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Rodrigo Karmy: “En los hechos Pinochet nunca murió, se convirtió en el sistema económico y político del país”

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Rodrigo Karmy, destacado académico y doctor en Filosofía de la Universidad de Chile, ha brindado una perspicaz visión de la política en Chile y el impacto de la revuelta de 2019 en esta entrevista. Karmy, cuyos intereses académicos abarcan la filosofía contemporánea y medieval, arroja luz sobre el complejo proceso político que vive Chile.

La revuelta de octubre de 2019, según Karmy, marcó un punto de inflexión en la transición chilena, revelando la violencia e injusticia arraigadas en el pacto oligárquico de 1980. Esta revuelta destituyó ese pacto y cuestionó la legitimidad de las instituciones heredadas.

La entrevista también destaca la falta de organización duradera después de la revuelta, lo que permitió que los poderes económicos y políticos, agrupados en lo que Karmy llama el «partido portaliano», tomen el control y busquen mantener sus privilegios. Esto se refleja en la manipulación del proceso constituyente y la restauración conservadora que ha seguido al plebiscito de 2022.

Finalmente, Karmy aborda la persistencia del pinochetismo en Chile, argumentando que la transición política no logró abordar adecuadamente la justicia y la verdad sobre los abusos de derechos humanos durante la dictadura. La falta de rendición de cuentas y la impunidad han permitido que estos discursos persistan en la sociedad chilena.




 

 

El Clarín: Volvamos un poco atrás para intentar comprender el actual proceso que vive la política chilena. Cómo observas la revuelta del 2019 y de qué manera ha abierto una grieta, o derechamente ha quebrado, otro proceso más largo que tiene sus raíces en la constitución de 1980.  La pregunta es ¿qué sucedió el 2019 y de qué modo se ha desviado o atascado la deriva neoliberal?  ¿Ves un rumbo en este desvío?

 

Rodrigo Karmy: La revuelta popular de octubre fue un punto de inflexión de la transición, de los 30 años, que marcó al modo de un registro histórico un acontecimiento que tuvo el efecto de develar el carácter violento e injusto del pacto oligárquico de 1980.  La revuelta del 18 de octubre lo que hace es visibilizar lo que la imaginación popular en el contexto de la revuelta ha denominado el abuso, ya no como una anomalía de la institucionalidad del pacto del 1980 sino como un orden establecido por la dictadura y profundizado por la democracia.  Aparece directamente como un orden violento y abusador, las instituciones abusan de la ciudadanía, los bancos abusan de la ciudadanía, el sistema de salud abusa. Es decir, el abuso se transforma en la imagen que tiene la revuelta precisamente para impugnar ese mismo orden.

La segunda cuestión que he intentado advertir es que la revuelta tuvo un carácter destituyente,   marcó una suerte de suspensión del tiempo histórico, interrumpió el continuum del orden establecido por el pacto oligárquico, lo que apunta a una tercera característica, que es el agotamiento de ese pacto. Lo que la revuelta hizo fue destituir el pacto oligárquico de 1980 y suspender la eficacia gubernativa e institucional.

Tenemos dos cuestiones importantes aquí. La revuelta visibiliza el carácter sangriento del orden institucionalizado y lo visibiliza porque la revuelta tiene un carácter destituyente, que implica la suspensión del tiempo histórico del continuo de la transición. En este sentido, en tercer lugar, la revuelta fue un momento de intenso pensamiento, el momento en que el pueblo piensa. Porque para pensar tienes que detenerte. Esa suspensión del tiempo histórico, esa interrupción fue el momento en que el pueblo pensó acerca de su propio acontecer, pensó en último término que la institucionalidad del pacto oligárquico de los 80 era una institucionalidad abusiva y que básicamente plantea la pregunta de por qué debíamos vivir así, porqué hablábamos como hablábamos, porqué actuamos como actuamos si las cosas podrían ser eventualmente diferentes. Y una última cuestión, la revuelta fue un acontecimiento de imaginación, de pensamiento y que pone y descalabra a toda la institucionalidad que heredamos del pacto oligárquico.

 

 EC: Una revuelta, un estallido, un momento, pero no un movimiento organizado

RK: Lo que ocurre a partir de eso es que los poderes fácticos de nivel económico y de nivel político que se han beneficiado ostensiblemente con el pacto de 1980, esos grupos económicos y esos grupos políticos, configuran lo que denomino el partido portaliano. Esos grupos económicos y políticos comienzan a actuar muy fervorosamente a través del gobierno de Sebastián Piñera, con violaciones sistemáticas a los derechos humanos, contra los pueblos que protestaban. Comienzan a reaccionar también por una debilidad que tuvo la revuelta, que es justamente la incapacidad de la revuelta de establecer organizaciones que le permitieran sobrevivir en su impulso más allá del momento octubrista.

