Opinión política Política

La generación de recambio

Los jóvenes, que se movilizaron el 18-O, han dado nuevas esperanzas a la sociedad. Fueron capaces de aglutinar a una gran mayoría de personas, que antes habían estado ausentes de la vida política. Son los que ahora están en el gobierno y los que han redactado la nueva Constitución. La generación de recambio ofrece esperanzas de una mejor vida a nuestra sociedad.

Vivimos un cambio político notable. La ciudadanía se aparta del Estado subsidiario y de los políticos tradicionales y entrega las riendas del país a una nueva generación. Encabezada por Boric, anuncia el compromiso de terminar con el periodo oscuro que conculcó por 40 años los derechos económicos, sociales y políticos de las mayorías. Un nuevo gobierno y el término de la Constitución del 80 son los referentes para impulsar transformaciones en favor de la justicia e igualdad.

La explosión popular del 18-O puso de manifiesto que la transición del régimen militar a la democracia ha sido profundamente insatisfactoria. La mayoría de la sociedad ya no cree que el crecimiento y el asistencialismo -fundamentos programáticos de la Concertación y la derecha- sean la solución a los males del país, ni tampoco que la actual institucionalidad política sea el paradigma de la representación ciudadana.

El ciclo político de 30 años de los partidos y dirigentes de la centroizquierda se encuentra agotado. Gran parte de la generación que gobernó con Salvador Allende y llevó a cabo el tránsito de la dictadura a la democracia no tuvo voluntad para terminar con el neoliberalismo, aceptando injusticias, desigualdades e incluso corruptelas.

El alza de los 30 pesos fue sólo el detonante, que desató el enojo incontenible contra un sistema que enriquecía al 10% y convertía en tragedia cotidiana la vida del 90% de la familia chilena.

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Primero fueron los jóvenes de la enseñanza media y luego los universitarios quienes encendieron la chispa de las transformaciones. Una educación pública destrozada y un CAE insoportable impulsó movilizaciones en favor de una educación gratuita y digna. Esas protestas se extendieron rápidamente a demandas feministas, de los pueblos originarios, medioambientalistas, regionalistas, contra las AFP y por una salud decente.

Jóvenes decididos, apoyados por “viejos jóvenes”, construyeron un bloque por los cambios, que sentó las bases para terminar con la Constitución de Pinochet-Guzmán y luego permitió el triunfo de Apruebo Dignidad, con Boric en la Presidencia.

El crecimiento como argumento principal de la transición perdió legitimidad. Olvidó los temas de mayor preocupación ciudadana: la sindicalización de los trabajadores; las desigualdades de ingresos; educación, salud y jubilaciones dignas; industrialización de los recursos naturales; la defensa de los consumidores y de las pymes, los derechos de los pueblos originarios, un Estado defensor de los débiles y una política internacional latinoamericanista. Por cierto, ahora también están presentes los temas nuevos, que alimentan la propuesta de transformaciones: feminismo, ecologismo y la regionalización.

La ciudadanía le creyó a la nueva generación y se comprometió con sus dos iniciativas fundantes: el gobierno de Boric y la nueva Constitución (NC). Ambas apuntan a construir un país más decente, justo e igualitario. El camino no está sembrado de rosas, como tampoco lo estuvo el de Allende.

En efecto, los grandes negocios se resisten a los cambios, mientras la derecha no acepta disminuir sus posiciones de poder. Tampoco los cambios agradan a senadores de “centroizquierda”, los que temen, con la NC, la perdida de sus cargos. Y, por cierto, la prensa conservadora, como siempre, respalda a los poderosos. El Partido del Orden es entonces enemigo del gobierno de Boric y también de la Convención Constitucional (CC).

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El Partido del Orden tiene temor por la pérdida de sus privilegios. A los grupos económicos les duele que sus ganancias extraordinarias se conviertan en normales.

A la clase política, de derecha y “centroizquierda”, le incomoda la paridad de derechos de la mujer, que los jóvenes tomen decisiones y, sobre todo, que los marginados de siempre tengan representación en las instituciones de la República. Ello explica que la CC y el gobierno sean atacados duramente por los grupos económicos, los medios de comunicación del establishment y una centroizquierda convertida en amarilla.

La rebelión del 18 de octubre, y luego el acuerdo por la paz del 15 de noviembre, fueron un desafío a las desigualdades y abusos del modelo económico y también a la escasa participación ciudadana en el sistema político.

La vida del país ha cambiado. Los jóvenes, que se saltaron los torniquetes del Metro y se movilizaron el 18-O, han dado nuevas esperanzas a la sociedad. Fueron capaces de aglutinar a una gran mayoría de personas, que antes habían estado ausentes de la vida política. Son los que ahora están en el nuevo gobierno y los que han redactado la nueva Constitución. La generación de recambio ha sido fundamental para la democratización política y ofrece esperanzas de una mejor vida a nuestra sociedad.

 

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Por Roberto Pizarro Hofer

Fuente: El Desconcierto

Publicado en el Clarín con la autorización del autor

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  1. Landy Aurelio Grandon says:

    Parece que es necesario acordar lo que debe entenderse por transición histórica el tiempo que se iniciaría desde el término formal de la dictadura militar del fascismo y el inicio pleno de la democracia en Chile.
    Como la gestión económica es el fenómeno principal en caracterizar un período histórico, mi opinión es que el inicio de la democracia chilena debería iniciarse con el término formal y legal de la política ecónomica neo-liberal vigente hasta hoy.
    Toda la actividad económica –estatal y privada– debería ser sujeto de profundos cambios políticos durante el gobierno del Presidente Boric.
    Una vez realizado aquello, podríamos definir el término del período de transición en Chile.

    • Serafín Rodríguez says:

      ¿Y cómo se se implemenaría “el término formal y legal de la política ecónomica neo-liberal vigente hasta hoy”? ¿Qué medidas se tomarían? Específicamente, ¿cómo es que “toda la actividad económica –estatal y privada– debería ser sujeto de profundos cambios políticos durante el gobierno del Presidente Boric”? ¿Cómo se haría esto y por qué tipo de sistema económico se remplazaría? Esto es ralmente interesante y me gustaría saber más. No es necesario explicar los detalles pero sería de interés público saber por lo menos los lineamientos generales de kas respuestas a estas preguntas. ¡Muchas gracias de antemano!

  2. Landy Aurelio Grandon says:

    La mayoría eligió a Boric y su programa para que gobiernen en beneficio de Chile. Cómo? Cambiando las políticas que estructuraron y conformaron la economía impuesta por la Escuela de Chicago, M. Friedman, la derecha y una fauna de expertos y lumbreras –militares y civiles– sobre cómo debía ser manejada la economía, ahora libre de la nefasta unidad popular, según la derecha. Ejemplo, desde ese primer día de fascismo, por un simple decreto ley(claro que con la firma del poderoso pinochet) la dictadura decretó la libertad de precios de todos los productos de consumo. Durante estos malditos 50 y más años, el dictador y sus secuaces, y gobiernos concertacionistas, derechistas y nueva mayoria, siguieron imponiendo su política mediante decretos leyes, leyes aprobadas por las dos ramas del H. Congreso. (la peculiar autonomía del B. Central es obra de Pinochet). Ahora la tarea del Presidente Boric es enorme. Pero también tiene un gran equipo. Bien preparado y con pergaminos de doctorados y magisters. Ellos tendrán que proponer todos los cambios y derogaciónes de cuanta mala legislación impusieron los malos. LAMENTABLEMENTE, no cuenta con mayoría parlamentaria. Pero podría conseguirla.

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