Opinión Política Portada

Plebiscito de salida: Aprobar para decidir por un futuro de lucha social

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La historia es nuestra y la hacen los pueblos

Salvador Allende G.

 

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“ganáremos nosotros,

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los más sencillos, ganaremos,

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aunque tú no lo creas,

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ganaremos”

Pablo Neruda

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Hoy domingo 4 de septiembre como era habitual en la vieja democracia y como ha sido tradicional  en Chile desde el siglo XIX  a la actualidad, las y los ciudadanos asistirán, desde Visviri, en el Norte, a la Villa de Las Estrellas, en la Antártica, al final del mundo, a uno de los miles de locales dispuestos por el Servicio Electoral de Chile, para que depositen un papel, el cual, transformado en un “voto” tendrá impreso la trascendental pregunta: ¿Aprueba usted el texto de Nueva Constitución propuesto por la Convención Constitucional? ante la cual las y los ciudadanos deberán marcar: Apruebo o Rechazo.

Por cierto, algunxs podrán marcar las dos alternativas con lo que el voto será nulo, u otro lo dejarán en blanco. Obviamente, como se estipula en las normas y reglas electorales solo las opciones Apruebo o Rechazo tendrán validez política y serán vinculantes, o sea, obligarán a las autoridades políticas como a las y los ciudadanos a acatar la decisión de la soberanía popular. Al final del día, al atardecer, como también ha sido tradicional y habitual sabremos los resultados. Los medios de comunicación, especialmente, la televisión, dirán que ha sido un gran gesta cívica y que la democracia ha salido fortalecida, independientemente, de cual sea la opción ganadora.

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Todos, sabemos que la gesta electoral del 4 de septiembre solo es una batalla más de la constante lucha política y social que las ciudadanías, sobre todo, las populares y subordinadas, libran en contra de la clase y las elites dominantes. De ninguna manera ni la historia ni la lucha de clases dependen del resultado que se registre en las urnas. Ni tampoco el capitalismo dejará de explotar ni devastar la vida humana como a la naturaleza. Menos que los millones de hombres y mujeres al día siguiente no dejaran de salir a trabajar como lo han hecho durante toda su vida. La vida cotidiana, por cierto, seguirá fluyendo. Pero, esa vida, será muy distinta y se percibirá de manera diferente dependiendo de cual sea el resultado que se produzca. No es lo mismo que gane el Apruebo o que gane el Rechazo.

En efecto, no son lo mismo. Si lo fueran, las y los ciudadanos no debieran concurrir a las urnas y depositar su decisión. Una elección siempre es una decisión por opciones distintas. Esa es la gracia de las elecciones en las democracias. Aunque las opciones pueden ser muy similares, semejantes o parecidas, hay matices o aspectos que hacen la diferencia. Entre el Apruebo y el Rechazo, hay muchas diferencias, que son importantes de resaltar al momento de tomar la decisión. Muchas de ellas son éticas, políticas e ideológicas.

Desde el punto de vista ético-político una opción se elaboró y se sostuvo sobre la violación sistemática de los Derechos Humanos de miles de chilenas y chilenos. La Constitución Política de 1980/2005 fue escrita por un grupo personas que tenían sus manos manchadas de sangre y en sus consciencias la muerte, la desaparición forzosa, el exilio y la tortura de miles y miles de hombres, mujeres, niñas y niños que solo habían creído y hecho suya la idea de que la democracia es el “gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo”. Esa Constitución se ha mantenido, durante 42 años, en nuestra sociedad y, por esa razón, son cientos las y los chilenos que siguen esperando aun saber donde estas los detenidos desaparecidos.

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Por esa razón la nueva propuesta de Constitución, elaborada por 117 de ciudadanxs convencionales, excluyendo las y los 37 convencionales de la derecha y partidarios por la continuidad de la Constitución de 1980, se ha escrito para la defensa y preservación de la vida humana, no humana (animales) y de la Naturaleza. De allí que éticamente es superior a la que se busca derogar.

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Habrá que confrontar y resistir al gobierno neo-neoliberal del Presidente Gabriel Boric que no mira con aprecio a la nueva Constitución. Exigirle que abandone la política de criminalización de la lucha del pueblo Mapuche, que libere a Héctor Llaitul y los presos de la revuelta, etcétera.

