Opinión Política

Un nuevo acuerdo constitucional por la democracia de Chile

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El acuerdo constitucional por Chile firmado este 12 de diciembre por las distintas fuerzas políticas del congreso, a excepción de la nueva derecha negacionista, liderada por José Antonio Kast, no solo es una buena noticia para quienes creemos que solo con un cambio constitucional democrático se podrán generar las bases para un nuevo pacto social en el país, sino que también hacerse cargo de manera responsable de un momento histórico, que no podemos dejar pasar y postergar para el futuro.

De ahí que se conformará un nuevo consejo constitucional de carácter paritario y con escaños de pueblos originarios, el cual tendrá 50 constituyentes elegidos democráticamente, bajo las mismas reglas del senado, y que será acompañado tanto por una comisión de 24 expertos designados por el congreso, que elaborarán un anteproyecto, como también por un comité técnico compuesto por 14 personas, que velarán por el cumplimiento de 12 bases constitucionales (1).   

Dicho lo anterior, si bien este nuevo proceso podrá ser más limitado en términos democráticos que el anterior, dado el excesivo rol que tendrán esos expertos designados y el comité técnico, no firmar el acuerdo, como algunos sectores estaban pidiendo, era negarle a Chile la posibilidad de darle por segunda vez una salida institucional al enorme malestar que aún existe en el país,  

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No debe sorprender entonces, que al igual como pasó con el acuerdo del 15 de noviembre del año 2019, varios sectores de izquierda y provenientes de movimientos sociales, no tardaron en cuestionar este nuevo acuerdo, señalando que fue el resultado de la misma cocina política al interior del congreso, de espaldas a la ciudadanía, por lo que se mantendrán al margen de este nuevo proceso constituyente, tildándolo de traición al pueblo.

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No obstante, verlo así nuevamente, es no darle ningún peso a la enorme derrota que sufrimos justamente por el pueblo de Chile el 4 de septiembre, el cual de manera contundente rechazó no solo un texto y no solo fracasó por la campaña del terror financiada por los grandes grupos económicos, sino también por los errores de una Convención Constitucional que se cerró en sí misma y que perdió cada vez más su conexión con la sociedad chilena.

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Con esto no digo en ningún momento que el proceso constituyente anterior debiera ser tirado a la basura, como los sectores más conservadores han instalado mediáticamente y puesto a la Convención Constitucional como un chivo expiatorio, al tildarlo como mamarracho y como una mera pérdida de recursos y de tiempo para el país.

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Muy por el contrario, de lo que se trata es ver y rescatar todo lo positivo que hubo en él, en muchos de los contenidos y horizontes propuestos en el texto, así como lo histórico que fue, al ser el primer órgano constitucional democrático de Chile, pero también aprendiendo de sus propios límites.

No verlo así, es seguir obstinado desde una trinchera ideológica, que podrá ser muy crítica y coherente internamente, pero incapaz de situarse en el contexto actual y construir puentes para una salida institucional a un país que no resiste seguir teniendo la constitución ilegítima actual, la cual debe ser superada sí o sí, sobre todo considerando que el próximo año 2023 se cumplirán 50 años del golpe de Estado en Chile.

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En consecuencia, la necesidad histórica de que se apruebe una nueva constitución, que seguramente no tendrá muchos de los contenidos vanguardistas de la anterior escrita por la Convención Constitucional, debe ofrecer esta vez un nuevo texto que se conecte mucho más con lo que la gran mayoría de las y los chilenos quieren para sus vidas.

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Por lo mismo, lo que se trata es que esta nueva constitución represente a la gran mayoría del país para que voten masivamente por ella en el plebiscito de salida, por lo que el nuevo órgano debe mostrar mucha más capacidad de diálogo y de llegar a acuerdos, sin caer en descalificaciones y soberbia, como pasó en muchas ocasiones en la Convención Constitucional anterior, en donde no fuimos capaces de poner freno a ciertas formas que no correspondían y que dañaron finalmente el resultado final.

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En definitiva, este 12 de diciembre del 2022 tiene que ser visto como una nueva oportunidad que tenemos como chilenos y chilenas para retomar una discusión constitucional, que a pesar de todas sus limitaciones, igual será histórico para el país, en el caso de aprobarse una nueva carta magna democráticamente, la cual se nos ha negado siempre.

