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Plebiscito Constitucional: Un cierre al futuro sin ganadores

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En menos de dos horas desde el cierre de las mesas electorales, ya se supo este domingo 4 de septiembre que el rechazo a la nueva constitución era irreversible. El resultado superó todas las encuestas, con más de un 60 por ciento y más de 7,8 millones de votos en la elección más masiva de la historia política chilena, con casi 13 millones de electores.

 

Por la contundencia de los números, y por la coyuntura política inserta en una crisis estructural desde el 2019, el resultado del plebiscito ha golpeado a las organizaciones y sectores que impulsaron la nueva constitución pero de forma intensa al gobierno de un Gabriel Boric desde sus inicios relacionado con el proceso constituyente.

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No pocos analistas han dicho, tal como lo anunciaron con antelación semanas atrás, que el plebiscito constitucional de salida sería también un mensaje al gobierno. Si esta interpretación es correcta, también es la observación de una derecha que se apropia de este resultado, tal como anoche lo hizo el excandidato presidencial José Antonio Kast, aparecido a la luz pública tras varios meses de silencio.

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A pocas horas de conocerse el demoledor resultado para los exconvencionales, para el gobierno, para los gestores del apruebo, para las organizaciones sociales que levantaron las propuestas incluidas en la malograda nueva constitución y para la izquierda en en general, el primer escenario que se asoma es la búsqueda de los responsables del estrepitoso fracaso.

 

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Hoy será el día de la gran polvareda que tardará un tiempo en decantar. Una noche, o día, “de los cuchillos largos” que tendrá efectos en el inminente cambio de gabinete. Una purga empujada desde sectores de la exconcertación contra sus aliados en el gobierno. Observadores, periodistas y analistas escriben en twitter que el gobierno integrará rostros conocidos en los ministerios, lo que es un regreso en toda regla de la vieja Concertación. No estaríamos lejos de otra versión de la Nueva Mayoría, lo que implicaría una parálisis en la canalización de las escasas demandas sociales recogidas por Gabriel Boric.

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El discurso del presidente en la noche del domingo nos da una pauta sobre lo que viene desde del 4 de septiembre. Anuncia que su voluntad es continuar con el proceso constituyente, pero también invita a participar en su elaboración al Congreso, una de las instituciones más desprestigiadas por sus palmarios actos de corrupción. Su llamado a la unidad es también una clara señal a una nueva entrega a la agenda de una derecha hoy fortalecida y soberbia. Desde los republicanos a los amarillos hasta la “centroizquierda por el rechazo” reclamarán su mérito por los casi ocho millones de votos.

 

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Como puede constatar cualquier observador medianamente interesado, el gobierno de Boric se acercó al establishment político desde el verano pasado durante la conformación del gabinete y la entrega de Hacienda a Mario Marcel. Pese a ello, la oposición ha sido implacable desde el mismo 11 de marzo pasado. Un proceso diario amplificado y fortalecido por la gran corriente mediática que ha desarticulado la agenda gubernamental para incorporar la agenda de la derecha. El conflicto entre el estado chileno y el pueblo mapuche, hoy militarizado nuevamente, la detención del líder Héctor Llaitul, la postergación y olvido de los presos de la revuelta o el apoyo sin matices a la dirección del cuerpo de Carabineros pese a los antecedentes de violaciones a los derechos humanos durante la revuelta. Antecedentes para los primeros seis meses de gobierno que a partir de hoy, con una derecha fortalecida, se reproducirán en muchos otros frentes. Con el resultado de la votación la derecha no necesitará negociar con el oficialismo sino relevar su propia agenda a partir de los temas levantados durante la campaña del rechazo. Un gobierno debilitado que podría continuar en las cuerdas durante los tres años que restan.

 

Por qué ha sucedido esta catástrofe. Es fácil echarle la culpa a la izquierda, pero es también natural hacerlo en cuanto tiene en todo el espectro la representación política de las demandas populares. Y está también hoy con fuerza la búsqueda de responsables en la Convención. Comentarios de periodistas y observadores apuntan a convencionales que levantaron las demandas de sus propias identidades sin tener en consideración que aquellas molestaban a no pocos sectores de la sociedad chilena. No habrían estado las condiciones para la elaboración de una constitución sobre la base de las corrientes de cambio, como la paridad de género, la plurinacionalidad, el respeto de la naturaleza sobre el lucro o el mismo estado social de derecho.  Una acusación tal vez injusta en cuanto estas constituyentes fueron elegidas y elegidos en votación popular.

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La interpretación más simple para explicar la debacle ha sido la millonaria campaña de mentiras levantada y difundida a través de los medios de comunicación de masas por las derechas. Por cierto que ha sido influyente, pero no es el único factor. Porque es de gran complejidad interpretar que el Rechazo ha ganado en prácticamente todas las comunas de Chile. En comunas pobres de la Región Metropolitana, como La Pintana o Cerro Navia ganó, así como en La Araucanía o en Petorca, una comuna que sufre la escasez de agua por las plantaciones de paltas. Una votación que pasa por encima de los factores de clase y por las conciencias sobre sus reales identidades.