 

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Además, la nueva Constitución se construye teniendo como objetivo que nuestra sociedad pueda enterrar y despojarse de todo tipo de racismo, discriminaciones, fobias y otras lacras de prejuicios sociales que las y los chilenos han desarrollado a lo largo de una historia oscura de hombres y mujeres infames en contra de otros y otras solo por ser distintos, por tener un color de piel oscura, el pelo ensortijado o labios gruesos u ojos achinados, u otra opción sexual o de género que las culturalmente aceptables, etcétera. Chile ha sido desde siempre un país autoritario, racista y discriminador, en respuesta a esa amarga historia, las, los y les convencionalistas elaboraron una Constitución que busca instalar nuevos reconocimientos y derechos sociales y culturales que hagan posible la convivencia de todas, todos y todes. Ninguna Constitución había sido escrita con esa perspectiva de integración e inclusión, lo dominante era la concepción patriarcal y racista de la cultura católica occidental. Tal vez, pasarán muchos años y décadas para que los chilenxs asuman ese cambio cultural, pero este es el primer paso. Eso es ya un motivo suficiente, para dejar en el tacho de la basura histórica la Constitución de 1980.

Hoy 4 de septiembre de 2022, a diferencia de ese 4 de septiembre de 1970, cuando triunfó el proyecto popular, socialista y revolucionario de la Unidad Popular y del presidente mártir Salvador Allende G., en el cual se disputaba la posibilidad de construir socialismo y dejar atrás al capitalismo, la actual disputa no es entre socialismo y capitalismo, ni siquiera entre neoliberalismo u otra forma de capitalismo, sino es entre la forma “democracia protegida” y la “democracia liberal”.

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Si este 4 de septiembre triunfa la propuesta de Nueva Constitución, un nuevo régimen político se va a poner en marcha. Lo cual va a implicar un nuevo proceso democratización política en el país.

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Estamos, entonces, ante un cambio de régimen político, ante un cambio en la estructura jurídica del Estado capitalista. Pero, de ninguna manera, el proceso constitucional chileno, enmarcado en los acuerdos políticos del 15 de noviembre 2019, tenía como objetivo la transformación de la estructura socio-económica de la forma de acumulación capitalista. Dicha estructura no fue tocada ni alterada por la Convención, se establecieron nuevas regulaciones, se introdujeron nuevas ideas acerca de la forma como los actores económicos debieran comportarse y regirse, pero el derecho de propiedad privada de los medios de producción y de los bienes comunes no fue modificado. Por eso, la nueva constitución es capitalista y neoextractivista. Esa es su gran debilidad. Y, al mismo tiempo, da cuenta de la fuerza de la dominación y hegemonía del poder de capital al interior de la sociedad chilena.

No obstante, las, los y les convencionalistas, fundamentalmente, los 117, diseñaron en la nueva Constitución un nuevo régimen político democrático: la democracia paritaria. Esta forma democrática es ampliamente superior a la “democracia protegida” diseñada e implementada por los autoritarios del régimen militar, aceptada y mantenida por los gobiernos Concertacionistas (1990-2010) y luego por la Nueva Mayoría (2014-2018).

La “democracia protegida” es un tipo de régimen político destinado a excluir cualquier posibilidad que las fuerzas políticas y sociales, especialmente de los trabajadores  populares logren hacer triunfar un proyecto gubernamental semejante al que triunfó en 1970 con la Unidad Popular y Salvador Allende. Durante 42 años los actores políticos y sociales defensores del capitalismo, tanto de derecha como de la centro-izquierda, sostuvieron y validaron ese régimen. Asociaron el neoliberalismo a la democracia protegida.

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Las ciudadanías conscientes de ese espurio maridaje se retiraron de la democracia protegida y la deslegitimaron, la vaciaron, se opusieron y rechazaron a los partidos y a la clase política representante de ese orden.

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Si este 4 de septiembre triunfa la propuesta de Nueva Constitución, un nuevo régimen político se va a poner en marcha. Lo cual va a implicar un nuevo proceso democratización política en el país.

Una primera manifestación de ese proceso democratización será la “vuelta” de las y los electores, de las y los ciudadanos, a los procesos electorales. Este proceso ya está en marcha, se verificó en la segunda vuelta presidencial del año 2021, pero su antecedente inmediato está en el plebiscito de entrada de octubre 2020 como también en la elección de convencionalistas de mayo de 2021. El cambio de reglas y normas procedimentales abrieron las puertas a las y los no electores, pues, la paridad (elegir igual número de hombres y mujeres); la confección de listas de independientes y como los escaños reservados para los pueblo originarios, fueron, a pesar de ciertas limitaciones, una apertura democrática.

