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Convención frustró la nueva constitución

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La Convención Constitucional aprobó un conjunto de disposiciones mucho más democráticas y de justicia social que la Constitución del 80, refrendada esta última –recordemos- como una “Constitución democrática” por Lagos y todos sus ministros en 2005. Especialmente positivas son las nuevas disposiciones referentes a derechos sociales; derechos de los pueblos indígenas; descentralización regional; y conservación de los equilibrios ecológicos. Sin embargo, una Constitución –para que tenga vigencia práctica- debe concretizarse en leyes. Si no, queda como un simple enunciado de buenas intenciones.

 

Y es aquí donde la Convención aprobó, increíblemente, disposiciones transitorias que frustrarán la posibilidad de aprobar una legislación que permita sustituir el modelo económico neoliberal impuesto por la dictadura. En efecto, al disponer insólita e inéditamente (en un proceso constituyente) que el Congreso de la Constitución fenecida apruebe las leyes que concreticen legislativamente sus disposiciones -y teniendo en cuenta que en dicho Congreso (el actual) la derecha tradicional cuenta con el 50% del Senado- será imposible, en caso que gane el Apruebo, aprobar (valga la redundancia) ninguna ley que no cuente con la aquiescencia de aquella. Y evidentemente que ella no estará disponible para aprobar NADA que altere sustancialmente el “modelo chileno”.

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Lo más desconcertante de todo es que la Convención no sólo tenía total legitimidad para aprobar que -en caso que se ratificase la nueva Constitución en el próximo plebiscito- se llamase a elecciones inmediatas de un nuevo Congreso; sino que, además, contaba con la plena legalidad para hacerlo. En efecto, de acuerdo al Artículo 138 de la Ley 21.200 (Reforma Constitucional de diciembre de 2019 que sustenta legalmente el proceso constituyente), “la Nueva Constitución no podrá poner término anticipado al período de las autoridades electas en votación popular, salvo que aquellas instituciones que integran sean suprimidas u objeto de una modificación sustancial”.

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Y es muy claro que el Poder Legislativo experimentó “modificaciones sustanciales” en las disposiciones permanentes del proyecto de Nueva Constitución. Y luego de un triunfo plebiscitario en ese sentido, es prácticamente seguro que en las elecciones siguientes inmediatas se repita la misma mayoría, con el objeto de lograr que la Nueva Constitución se pueda traducir efectivamente en leyes que la apliquen.

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Más desconcertante aún –si cabe la expresión- es que con dicha inédita disposición transitoria la Convención permitirá –en caso que gane el Apruebo- que en los próximos cuatro años el “bloque consensual” de los 30 años (Derecha + Ex Concertación) pueda reformar la Nueva Constitución como quiera, utilizando para ello los dos tercios que posee tanto en la Cámara como en el Senado. Recordemos que con dicho quórum no se requerirá un plebiscito ratificador para reformas de ese tipo. Y que, al menos, ya se expresó unanimidad de pareceres, desde republicanos hasta socialistas, en favor de conservar el Senado en su forma tradicional.

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Peor aún ha sido el hecho de que, al no haber elecciones parlamentarias inmediatas luego del eventual triunfo del Apruebo, no sólo se estará impidiendo que haya un Congreso con mayoría favorable para concretizar efectivamente la Nueva Constitución en leyes; sino que junto con ello ¡se asegurará que el gobierno de Boric no tendrá mayoría parlamentaria para poder implementar realmente su programa de gobierno!

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Y tan sorprendente como todo lo anterior ha sido el hecho de que el conjunto de los partidos políticos –de Gobierno y de oposición- y la generalidad de los medios de comunicación ¡han callado y ocultado algo tan trascendente! Esto ya nos da un hilo para llegar a la trama. Esta es que cuando se efectúa una gran concesión política es natural que ambas partes (quien “regala” y quien es “regalado”) traten de mantenerla lo más oculta posible frente a la opinión pública. Ya que se trata, en definitiva, de un monumental engaño que a ninguna de las partes le conviene que se sepa.

