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Colombia: un cambio de Mando pletórico de simbolismos

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La toma del Mando del primer Presidente de izquierda en la historia de Colombia logró incorporar en un solo acto, por ejemplo, la Espada de Bolívar, a la senadora María José, hija del líder del M-19 Carlos Pizarro, asesinado en 1990, además de los “cien años de soledad” de los Buendía, relatado en la crónica del escritor Gabriel García Márquez.

Como nunca antes en una transmisión de Mando, el pueblo se volcó a las calles de las principales ciudades a fin de celebrar la liberación de cien años de esclavitud y el inicio de una nueva oportunidad para el pueblo colombiano – como lo expresó el Presidente Gustavo Petro en su discurso inaugural – haciendo alusión al final de la obra Cien años de soledad, de García Márquez, Premio Nobel de Literatura, un predecesor de estudiante, en la ciudad de Zipaquirá, del ahora Presidente, Gustavo Petro.

La senadora María José Pizarro le colocó la Banda Presidencial al antiguo militante del M-19, (Movimiento 19 de Abril).

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El primer acto del Presidente consistió en ordenar a la casa militar la presencia de la Espada de Simón Bolívar, robada desde la Quinta de Bolívar, en el centro de la Capital, por los guerrilleros del M-19, en enero de 1974. Esta orden del ahora Presidente fue su primer acto como Mandatario de Colombia, (fue necesario suspender la ceremonia de investidura como Presidente durante 35 minutos a la espera de la Espada, custodiada por la guardia de honor del Palacio Nariño, vestida con el uniforme de los “papagayos”, antigua guardia personal de Bolívar). El periplo de la Espada del Libertador daría para una novela: estuvo primero en la Casa de los Poetas para luego ser entregada al Banco de Colombia por líder del M-19, Antonio Navarro Wolff, en 1991.

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Durante el gobierno del peor Presidente de Colombia, Iván Duque, trasladó dicha Espada al Palacio de Nariño. El periodista Daniel Coronell relató, con detalles, las sabrosas escenas que tuvieron lugar lugar sobre las tratativas entre el mandatario saliente, Iván Duque, y el entrante, Gustavo Petro. Justo después de haber ganado en la segunda vuelta Duque invitó a Petro a la Casa de Nariño y, sorpresivamente, le mostró la Espada de Bolívar, vigilada permanentemente por la guardia de Palacio. Duque, al parecer, en el intertanto se arrepintió de haber permitido el traslado hacia la Plaza de Bolívar de este preciado símbolo: los 35 minutos de espera fueron los más catastróficos del encargado de la Casa Presidencial, y ¿a quién obedecer, si al antiguo o al nuevo Presidente del país? No faltó el leguleyo en afirmar que Petro no era Presidente hasta tanto las Cámaras legislativas no aprobaran el acta de transmisión del mando. Al final, al Presidente Duque no le quedó otro recurso que aceptar el traslado de la Espada del Libertador a la Plaza de Bolívar.

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Otro de los simbolismos de este acto de asunción al Mando comprometió al rey de España, Felipe VI, quien se mantuvo sentado mientras los demás invitados aplaudían fervorosamente el arribo de la Espada de Bolívar. Habría que recordar un poco de historia para comprender la decisión del Rey de España, pues su predecesor, Fernando VII, fue desafiado por Bolívar en la famosa proclama, en Trujillo, en que condenó a muerte a los españoles y canarios que tomaran las armas en contra de la independencia de América.

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Espadas y sables del Libertador Simón Bolívar hay muchos, y la espada que está en custodia, en la Casa de Nariño, corresponde a los últimos momentos de la vida de Bolívar, en la Quinta de San Pedro Alejandrino, en la ciudad de Santa Marta, cuando ya se habría erigido dictador de Chacas, en la actual Bolivia. En su empuñadura ostenta el Escudo de la Gran Colombia.

Gustavo Petro, en su brillante discurso, dio a conocer un decálogo de compromiso con el pueblo colombiano, centrado en una paz duradera; la crítica a la guerra contra la droga, que sólo ha provocado derrota, desolación y muerte; un gobierno paritario, en que se respeten los derechos de las mujeres, los niños, los ancianos y los minusválidos; la promesa de una Colombia hegemonizada por energías limpias, y el fin del predominio del petróleo e hidrocarbono; el respeto irrestricto de la Constitución y las Leyes; poner fin al reinado de la muerte y la desigualdad.

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Gustavo Petro en su discurso ha planteado la necesidad de un gobierno de apertura que garantice la profundización de los valores democráticos y del irrestricto respeto por la libertad de Prensa  y por la seguridad ciudadana.

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En estos cuatro años que viene de inaugurar Gustavo Petro deberá llevarse a cabo una profunda reforma agraria, que distribuya las tierras, hoy acaparadas por los gamonales de una Colombia “feudal”.

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Rafael Luis Gumucio Rivas (El Viejo)

09/08/2022

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Historiador y cronista

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  1. Margarita Labarca Goddard says:

    Estupenda toma de posesión por Gustavo Petro. Cuando llegó la espada de Bolívar, todos se pusieron de pie, menos el rey de España que se quedó sentado. Una nueva grosería de los españoles que no se convencen ni se conforman con que no seamos su colonia.

  2. Margarita ; cuando Pinochet visito España , el pueblo español no solo repudio su visita también de manera empática e inteligente entendió que no representaba a los chilenos ni estos eran todos dictadores
    Felipe no es portavoz de una nueva grosería de los españoles ni creo que este en su ideario como pueblo sentirse colonizadores.
    Generalizar a todo un pueblo que apoyo a la lucha contra la dictadura cívico militar que encabezo Pinochet no es acertado
    Un saludo cordial desde Madrid

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