
El plan neoliberal de recortes en programas sociales vía endeudamiento del Estado
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El gobierno de José Antonio Kast ha solicitado autorización para aumentar el endeudamiento del país en hasta US$ 6.200 millones. El dato es objetivo. Pero lo relevante no es el número, sino la operación política que hay detrás: endeudarse ahora para tener la excusa perfecta, más adelante, y aplicar un plan neoliberal de recortes masivos en programas sociales. Esa es la artimaña.
La mecánica es conocida. Primero se infla el déficit fiscal o se pide más deuda. Luego se anuncia que el Estado llegó a su límite —el famoso 45% del PIB— y que «no hay plata». Finalmente, se aplican recortes quirúrgicos que no tocan a las grandes empresas nacionales ni extranjeras, sino a la salud, la educación, las pensiones y los subsidios del pueblo. El endeudamiento deviene así un arma política.
El gobierno neoliberal y reaccionario de Kast utiliza al Estado para este propósito. Es una estrategia. Se endeuda en nombre del Estado, pero el beneficio final no será para el pueblo. Los recursos seguirán fluyendo hacia la oligarquía empresarial mediante exenciones tributarias, flexibilización laboral y contratos millonarios. El ajuste, en cambio, lo pagarán los sectores más vulnerables. Es una transferencia de riqueza al revés.
En educación, aunque aún no hay decretos firmados, la dirección es clara. La discusión sobre el endeudamiento ya ha sido utilizada por ministros y parlamentarios oficialistas para advertir que habrá que «apretarse el cinturón». Tradicionalmente, ese cinturón aprieta primero en las universidades públicas, las becas, los programas de alimentación escolar. Y los que favorecen a los jubilados. No es una profecía: es el libreto que ya se ensayó en dictadura y en los gobiernos de derecha y socialdemócratas y neoliberales de Europa.
La artimaña tiene un cómplice silencioso: la oligarquía empresarial. Mientras el gobierno pide más deuda y prepara los recortes, las grandes cámaras de comercio y los gremios patronales guardan silencio o celebran la «responsabilidad fiscal». Saben que los ajustes no los tocarán a ellos. Al contrario, cada programa social eliminado es una oportunidad de negocio en salud privada, educación de pago y administradoras de fondos de pensiones.
Mientras tanto, la extrema derecha de los hermanos Kaiser y el Partido Nacional Libertario —que goza del apoyo de las redes de la ultraderecha mundial— presiona desde fuera. No integran el gobierno, pero lo empujan a ser aún más radical. Su crítica a Kast no es por los recortes, sino porque consideran que son insuficientes. Quieren menos Estado en todo, excepto en la represión. Esta disputa entre ultra derechas no cambia el fondo: todas coinciden en que el ajuste lo pague el pueblo.
Los gobiernos neoliberales y conservadores del gobierno necesitan del Estado para endeudarse y para desmantelar lo social del Estado, resultado de luchas populares, pero su discurso ideológico es de odio al Estado. Es una operación de ocupación del poder público con fines privatizadores y de desmantelamiento de la protección social. Endeudar al país es el primer paso de esa operación.
Frente a esta artimaña, es razonable anticipar respuesta social. No porque exista un plan de agitación, sino porque los pueblos no se quedan quietos cuando ven amenazados sus derechos básicos. Marchas, paros docentes, concentraciones en defensa de la salud y la educación son formas previsibles de resistencia democrática. No habrá caos inevitable, pero sí aumento de la conflictividad. Eso no es una amenaza: es un hecho sociológico.
En conclusión, el gobierno de Kast no se endeuda por necesidad técnica pura. Se endeuda para construir la coartada que le permita aplicar un plan neoliberal de recortes en programas sociales. Esa es la artimaña. Y en esa operación, el Estado se convierte en un arma al servicio de la oligarquía empresarial contra el pueblo. Saberlo es el primer paso para no dejarse engañar cuando mañana digan: «No hay plata». El nervio de la guerra es la tributación de las empresas y de los grandes patrimonios del 5% de las familias afortunadas..
Leopoldo Lavín Mujica