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Y desgraciadamente en la historia reciente de Chile tenemos ya varios precedentes en este sentido. Partiendo por el regalo de la mayoría parlamentaria a la futura oposición de derecha que efectuó el liderazgo de la Concertación a través de la Reforma Constitucional acordada y plebiscitada en 1989; a la vez que le proponía al pueblo grandes reformas legislativas que, en virtud de dicho regalo, no podría realizarlas. Y esto luego complementado con ¡el lento pero inexorable exterminio de los medios escritos de centroizquierda efectuados por los gobiernos de la Concertación en la década de los 90, a través de la discriminación del avisaje estatal!; y –entre muchas otras cosas- por la tenaz negativa de sus sucesivos gobiernos a indemnizar al dueño del confiscado diario “Clarín” (Víctor Pey) por la dictadura, quien se había comprometido a relanzarlo. Todos estos gigantescos “regalos” de la Concertación han podido ser comprendidos gracias al descarnado reconocimiento de la derechización del liderazgo de la Concertación efectuado por su principal ideólogo, Edgardo Boeninger, en un libro que publicó en 1997 (“Democracia en Chile. Lecciones para la Gobernabilidad”; Edit. Andrés Bello).

 

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En efecto, Boeninger confesó que a fines de los 80 del siglo pasado, aquel liderazgo llegó a una convergencia con el pensamiento económico de la derecha, “convergencia que políticamente el conglomerado opositor no estaba en condiciones de reconocer” (p. 369); y que “la incorporación de concepciones económicas más liberales a las propuestas de la Concertación se vio facilitada por la naturaleza del proceso político en dicho período, de carácter notoriamente cupular; limitado a núcleos pequeños de dirigentes que actuaban con considerable libertad en un entorno de fuerte respaldo de adherentes y simpatizantes” (pp. 369-70).

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Así, una similar “convergencia” llevó el 15 de noviembre de 2019 a concordar entre la derecha y la “centroizquierda” (ahora aumentada con el Frente Amplio) la aprobación de una nueva Constitución a través de una convención que -sí o sí- se haría con un antidemocrático quórum de dos tercios; y que luego de ser aprobada por su mayoría de “centroizquierda” con disposiciones profundamente reformistas, solapadamente se entregaría –en caso de confirmarse en el plebiscito próximo- al virtual veto de la actual mayoría parlamentaria de derecha…

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Por si lo anterior fuese poco, el gobierno de Boric también se ha conformado con la insólita prórroga del actual Congreso que le impedirá disponer de mayoría parlamentaria para hacer efectivo su programa. Asimismo, no ha manifestado ninguna intención de terminar con el virtual monopolio de medios de comunicación de derecha; y, peor aún, no ha dado hasta la fecha ninguna indicación de cumplir con el fallo de la Justicia española –o de allanarse a llegar a un acuerdo- de indemnizar a los herederos del dueño de “Clarín” (de nacionalidad chileno-española) para que este pueda relanzarse; rompiendo así al menos con el monopolio de la prensa diaria de la derecha.

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En suma, en este contexto poco importará un triunfo del Apruebo o del Rechazo en el próximo plebiscito. En ambos casos, el futuro legislativo chileno se definirá necesariamente con el mismo esquema de “los 30 años”: Un “consenso” entre la “centroizquierda” y la derecha, en que esta última tendrá que dar su aprobación para todo cambio, el cual obviamente no será para sustituir el “modelo chileno” impuesto por la dictadura…

 

 Por Felipe Portales                             

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Historiador y sociólogo

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  1. Serafín Rodríguez says:

    Tal como dice un meme que circula en internet, «Lo que al final del día se aprobará, gane la opción que gane el 4/S, será la Constitución que se escriba con la mano derecha y el mango del sartén.*

  2. Gino Vallega says:

    Tiene toda la razón, SR. Portales. El increíble error de dejar a los «señores políticos30años»hacer las leyes para este magnífico articulado que es la NC , la deja y deja al pueblo en manos de «los que nos trajeron hasta aquí» para que la destrocen y equiparen a la pinochet-lagos.Creería que los grupos convencionales Socialistas y FA influyeron poderosamente en esta intencionada acción y afuera están cooperando a convertir el juvenil gobierno de Boric en Jovatos de la vieja política.

    • Serafín Rodríguez says:

      Ningún error! Todo muy bien planeado. Además, de «magnífico» el articulado sólo tiene el papel en que está envuelto porque sin financiamiento con las riquezas naturales entregadas a la explotación privada, la impleementación de los famosos derechos sociales es virtualmente imposible.

  3. Margarita Labarca Goddard says:

    El Rechazo o el Apruebo , le convienen a Boric. El Rechazo porque no podrá hacer nada por culpa de los que votaron Rechazo. El Apruebo porque dejaron vigente al Senado hasta 2026, por lo cual nunca tendrá mayoría parlamentaria para dictar las leyes que concreten la Constitución. En suma, con toda calma y con argumentos muy bien fundados, le podrá echar la culpa al empedrado y librarse él de culpas.