 

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El plebiscito de salida contó con casi 13 millones de electores, con casi 4 millones y medio más que para la segunda vuelta presidencial. Una gran masa electoral que no votaba por razones más o menos complejas para el análisis de cientistas políticos y sociólogos. Una masa que se levantó de su cama para evitar ser multados pero que no tiene ningún interés en el debate ni en el curso de la política.

 

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En una primera observación, estos nuevos votantes se expresaron ayer como conservadores y profundamente temerosos a los cambios. Es el Chile de décadas de neoliberalismo, con personas adaptadas y preparadas para la competencia diaria en el mercado. Son individualistas e incapaces de comprender que los cambios propuestos en la nueva constitución los beneficiaban a ellos. En este punto, la izquierda sin duda tiene una gran responsabilidad por su incapacidad o desidia capaz de informar a estos electores.

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Los grandes derrotados van desde el gobierno a todas las izquierdas. Pero el triunfo del rechazo y las derechas es también una ilusión que no tendrá más efectos que sus réditos políticos en el inmediato y corto plazo. Chile continúa en una crisis que se ahondará aún más con las consecuencias de la escena internacional. El plebiscito de este domingo no ha resuelto ninguna de las demandas que saltaron el 2019. Hemos retrocedido varios años.

 

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Por Paul Walder

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Periodista

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  1. Felipe Portales says:

    Lo bueno de todo esto es que nos desengañaremos más prontamente de la nueva farsa urdida inteligentemente por las dos derechas el 15 de noviembre de 2019, con la finalidad de neutralizar la revuelta social. En pocos meses más nos daremos cuenta de que todo seguirá básicamente igual. En cambio, con el solapado e inédito regalo anticipado que la CC le hizo a la derecha de la mayoría parlamentaria, ¡para el caso que ganase el «Apruebo»!, nos iba a llevar varios meses e incluso años comprender que todo seguiría básicamente igual cuando se sintiese el peso de la mayoría parlamentaria de derecha, bloqueando toda modificación real del modelo neoliberal, al intentar hacerse la concretización legislativa de las disposiciones progresistas de la nueva Constitución.

    • Don Felipe Portales, he leído por mucho tiempo sus comentarios y realmente usted trató de explcar lo que se pretendía con todo este embrollo por parte de la derecha y de la otra derecha con respecto a lo que pretendía un «pequeño» grupo de chilenos conscientes que por mucho tiempo se habían dado cuenta del daño que le estaba haciendo este sistema a la conciencia de la gente, pero, don Felipe, el daño realmente está hecho y el lavado de cerebro a las nuevas generaciones, por 47 años, cumplió su objetivo. Es decir, las nuevas generaciones no quieren cambio de sistema, sólo queren reformas para encarar más suavemente este sistema y esto se comprobó con el resultado del plebiscito,
      Ahora, don Felipe, quiero encararlo haciendole unas preguntas: ¿qué sistema social, político y económico quiere usted realmente para Chile? Una Social Democracia con un Estado fuerte o débil? ¿quiere usted realmente que el Estado se haga cargo de la explotación de nuestras riquezas naturales, o usted quiere que los capitales privados, nacionales y extranjeros, lo hagan? ¿quiere usted que el Estado se haga cargo de entregar las necsidades para el desarrollo de los chilenos, como todos los países desarrollados lo hacen, o quiere usted que todo esto lo haga el sector privado, como la educación de calidad, la salud, la previsión, etc, una previsión Estatal como la tienen todos los uniformados y la policía civil? En suma, ¿qué labor, en su opinión, debe ejercer el Estado en esta democracia chilensis? Si es que usted me contesta, quiero saber a que se debe su lucha en contra de este sistema y que sistema usted favorece. De antemano, muchas gracias y mil perdones si no he entendido su constante lucha.

  2. Renato Alvarado Vidal says:

    Ciertamente la millonaria campaña publicitaria de la derecha no es el único factor, pero creo que tuvo mayor peso de lo que estima el señor Walder, ya que de otro modo resulta más bien cómico que los adultos mayores hayamos votado por mantener pensiones de hambre y que las mujeres hayan rechazado la constitución feminista. En todo caso, creo que fue más relevante el carácter «post moderno» del texto propuesto, ya que las legítimas demandas de los grupos de interés representados en la CC, no lograron integrarse en un «sueño compartido y deseable» para el conjunto de la población y algunas de sus expresiones resultaron indigestas para la mayoría, pienso en la autonomía indígena o el protagonismo de las variantes sexuales, o bien fueron excesivamente académicas, como fue erigir al «patriarcado» como enemigo principal.
    Ahora es muy posible que el tema constitucional pierda relevancia más rápido de lo que esperaríamos y que una derecha política envalentonada por su triunfo se dedique más bien a acorralar a un Gobierno desconcertado y que ya venía virando raudo a estribor desde mucho antes de esta derrota.

  3. ¿Un cierre al futuro sin ganadores, don Walter? Me parece que usted sigue hue viando, don Walter. Estoy completamente seguro que los componentes de la verdadera derecha todavía se están agarrando la guata de tanto reírse. Asi que no hay ganadores, señor, dáme tu fortaleza.

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