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La lucha contra la dominación capitalista neoliberal entrará en otro ciclo. Habrá que defender la nueva Constitución de los intentos de la clase política del orden por “reformarla”, por hacerla más cercana a sus intereses que los interés y prioridades de las ciudadanías populares.

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Esas normas, que van a merecer su ampliación en el futuro, están consideradas en la nueva Constitución. Como también la iniciativa de ley popular, entre otras. Muchas aspectos de una democracia plena tendrán que irse incorporándose en el proceso democratización que se abrirá de imponerse el 4 de septiembre la nueva constitución. Lo fundamental será derrotar a la democracia protegida, que durante 32 años mantuvo relativamente encerrados a las ciudadanías nacionales en un regimen que desde 1997 ha vivido en crisis.

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El ciclo histórico y político que se abrirá este domingo 4 por la noche no cierra el proceso abierto por las masas de ciudadanías rebeldes de octubre de 2019 sino que nos situará en otro escenario, no obstante, la lucha de clases será igualmente intensa si gana el Apruebo o el Rechazo.

La lucha contra la dominación capitalista neoliberal entrará en otro ciclo. Habrá que defender la nueva Constitución de los intentos de la clase política del orden por “reformarla”, por hacerla más cercana a sus intereses que los interés y prioridades de las ciudadanías populares.

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Habrá que confrontar y resistir al gobierno neo-neoliberal del Presidente Gabriel Boric que no mira con aprecio a la nueva Constitución. Exigirle que abandone la política de criminalización de la lucha del pueblo Mapuche, que libere a Héctor Llaitul y los presos de la revuelta, etcétera.

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Habrá exigir en las calles la convocatoria a elecciones de nuevas autoridades, especialmente, de las y los parlamentarios, para que el triunfo de la nueva Constitución no sea robado en el Parlamento.

Hoy se cierra un proceso, pero, , la lucha por una sociedad justa, igualitaria, democrática y ecosocialista se mantiene.

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Por Juan Carlos Gómez Leyton

San Joaquín, 3-septiembre 2022

®JCGL/jcgl

 

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Dr. en Ciencias Sociales y Política Director Académico, CIPPSAL

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  1. Hay que apurarse a guardar estos documentos históricos, que certificarán en el futuro mediato (sino inmediato) quienes serían los responsables políticos de llevar a los trabajadores a la masacre, en el caso de que tuvieran alguna mínima influencia en el campo de los explotados. Digo que hay que apurarse, porque no vaya suceder como pasó con los artículos elogiosos de Labarca Goddard a la Siches de hace solo unas semanas, los cuales misteriosamente desparecieron del sitio allendista werkenrojo. Un compa me decía que el PS siempre tuvo una facción stalinista en su seno. Después de mucho estudio y experiencia, no tengo duda alguna: se trata de los allendistas.

  2. Hay que tener siempre claro que la abstención + voto nulo ya fue la opción mayoritaria en oct 2020 (51%) y mayo de 2021 (61%). Los regímenes dictatoriales y bonapartistas siempre «repiten votaciones cuando el pueblo se equivoca». La democracia burguesa vigente comparte esto con los regímenes anteriores mencionados. En ambos casos también, se repiten los métodos de despolitización de masas mediante «recitales» y campanhas llevadas a cabo con todos los recursos del estado patronal. Si hoy triunfa el apruebo masivamente y sin gran abstención o voto nulo, hay que tener en cuenta siempre esto. Y no olvidar tampoco que entre oct 2019 y marzo de 2020 el 90% del país (con mayoría abrumadora de trabajadores explotados) luchó contra los 30 anhos y por eliminar las AFP, con marchas politizadas de 2 millones y asambleas territoriales por todo el país (incluso en los pueblos más chicos).

