Política Portada

¡Qué poco sabemos de historia de Chile!

En las escuetas referencias históricas dadas por el Gobierno sobre las anteriores Constituciones -en su campaña informativa sobre el proceso constituyente- aparece un grave error respecto de la Constitución de 1925. Este es, que señala que dicha Constitución fue escrita por 122 personas. En realidad, aquella fue escrita por 15 personas: Arturo Alessandri y otras 14 designadas a dedo por él. Recordemos que desde marzo a octubre de 1925, Alessandri gobernó sin Congreso Nacional. Este había sido disuelto por el golpe del 5 de septiembre de 1924; pero Alessandri, al volver a Chile de su breve autoexilio (“mandado a llamar” por un nuevo golpe militar en enero de 1925) lo mantuvo disuelto; por lo que gobernó cual dictador, a través de decretos-leyes.

 

Lo peor del caso es que tanto los militares reformistas como el mismo Alessandri se habían comprometido a convocar a una Asamblea Constituyente (¡sí!) para aprobar una nueva Constitución; promesa que (como tantas otras en nuestra historia…) fue abandonada en el camino. Y recurrió al mismo camino de Pinochet de designar a dedo a quienes la elaborarían, con dos diferencias importantes. Una que se cuidó de dar apariencias de pluralidad al incluir un comunista (Manuel Hidalgo) y un independiente (Roberto Meza Fuentes) en el grupo. Y otra, que él mismo participó del grupo y no como cualquiera, sino imponiendo sus puntos de vista en las materias más trascendentes como lo han revelado posteriormente dos de sus miembros: Carlos Vicuña Fuentes y Enrique Oyarzún.

 

Pero mucho más antidemocrático aún fue el hecho de que la gran comisión designada también a dedo por Alessandri –integrada por 122 personas- para aprobar o rechazar el texto ¡fue conminada bajo amenaza militar de aprobar sí o sí dicho texto! Así, luego que surgieran crecientes críticas a su carácter autoritario-presidencialista, tomó la palabra el comandante en jefe del Ejército –y miembro también de la Comisión-, Mariano Navarrete, quien señaló:

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“No hay necesidad de ser un gran constitucionalista para declarar, sin temor de equivocarse, que los resultados del sistema parlamentario han sido desastrosos para el país (…) El país está harto de la politiquería mezquina y quiere, una vez por todas, tener un Gobierno fuerte, capaz de orientar los destinos de la Nación hacia una era de progreso y bienestar social. Los dirigentes de los diversos partidos políticos en que está dividida la opinión pública deben aprovechar en esta ocasión las múltiples lecciones objetivas que han recibido desde el 5 de septiembre hasta el día de hoy. De ellas deben deducir lo que el país quiere como, asimismo, inclinarse respetuosamente ante su voluntad soberana, pues de otro modo tendremos a corto plazo que hacer, bajo la presión de la fuerza, las reformas que, en representación del pueblo, ha reclamado de modo tan significativo el elemento joven del ejército (…) ¿Qué ocurriría, señores, si las esperanzas de la juventud fueran defraudadas en esta ocasión? No quiero hacer pronósticos desagradables. Dejo a vuestro ilustrado criterio la tarea de formular la contestación de esta delicada pregunta” (Mi actuación en las Revoluciones de 1924 y 1925; Centro de Estudios Bicentenario, Santiago, 2004; pp. 304-5).

 

Obviamente, la Comisión se sometió de inmediato a tan grave conminación y la Constitución fue “aprobada” tal como la redactó, en definitiva, Alessandri. Posteriormente dicho texto fue ratificado por un plebiscito “trucho”, análogo al de 1980, en que de acuerdo a Carlos Vicuña: “Alessandri se dedicó a ganar la votación contra viento y marea (…) llenó el país a costa del Estado de una propaganda tendenciosa y profusa. Comprometió autoridades (…), empleados, funcionarios, movilizó el ejército y los policías y persiguió con mano de hierro la propaganda que los partidos políticos pretendieron hacer (el Conservador, Radical y Comunista se declararon en contra) (…) En Santiago los meetings fueron disueltos por la policía y los oradores radicales arrastrados a la prisión” (La tiranía en Chile; Lom  Ediciones, 2002; p. 314).