 

La revuelta es muy organizada para la revuelta, pero no para sobrevivir más allá de ella misma.  Entonces lo que ocurre es que eso genera una tensión interna que hace que los poderes fácticos comiencen a tomar el rumbo de las cosas. Un primer momento de un golpe civil que se da a la revuelta fue el acuerdo del 15 de noviembre. Ese acuerdo lo que intenta hacer es administrar el momento de la revuelta a través de una convención que estaba muy administrada jurídicamente porque dependía de la constitución de 1980 pero sin embargo cuando el acuerdo del 15 de noviembre se cristaliza, la potencia octubrista, lo que podríamos llamar el partido octubrista,  que  había surgido casi de manera espontánea, igual profana algunas cosas de ese acuerdo del 15 de noviembre mostrando posibilidades democráticas respecto del acuerdo, como por ejemplo la instalación de la paridad.

 

El acuerdo funciona como un dispositivo de normalización y de restablecimiento mínimo de un cierto orden favorable a la clase política. Pero lo que empieza a ocurrir es que con las elecciones el partido octubrista tiene su mayor triunfo, que fue justamente destituir a través del voto, una cosa muy anómala, a la clase política tradicional. Particularmente la derecha no alcanza la posibilidad de administrar la convención y la Concertación también obtiene una baja votación. Lo que me interesa de esa primera elección del 25 de octubre no es el hecho de que el partido portaliano configurado por las dos grandes coaliciones, la Concertación y Chile Vamos, aparece con una votación totalmente disminuida, lo cual habla de la destitución del pacto oligárquico que había tenido lugar producto del carácter destituyente de la revuelta. Lo que sucede ahí es un punto de inflexión porque el partido portaliano se da cuenta de que el dispositivo del 15 de noviembre, que había sido establecido precisamente para mantener las prerrogativas de la clase política y al mismo tiempo de los grandes grupos económicos,  no es suficiente para mantenerlas porque la propia elección los había destituido y ellos pierden el control sobre la convención.

 

EC: Es posible observar una reacción conservadora proporcional a la fuerza de la revuelta. Una corriente que llega muy fortalecida a este momento

 

RK: A partir de este momento comienza a intensificarse lo que ya venía dándose desde los primeros días de la revuelta, que es una manufactura de un golpe civil que comienza a fraguarse desde el Congreso nacional, un golpe civil y parlamentario a la nueva instancia de la convención constitucional que intentó por todos los medios convertirse en poder constituyente sin lograrlo por motivos internos a la propia convención y motivos externos. Internos porque hubo fuerzas políticas que terminaron por normalizar el dispositivo de la conversión y parlamentarizarlo, y factores externos que tienen que ver justamente con los grandes grupos oligopólicos chileno y su clase política que desde el Congreso, y particularmente desde el Senado, comenzaron a ejercer un golpe civil y parlamentario que termina precisamente con el fracaso de la convención al año siguiente y el triunfo al rechazo.

 

 

Desde mi punto de vista, el triunfo al rechazo, hace un año atrás, no era más que un resultado del golpe civil y parlamentario que se puso en juego por el Congreso nacional. Porque el congreso disputó con la convención su estatuto de poder constituyente y el Congreso nacional no quiso nunca que la convención se planteara como un poder constituyente.  Por otro lado, la convención se normalizó, se parlamentarizó y no logró constituirse como un poder constituyente. Y eso fue avasallado por el Congreso nacional, por los poderes fácticos en general, que estaban condensados en el Congreso.

Después del plebiscito del 4 de septiembre y el triunfo del rechazo por una amplia mayoría, que tuvo el efecto de dejar al gobierno agónico, a los partidos políticos de la coalición del apruebo también muy debilitada, tuvo también, de manera inversa, el efecto de fortalecer fuertemente a las derechas y a los sectores de centro que apoyaron el rechazo.