  3. Felipe Portales says:

    Lo más triste es que hoy culmina el enésimo engaño de nuestra «centroizquierda» desde 1989. Haber hecho -en conjunto con la derecha- un proceso que parece muy democrático pero que no no lo es en absoluto. Un remedo de Asamblea Constituyente imposibilitada de aprobar democráticamente (por mayoría) un nuevo texto constitucional, dado el quórum de dos tercios (¡que hoy todos han reconocido que es antidemocrático!, con ocasión de los nuevos quórums de reformas estipulados por la «nueva Constitución»; y por los aprobados recientemente por el Congreso para la actual…); y, lo que es peor, que le ha regalado (de forma insólita e inédita en los procesos constituyentes mundiales) a la derecha para los próximos cuatro años la mayoría parlamentaria para que ella finalmente disponga la concretización legislativa de la nueva Constitución, en caso que triunfe el «Apruebo»…

  4. Don Felipe .
    Siempre le he leído con respeto, aunque desde hace algún tiempo se me viene produciendo un agotamiento ante su pesimismo que ya parece una obsesión compulsiva .
    Posturas como la suya no ayudan en nada en la lucha que libramos….sus argumentos y analisis son las que en definitiva llaman a la desconfianza permanente y promueven el inmovilismo que termina favoreciendo a los que han manejado el país desde su posición del poder ,ello acrecentado durante la dictadura civil militar.
    Como la ultraizquierda durante el periodo del presidente Allende ,nada le parece bien …me pregunto Que propone que tenga correlato con la realidad ?

  5. Felipe Portales says:

    Estimado Herman:
    Simplemente me limito a constatar los hechos y procesos históricos. Después de cinco gobiernos de «centroizquierda» desde 1990 se legitimaron, consolidaron y perfeccionaron por muchos años las AFP, Isapres, Plan Laboral, ley minera, LOCE-LGE, universidades privadas con fines de lucro, un sistema tributario que permite gigantescas evasiones de impuestos (vía «elusiones») de los más ricos, etc. etc. El constatar aquello no es «pesimismo», es realismo. Y no porque usted u otros no quieran verla va a dejar de existir. Para qué hablar de la destrucción total que hicieron los gobiernos concertacionistas de TODA la prensa de centroizquierda; ¡ignominia que todavía casi nadie sabe que se hizo y que nos mantiene HASTA HOY con solo prensa de derecha! Y de los engaños que ya mencioné precedentemente que también han logrado ser invisibilizados para la generalidad de la población por el mismo liderazgo de «centroizquierda» ahora ampliado hasta el FA. ¡Claro que es más cómodo y «grato» hacerse el leso, pero ello no nos va a conducir en absoluto a terminar con la sociedad (ya no solo «modelo») neoliberal en la que vivimos y padecemos (y una significativa minoría que la disfruta egoistamente), independientemente de que queramos o no asumir nuestra realidad.

  6. Felipe Portales says:

    Y para avanzar efectivamente en cualquier orden de cosas (¡más en política!9 es fundamental PARTIR con el mejor y más desapasionado diagnóstico de la historia y de la realidad actual. Mientras no lo hagamos en serio, seguiremos ilusionándonos con lo primero que veamos, para desilusionarnos pronto y volver a ilusionarnos, siguiendo un círculo vicioso como estuvimos durante 30 años…

  7. Serafín Rodríguez says:

    Lo único cierto es que somos um país muy extraño. Si se lo piensa bien. hoy realmente votamos «Apruebo para rechazar» o «Rechazo para aprobar». Raro.

  8. Felipe Portales says:

    Serafín: Como lo dijeron hace unos años nuestro recordado Ricarte Soto y José Maza, Chile es la Corea del Norte del capitalismo, sin siquiera tener una centroizquierda. Desde 1989 la Concertación-Nueva Mayoría-Frente Amplio han legitimado, consolidado y «perfeccionado» el modelo neoliberal impuesto por la dictadura, incluyendo la destrucción de TODOS los diarios, revistas y canales de TV de centroizquierda o -en el caso de TVN y de la «U»- que pudieron incluir una crítica democrática de la dictadura. Y defendieron a Pinochet, continuaron privatizando todo lo que pudieron y contribuyeron a reforzar una mentalidad individualista, materialista y consumista. Y engañándonos sistemáticamente hasta hoy mismo. La verdad, no debiese extrañarnos tanto este resultado, puesto que un eventual triunfo del «Apruebo» -dado el nuevo regalo de la mayoría parlamentaria a la derecha- no habría significado nada sustancialmente distinto. La farsa comenzada el 15 de noviembre de 2019 -para neutralizar la revuelta o estallido social- ha culminado hoy.

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