 

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Finalmente, hubo un “plebiscito” que se efectuó con un voto transparente (¡como la “consulta” de la dictadura en 1978!) al hacerse con cédulas de colores: rojo, para el texto impuesto por el Ejército en la Comisión; azul, para un régimen parlamentario modificado; y blanco, para el rechazo de ambos. De todas formas, de un total de 302.304 inscritos, solo 127.509 (el 42,18%) votó a favor del texto de Alessandri, el cual obtuvo el 93,9% de los sufragantes.

Este fue, en síntesis, el origen “democrático” de la Constitución de 1925…

 

Por Felipe Portales

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Historiador y sociólogo

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  1. Serafín Rodríguez says:

    Bien interesantes las opciones del “plebiscito” que aprobó la Constitución de 1925 según las últimas líneas del artículo. Me gusta eso de ni la una ni la otra sino todo lo contrario. Ojalá se hubiera incluido esta última opción en el plebiscito de salida del 4 de septiembre próximo pues habría resuelto la cuestión del APRUEBO (nos quedamos con la Neva Constitución) versus RECHAZO (nos quedamos con la actual). Sea como sea, esto es bien raro porque la continuidad de la constitución actual fue descartada en el plebiscito de octubre del 2020 pero por lo visto, quienes aprobaron la Ley 20.200 igual la metieron de contrabando en el plebiscito de salida. Con esto, el plebiscito de salida va a terminar siendo una réplica del plebiscito de entrada en vez de uno sobre los méritos y falencias de la propuesta de la CC. El Leon de Tarapacá por lo menos admitió la posibilidad de votar ni lo uno ni lo otro sino todo lo contrario!

  2. Gino Vallega says:

    Gracias por la clase de historia, don Felipe Portales. Hoy día, no hay arenga militar, porque los generales en jefe estaban ocupados robándose el dinero del Estado. El presi ido estaba cuidando las platas familiares y su propio pellejo; pero los otros Sebastianes dejaron amarras que la CC ha confirmado y aún así, lo conocido de las reformas provoca delirium tremens en el bando “amarillo” y se recurre a los fondos de emergencia (CIA, ONU, OEA…) para trabar lo propuesto y mandarlo al cara..te.
    Mientras el gobierno juvenil le paga a CADEM (empresa piñerista) para que le cuente el cuento, los demás apruebo confiaremos en la “gallá” que votó en el plebiscito a que vuelva a enterrar al neofascismo.

    • Serafín Rodríguez says:

      Aunque la cuestión del plebiscito de salida se presenta como una cuestión a decidir entre bandos de izquierda y derecha, lo cierto es que la propuesta de la CC tiene de todo. Un aspecto favorable a la derecha, por ejemplo, es la entrega de los recursos minerales del país a la explotación privada. Es decir, seguimos reforzando el sistema neoliberal. Entonces yo no sé cómo votar, no sé si aprobar esto o rechazarlo. Si lo apruebo favorezco al sistema económico imperante con todas sus consecuencias negativas. Si lo rechazo, rechazo lo que la propuesta tiene de positivo, como el Senado de Regiones. La verdad es que todo este proceso ha metido al país en un zapato chino y los chilenos y chilenas de a pie somos los que vamos a pagar las consecuencias mientras la clase política mayoritariamente representada en la CC se carcajea de la risa. Bien duro decirlo, pero estamos y seguiremos bien jodidos. Todo no ha sido más que una gran faramalla. Quienes manejan el poder económico están felices y contentos porque saben que van a poder seguir enriqueciéndose. De hecho, no se ha escuchado a ninguno de ellos decir que se va del país con sus capitales si se aprueba la propuesra de nueva Constitución. Para nada! Y no es que la Primera Madre de la República tuviera razón cuando dijo “Pensé que todas las personas que estaban en la papeleta [de la Convención Constitucional] eran personas con las capacidades para hacer ese megatrabajo”. Si hoy estamos en un zapato chino es porque así fue diseñado el 15 de noviembre de 2019 con la participación de su hijito con el famoso “Acuerdo por La Paz Social y la Nueva Constitución” y las condiciones y restricciones que le impuso su implementación legal a la Convención Convencional, la puta Ley 21.200. De hecho y de derecho, no somos más que un país esclavo de su clase política y el 4 de septiembre, gane el APRUEBO o el RECHAZO, ratificaremos nuestra esclavitud al son de la Canción Nacional. A lo mejor hasta gritamos “La libertad es la herencia del bravo!” para cerrarla porque eso de “Viva Chile, mierda!” ya no funciona cuando se la tiene hasta el cuello!

