista

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  1. Luis Arriagada Rivera says:

    No canten victoria antes de tiempo. raPiñera es como un zombie,va a seguir vivito y coleando en su puesto. No olvidemos que todavía no es un difunto!?
    No olvidemos al Tango Cambalache; “da lo mismo ser honrado o ladron”. La corrupción llegó para quedarse el 11 de septiembre de 1973.
    NO LO OLVIDEMOS…!!!!!

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