    • Serafín Rodríguez says:

      La explicación que da la Sra. Margarita parece tener sentido. Sin embargo no responde al fondo de la cuestión, algo que tampoco hace el profesor Portales en su artículo. La gran pregunta que hasta ahora nadie parece haber respondido es por qué la CC mantuvo al actual Congreso Nacional en funciones hasta marzo del 2016, mes que coincide con el fin del mandato del actual Presidente de la República.

      Tal como se ha mencionado, según el Artículo 138 de la Ley 21.200 “la Nueva Constitución no podrá poner término anticipado al período de las autoridades electas en votación popular, salvo que aquellas instituciones que integran sean suprimidas u objeto de una modificación sustancial”.

      Si se examina la propuesta de nueva Constitución, es perfectamente posible argumentar que tanto el Congreso Nacional como la Presidencia de la República han sido objeto de modificaciones sustanciales —el Congreso en cuanto a estructura y la Presidencia en cuanto a atribuciones y su relación con el nuevo poder legislativo propuesto.

      Por tanto, si la CC hubiera intentado poner término a las autoridades del Congreso, algo que habría afectado los intereses de todo el espectro político, las dos derechas que han co-administrado al país desde 1990 habrían argumentado y presionado con tutto, con todos los medios a su disposición, que también había que ponerle término al Presidente, blandiendo a su favor la posibilidad cierta de una crisis institucional sin precedentes.

      La movida mas adecuada para evitar este eventual catastrófico escenario político era mantener el estatus quo hasta marzo del 2016, que es exactamente lo que hizo la CC.

      En estas circunstancias, quien funca de Presidente —electo mayoritariamente por los votos contra su oponente en el balotaje, con el apoyo electoral del 26% obtenido en primera vuelta, sin mayoría parlamentaria y con distintos grados de disidencia en las filas de su propia coalición política— tendrá que ejercer su cargo “en la medida de lo posible”, independientemente del resultado del plebiscito del 4 de septiembre próximo.

  4. Mónica Fernández says:

    Análisis muy acertado.
    Solo decir que este no fue un proceso constituyente porque el Soberano, es decir el pueblo, no dispuso las normas de funcionamiento de la Convención Constitucional, la que se llamó así, Constitucional, justamente porque fue un proceso que se desarrolló bajo las normas de la actual Constitución.
    El poder constituido al imponer sus normas, usurpó la soberanía popular y el poder constituyente que radica exclusivamente en las y los ciudadanos (en el Soberano). De paso también decir que el poder constituyente mal llamado «derivado» no existe, es solo un invento del gran capital para usurpar la soberanía popular a través del Congreso. El Congreso forma parte del poder constituido y su misión es solo legislar, es decir, hacer las leyes para poner en práctica lo dispuesto en la Constitución.

  5. Serafín Rodríguez says:

    Sólo decir que lo único que realmente cuenta es la verdadera «constitución» del país la cual poco o nada tiene que ver con «el soberano» y «la democracia» —excepto en la medida que se la permite— siino que con la correlación de los factores reales y efectivos de poder que rigen en la sociedad. Todo lo demás es música! Por eso es que suena tan bonita y atractiva. Sin embargo, por ello mismo desvía la atención de lo que realmente cuenta y reduce todo a inútile pataleos de ahorcado.

    Como punto de partia para entender esto, sugiero leerr el siguiente PDF cuyo texto principal va de las páginas 31 a las 65 y que data del año 1856:

    https://norcolombia.ucoz.com/libros/Lassalle_Ferdinand-Que_Es_Una_Constitucion.pdf

    El PDF está escrito en letra bastante grande de modo que no es muy largo. También es de fácil comprensión. Incluso basta leer unas pocas páginas a partir de la 31 para pegarse la cachetá de lo que realmente manda en toda sociedad.

  6. Floirencio Macci says:

    Al final de los finales el sector de la sociedad que se siente pisoteada, explotada, abusada, engañada se sigue preguntando: ¿Quién cometió el error? ¿Qué hacer? porque los de este lado siempre somos muy buenos para denunciar, lamentarnos, quejarnos, que debió ser así …que debió ser asá y ahí quedamos » dando vueltas como mojones en el agua» y pasarán los siglos de los siglos …Amén

    • Serafín Rodríguez says:

      Si «el sector de la sociedad que se siente pisoteada, explotada, abusada, engañada» no sabe qué hacer, no hay nada que hacer.

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