  3. Margarita+Labarca Goddard says:

    Yo tampoco sé muy bien cómo votar en el plebiscito de salida. En el borrador se ven cosas buenas y cosas malas. Lo malo es que le dejan la explotación del cobre a las empresas extranjeras. Y eso, fuera de ser una falta de respeto al compañero Salvador Allende, que impulsó la nacionalización del cobre, va a impedir que el actual gobierno disponga de fondos para financiar sus proyectos sociales. Tal vez la solución es que el pueblo se autoconvoque muy pronto a una auténtica Asamblea Constituyente para corregir a la nueva Constitución. Porque ni el Congreso, cualquiera que sea, ni el presidente de la República, tiene facultades para modificar o elaborar una Constitución. Eso se ha hecho en el pasado, pero violando todos los principios reconocidos internacionalmente sobre la materia: el constituyente originario, que está por encima de cualquier gobierno, es el pueblo y nadie más. Y el constituyente originario se puede dar todas las normas, principios y procedimientos que le parezcan para elaborar una Constitución.

    • Serafín Rodríguez says:

      Si el pueblo soberano llegara a autoconvocarse para darse su propia Constitución y alguien respondiera a la convocatoria, de seguro que termina entre rejas acusado de complotar contra el sacrosanto Estado de Derecho, sublevación y sedición o, por lo menos, para ser benévolos, condenado por desórdenes a 300 horas de servicio público limpiando los wáteres del Congreso Nacional y La Moneda.

  4. Felipe+Portales says:

    Lo peor de todo es que cualquier cosa que la derecha concertacionista (“Colectivo Socialista” ya que el PDC. PPD y PR virtualmente desaparecieron en la CC) se sintió políticamente obligada a apoyar concediéndole los dos tercios (especialmente un conjunto significativo de más derechos sociales) podrá ser desnaturalizada o simplemente eliminada durante ¡los cuatro años de permanencia de las actuales cámaras (hasta 2026) ya que las dos derechas disponen claramente más de dos tercios en cada una de ellas! Así que no valdrá de nada el voto el 4 de septiembre…

  5. Monica Fernández says:

    Digamos una vez más, que lo importante que debía hacer la CC y que no hizo, era cambiar el sistema económico del país porque ya no se soporta más este neoliberalismo impuesto por gente enferma de codicia. No se soporta más seguir viviendo con salarios y pensiones de hambre, lxs trabajadorxs trabajando muchas horas extras cada día para poder sobrevivir, y endeudadxs de por vida hasta la muerte y más allá inclusive. Lo importante era terminar con el saqueo de Chile para que con esa gigantesca riqueza robada se pueda financiar de verdad y para TODXS, los derechos sociales como es la educación, la salud, la seguridad social, la vivienda. Y detener ya, la destrucción del territorio, detener la contaminación de la tierra, del agua y del aire que mata y a mucha gente, diariamente. Y recuperar ¡de verdad! el agua, porque sin agua no hay vida.
    Y además, por favor, no olvidar las fatídicas Lista de Espera que genera el sistema de salud de lucro; listas en que mueren en promedio 30.000 personas ¡¡por año!! El neoliberalismo literalmente ¡¡¡ mata !!! es un sistema a s e s in o.

  6. Monica Fernández says:

    Es urgente en Chile que el Soberano se dé a si mismo y de una vez por todas, su Constitución Política. Escrita directamente por el pueblo en los territorios, ejerciendo efectivamente su poder constituyente originario, con Delegadxs Revocables en todo momento y a través de los cuales se vaya articulando la construcción popular de esa Constitución. Hay que acabar de una vez por todas con esta falsa democracia de representantes que no representan al pueblo si no que exclusivamente al poder económico que es el que efectivamente los mandata, y donde el pueblo es un mero espectador de la infernal y corrupta maraña política en que vivimos.

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