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Chile Rechaza, extiende la crisis y posterga el conflicto

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El triunfo de la opción Rechazo es, en rigor, un portazo en las narices a cualquier pretensión de cambio constitucional y nos trae a la memoria aquella frase de un senador socialista, pensar en un cambio constitucional es fumar opio. El resultado del plebiscito cierra, en lo inmediato, una salida política a la crisis que se vive en Chile. Clausurar lo político en medio de una grave crisis como la actual es una idea peligrosa de imprevisibles consecuencias.

 

Cuando se produjo en Chile el llamado estallido social en octubre 2019 y, como un modo de detener dicha crisis se propuso al país un Acuerdo por la Paz Social y la nueva Constitución (15 Noviembre 2019). Conviene recordar estos antecedentes y plantear la pregunta, ¿cuando hoy se clausura la posibilidad de una nueva constitución… se está aboliendo, también, toda posibilidad de paz social?

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Tal como anunciaban la mayoría de las encuestas, se ha impuesto la opción Rechazo a la nueva constitución en el llamado plebiscito de salida este domingo 4 de septiembre. Sin duda, este resultado cambia por completo el panorama político chileno para los próximos meses y años.

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El triunfo del Rechazo representa, en primer lugar, un duro golpe para el presidente Gabriel Boric. De hecho, es su mayor fracaso político desde que asumió el gobierno. Para el gobierno de Boric, la apuesta por el proceso constituyente fue uno de los ejes de su campaña y un compromiso de su administración. Pensar en proponer otro proceso constituyente no solo es inútil sino un magro placebo para calmar la frustración de amplios sectores de la sociedad chilena que se debate entre el reformismo y la insurrección. A la luz de los resultados en el plebiscito, la cuestión ahora es si este gobierno posee la fortaleza política para sostenerse.

 

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En concreto, sin una nueva constitución, y con un senado adverso, muchas de las medidas y promesas de Boric se desvanecen como palabras al viento, convirtiendo su gobierno en un débil “pato cojo” incapaz de cumplir su programa, acaso incapaz de terminar su periodo presidencial.

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El triunfo de la opción Rechazo es, en rigor, un portazo en las narices a cualquier pretensión de cambio constitucional y nos trae a la memoria aquella frase de un senador socialista, pensar en un cambio constitucional es fumar opio. El resultado del plebiscito cierra, en lo inmediato, una salida política a la crisis que se vive en Chile. Clausurar lo político en medio de una grave crisis como la actual es una idea peligrosa de imprevisibles consecuencias.

 

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El proceso constituyente inaugurado con el estallido social del 18 de octubre de 2019 ha sido interrumpido por el rechazo ciudadano. Surge la inquietud por saber si aquel reclamo vehemente que incendió las ciudades del país, volverá a adueñarse de las calles.

 

Como una ironía de la historia, el Rechazo se impone un 4 de septiembre, dia del triunfo de Allende y antesala de un aniversario más del golpe militar de 1973 el 11 de septiembre. Estas fechas marcan el imaginario trágico de Chile y no resultaría extraño presenciar el inicio de un nuevo estallido social por estos días.

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Reclamar un “triunfo” a propósito del resultado en este plebiscito es una ingenuidad política mayúscula. Lo cierto es que este “triunfo” alcanza apenas para postergar un deseo profundo de cambios en el país. La sociedad chilena se encuentra fracturada, polarizada y en una efervescencia permanente que hace impensable restituir un mínimo estado de consenso.

 

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Bien visto, el Rechazo es lo que en política se llama un “triunfo pírrico”. Por su propia lógica rechazar no es proponer una solución alternativa sino, evitar que se imponga la del adversario. En este sentido, se trata de un triunfo que no pacifica los espíritus, mas bien al contrario, solo posterga el conflicto. Un triunfo, en fin, que solo ofrece una calma aparente antes de la tormenta.

 

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Entre lo poco que se puede rescatar de este fallido proceso constituyente es que han caido las máscaras de toda la clase política. Personajes y personajillos han mostrado su faz ante el dilema propuesto, así, muchos que posaban de “demócratas” optaron por el Rechazo, uniendo su destino a lo peor de nuestro pasado.

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Por Alvaro Cuadra

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  1. Se sacaron las máscaras : el pueblo de Chile no es progresista, es conservador y «bieneducado por los cívico-militares», cercano al neofascismo (1a vuelta presidencial, primero, Kast! y segundo, Boric.) Aquellos disfrazados de «centro chamullo» son conservadores de tomo y lomo, como los DC y se suman a la derecha dura, que los mira en menos por chupamedias.

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