 

Ese es el momento en que se cristaliza fuertemente el momento en que estamos, que es el de una restauración conservadora inaugurada en el plebiscito del 4 de septiembre. El proceso constituyente se interrumpe, queda vaciado, y es la clase política la que se pone de acuerdo para expropiar el proceso constituyente generando esta nueva instancia que ya no se llama convención, mucho menos asamblea, sino simplemente consejo constitucional, como dispositivo de restauración de las prerrogativas de la clase política y de los grandes grupos económicos en el sentido de quebrar el proceso constituyente y transformarlo en un simple proceso redactor. El proceso constituyente ya no existe, se difumina, y lo que hay es un proceso redactor expropiado por la clase política.

Sin embargo, es muy interesante que ese proceso esté generando a su vez un rechazo por parte de la ciudadanía, precisamente cuando la ciudadanía cuando vota el 4 de septiembre por la opción rechazo no estaba votando a favor de que los partidos políticos se apropiaran del proceso. Y ese gesto de apropiación es la consumación del golpe civil y parlamentario que da lugar a este consejo constitucional.

El gobierno comenzó a ajustarse exclusivamente a la agenda que determinaba la derecha. Un punto de inflexión que permite explicar el paso de la cita de Allende a la de Aylwin es en el mes de abril cuando el gobierno se niega a dar un quinto retiro y eso es leído, me parece, en el mundo popular como un rechazo a ese mundo popular que había votado por la coalición de Boric.

 

EC: ¿Era posible evitar esta regresión conservadora?

RK:  Este proceso de restauración conservadora podría haber sido mitigado en parte si en la revuelta de octubre se hubiera profundizado la organización de los pueblos de Chile. Pero lo que ocurrió fue que funcionaron dos grandes dispositivos de normalización. El primero fue el jurídico político, que expropió el conocimiento ciudadano y popular para los expertos, y el segundo proceso fue la pandemia que generó una aceleración de los dispositivos de control biomédicos que también redundó en la separación de los cuerpos. Tanto a nivel político como biomédico, el problema siempre fue el contacto entre los cuerpos. Lo que había que hacer era separar los cuerpos. Si se contactan puede generar una revuelta y si en cambio los cuerpos se separan, los aislamos y controlamos. Me parece que los dispositivos jurídico políticos de los estados de excepción implementados por Piñera y el dispositivo biomédico implementado mundialmente, y en Chile a propósito de la pandemia, tenía el mismo objetivo de separar a los cuerpos y administrarlos individualmente. Así el gobierno impidió la sobrevivencia de una posible intensificación del proceso de la revuelta que había tenido lugar en octubre del 2019.

 

Por un lado la revuelta fue un acontecimiento decisivo que planteó una bifurcación en el período de la transición pero al mismo tiempo es una revuelta que no logra articular otro tipo de organizaciones distintas que le permitan sobrevivir en su impulso  en el campo institucional más allá del momento octubrista. Ahora en ese sentido yo diría que ahí se mezcla por un lado la incapacidad de la revuelta de poder consolidar sus propias organizaciones, sus propias formas y al mismo tiempo la fuerte arremetida a través de los grandes dispositivos jurídico político y biomédico para separar a los cuerpos entre sí.  Esa separación de los cuerpos lo que terminó haciendo es profundizando el miedo y restituyendo en último término lo que yo llamaría el fantasma portaliano, que es esta manera que tiene Chile de pensar lo político. En Chile lo político se piensa de manera autoritaria, es decir que los pueblos no pueden incidir en lo político y que lo mejor es delegar lo político en aquellos que supuestamente saben, esa restitución del saber, ese lugar del saber, es precisamente el código con el que funciona el fantasma portaliano.

 

EC: Pasemos a otra idea tuya que es el discurso actual de la derecha, con la restauración conservadora. Un proceso de regresión conservadora que sucede precisamente con un gobierno progresista que plantea transformación, por pequeñas que sean, pero reformas sin duda.  ¿Cómo ves este momento y cómo se articulan o enfrentan estas dos fuerzas políticas?

 

RK: Yo diría que el Frente Amplio, como coalición política, siempre tuvo un problema, que es ser una coalición que sabe ganar elecciones, pero no sabe hacer proyectos políticos. En primer lugar, lo que sucedió en la elección de Boric con Kast, es que la ciudadanía eligió a dos personajes post transicionales porque la revuelta de octubre había destituido a la transición. Ese es un primer dato que se extiende desde la elección presidencial al 7 de mayo pasado. La segunda cuestión es que el Frente Amplio es una coalición que sabe ganar elecciones pero ha carecido de un proyecto político. Me parece que la distancia y la transformación del gobierno pasa por el discurso que da Boric cuando triunfa haciendo una cita del discurso más famoso de Salvador Allende versus el discurso que Boric ofrece mucho tiempo más tarde cuando se inaugura en La Moneda una estatua de Patricio Aylwin. Boric hace un discurso muy elogioso sobre Aylwin durante casi poco más de 20 minutos. La extensión que tienen las palabras sobre Aylwin versus la extensión de las palabras sobre Allende en un principio muestra precisamente la mutación conservadora también dentro del gobierno, una mutación que se debe fundamentalmente al hecho de que la coalición gobernante no tenía proyecto político; tenía programa político pero no proyecto.