Por Andrés Kogan Valderrama

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Sociólogo Diplomado en Educación para el Desarrollo Sustentable Magíster en Comunicación y Cultura Contemporánea Con cursos de Doctorado en Estudios Sociales de América Latina Profesional de la Municipalidad de Ñuñoa Militante de Convergencia Social

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  1. Felipe Portales says:

    Señor Kogan: ¡No se da cuenta de lo grotesco del acuerdo; y de que significa negar de modo radical la idea misma de la soberanía popular! Si está encapsulado, trate de comunicarse con amigos extranjeros para que se lo expliquen…

  2. Creen todo el mundo es idiota, no entiende nada, como dice un médico español, Miguel Ángel Ruíz, si algo es complicado de entender es falso. te mienten, la VERDAD es algo muy simple y sencillo de entender. Pero basta ver a quienes tenemos, ex sociolistas, que ahora nunca más se habló de la utopía como antes, por algo a la gordis le dieron ese puestazo en esa organización que no sirve,y tantos otros disfrazados . o sea los típicos de café, . Está más que claro que la fórmula que propician , es como llenar un formulario de impuestos internos, donde necesitas un contador para no meter la pata, esta maraña de lo que nos proponen es una verdadera telaraña, para que no entiendas nada con tanta cosa de control, que designados por el parlamento, que por el senado, que éxpertos. comisión de esto y lo otro, etc…. y todo para que no eniendas nada y digan es culpa tuya , o sea la víctima es la que no pùede entender, y por lo tanto es más que tonta. Es que somos unos tontos, que nos merecemos eso, y ellos los que se las saben todas. Estamos fritos, sin remedio, a ellos con sus doctorados en saber nunca podremos alcanzarlos… bueno, los que creían que era llegar, marcar una rayita, ya está bueno que despierten, que nunca será así, o si no ver las historias del mundo con sus cuotas de seres como víctimas para lograr cosas mínimas . Y si no miremos al norte, donde un presidente profesor es catalogado de delincuente y creen el pueblo es tonto. pero ellos sin doctorados ni magisters, sospechan que no era así el acuerdo y que la doña, junto a los más odiados por encuestas como traidores, que tiene hasta un nombre sucio, no les dice la verdad.

  3. Margarita Labarca Goddard says:

    Este es el Acuerdo de la Infamia, lean el artículo de Miguel Lawner, que dice la verdad. Que en Clarín publiquen diferentes opiniones está bien, pero todo tiene un límite. Para leer que este acuerdo es muy bueno, mejor vámonos al Mercurio: se puede leer en línea sin suscribirse, se busca EMOL.

  4. Felipe Portales says:

    ¡Esto puede llegar a ser lo más grotesco en la historia de la humanidad! El diseño es como si los chilenos y chilenas fuésemos unos escolares porros. Entonces, vienen todo tipo de expertos, congresales, etc. que nos hacen bien la tarea y luego nos la pasan para que la aprendamos y la hagamos nuestra. Y finalmente la plebiscitamos para que ¡creamos que hemos sido nosotros los que hemos aprobado la Constitución! Es algo que deja dicho a Kafka, Ripley, Guinness y a todo lo más freak que pueda idearse. ¡Pobre Chile!

  5. Serafín Rodríguez says:

    Kogan no debió haber escrito nunca que «no firmar el acuerdo […] era negarle a Chile la posibilidad de darle por segunda vez una salida institucional al enorme malestar que aún existe en el país» pues como sociólogo sabe perfectamente —o debería saber— que ninguna Constitución puede resolver los problemas que generan el malestar que menciona.

    El enorme malestar que existe en Chile es de naturaleza económica y social, principalmente trabajo, remuneraciones, jubilaciones. vivienda, salud, educación, transporte… Estos fueron los grandes problemas de fondo planteados en las movilizaciones y protestas sociales de octubre del 2019 y semanas siguientes, todo lo cual ha permanecido absolutamente desatendido y agravado por la inflación desatada y la delincuencia que se ha tomado las calles del país. Lo de la nueva Constitución se planteó al poco andar de las mencionadas movilizaciones y la clase política se aprovechó de ello para confabularse y aprobar el famoso «Acuerdo por la Paz Social y la Nueva Constitución» como si la nueva Constitución fuera a resolver los problemas del país a fin de darle la aspirada paz social.

    Lo que ha hecho Kogan es contarnos el mismo cuento a falta de otro mejor. Triste! Muy triste de parte de un joven sociólogo con la formación académica que menciona junto a su nombre.

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