Apruebo Dignidad tenía un programa de gobierno pero no tenían un proyecto histórico político. Y al no tener un proyecto histórico y político comienzan progresivamente a ser comandados por el discurso a la derecha.

EC: Y al no tener un proyecto político la agenda la comenzó a determinar la derecha

RK: El gobierno comenzó a ajustarse exclusivamente a la agenda que determinaba la derecha. Un punto de inflexión que permite explicar el paso de la cita de Allende a la de Aylwin es en el mes de abril cuando el gobierno se niega a dar un quinto retiro y eso es leído, me parece, en el mundo popular como un rechazo a ese mundo popular que había votado por la coalición de Boric.  Ese mundo popular también observó el momento en que la convención, cuando redacta la nueva constitución, excluye del preámbulo de la nueva constitución la referencia al estallido social.  Son dos momentos interesantes, donde tanto en la convención como en el gobierno aparece una exclusión de clase sobre el mundo popular y eso hace, me parece, que el mundo popular comience a apoyar a la derecha, tanto en el campo de la convención como respecto al gobierno. Me parece que ahí el gobierno se equivocó completamente porque al rechazar el quinto retiro dejó al mundo popular fuera, sin recursos para hacer frente a una inflación de productos básicos.

 

Apruebo Dignidad tenía un programa de gobierno pero no tenían un proyecto histórico político. Y al no tener un proyecto histórico y político comienzan progresivamente a ser comandados por el discurso a la derecha. Esa es la primera cuestión.  No van a pelear y a disputar la agenda. La segunda, es que el gobierno no construyó mayorías sociales y eso lo ha dejado en un vacío porque ha dejado exclusivamente las prerrogativas en la negociación con el mundo parlamentario reduciendo la democracia y los acuerdos con las mayorías al parlamentarismo, algo que es irreal dejando de lado al mundo social. En tercer lugar, yo diría particularmente que el Frente Amplio siempre fue una coalición que sabía muy bien ganar elecciones pero carecía de una propuesta que fuera más allá de la redacción de un programa. Carecía de un proyecto histórico y político. Me parece que ahí está la mayor debilidad porque la derecha sí tiene un proyecto político, que es precisamente profundizar el statu quo y los privilegios de la clases dominante.

En qué medida el gobierno está dispuesto a hacer retroceder a la oligarquía militar y financiera chilena que se tomó el estado por asalto en 1973. Cómo hacerla retroceder en sus privilegios. ¿Con mayorías sociales y/ o mayorías parlamentarias? Me parece que hubo una falta de mirada estratégica porque es una izquierda que no es izquierda sino un progresismo que es básicamente una suerte de izquierda neoliberalizada que comienza a funcionar una vez en el gobierno como una suerte de Concertación junior.

EC: Un punto complicado. ¿En qué medida estaría la coalición del gobierno dispuesta a enfrentar a la oligarquía?

 

RK: Claro. En qué medida el gobierno está dispuesto a hacer retroceder a la oligarquía militar y financiera chilena que se tomó el estado por asalto en 1973. Cómo hacerla retroceder en sus privilegios. ¿Con mayorías sociales y/ o mayorías parlamentarias? Me parece que hubo una falta de mirada estratégica porque es una izquierda que no es izquierda sino un progresismo que es básicamente una suerte de izquierda neoliberalizada que comienza a funcionar una vez en el gobierno como una suerte de Concertación junior. Justamente me parece que ese es el equívoco del Gobierno. Si nos fijamos bien en las elecciones la gente está votando por actores no transicionales. Si el gobierno pretende reproducir la lógica gubernamental de la Concertación, un poco lo que ha estado haciendo hasta ahora, va a seguir perdiendo apoyo porque la gente votó por Boric porque era algo distinto a los 30 años. Tener una clara conciencia de lo que la revuelta implicó significa tener una clara conciencia de que la revuelta destituyó a los 30 años y por tanto el gobierno que viene después de la revuelta no puede ser un gobierno que intente mimetizarse con la Concertación, que es lo que ha ocurrido a propósito del discurso que da Boric sobre Aylwin. Se diseñó una estrategia de conciliación y neutralización de la oposición, que no ha servido, en vez de pensar una estrategia que vaya más a la disputa política.  Pero hay muchas contradicciones internas, y eso se debe a que la izquierda todavía no ha elaborado un proyecto histórico de largo plazo que permita de alguna manera desensamblar al neoliberalismo.

 

Es un gobierno que en lo fáctico ha gobernado como si fuera derecha. Ya llevamos como el trigésimo estado de excepción en la Araucanía,  se aprobó la ley Naím Retamal, que me parece nefasta, que hace retroceder los derechos civiles  de la ciudadanía, se aprueba el TTP 11  como si fuera la gran novedad.  Entonces se está funcionando igual que la Concertación por un lado y por otro lado se enarbolan discursos contra la dictadura, por la memoria, discursos dirigidos hacia los sectores de izquierda. Pero me parece que cuando Boric dice que una parte de mi quiere acabar con el capitalismo y la otra no, es el reflejo de este gobierno, que por un lado dice que quiere acabar con el capitalismo pero hace cosas para profundizarlo.

Porque en los hechos Pinochet nunca murió, se convirtió en el sistema económico y político del país. El hecho que hoy día el neofascismo haya surgido con fuerza por la restauración conservadora se debe precisamente, no a un problema “simplemente moral” de que la derecha nunca quiso pedir perdón, sino que la derecha en realidad ha triunfado en los últimos  50 años.

EC: Llegamos a los 50 años del golpe de estado en medio de un fortalecimiento de los discursos de la derecha y de sus posiciones políticas. ¿Qué significa y qué alcances tiene la disputa histórica y política del golpe de estado?

 

RK: Lo que veo es que la restauración conservadora busca resignificar los enunciados y hay uno muy claro aquí que es la conmemoración de los 50 años del golpe de Estado. Qué es lo que ocurre cuando ese enunciado es tomado por la enunciación de la restauración conservadora. Lo que ocurre es que adquiere el significado literal de conmemorar los 50 años, de glorificar los 50 años del golpe de Estado. Y eso es lo que está haciendo la derecha, está tomando el enunciado de conmemorar los 50 años de manera completamente literal en el sentido de plantear si conmemoramos los 50 años entonces tenemos que glorificar a nuestros héroes, Jaime Guzmán, Onofre Jarpa, Pinochet.

Diría que este no es un fenómeno aislado del caso chileno, sino es un fenómeno que cristaliza el fenómeno mundial por el cual ha estallado el neofascismo en distintas partes del mundo y eso tiene que ver con dos cuestiones que me parecen importantes. Una, con una reconfiguración de las oligarquías globales en el sentido que las oligarquías tradicionalmente liberales no pueden contrarrestar las sublevaciones que han tenido lugar frente al sistema capitalista.  Entonces esas oligarquías establecen procesos de radicalización, que se cristalizan justamente en la aparición de movimientos neofascistas, que ya no son movimientos tal como era el fascismo histórico que tenía un talante estatal nacional sino que neo fascismos, que tienen un talante económico gestional en la medida en que surgen de las mismas premisas técnicas y políticas del neoliberalismo.

 

El neoliberalismo hoy es precisamente la maquinaria neofascista contemporánea. Sin embargo lo que sucede con el neofascismo en Chile, que está teniendo un lugar muy importante en la escena electoral  y en la escena política, hay que ver si podrá capitalizar el tema de la nueva constitución que le permita convertirse en un trampolín para la presidencial. Porque es muy probable que la nueva constitución, con todas las enmiendas que se han establecido y que son enmiendas de derecha, podría ser rechazada. Yo creo que republicanos no la tiene fácil tampoco para apuntalar el proceso presidencial a propósito del proceso constitucional, todo depende en ellos del proceso constitucional

 

Ahora la pregunta estructural en lo que concierne a la historia reciente del país yo diría es por qué el pinochetismo sigue vigente. En medio de esta restauración conservadora surge con fuerza por una cuestión estructural, material e histórica, que es el modelo instalado en la dictadura, el modelo económico y el modelo político con las distintas variaciones que se hicieron durante la transición, que nunca fue cambiado. El modelo económico y el modelo político es la herencia pinochetista por antonomasia.

 

Porque en los hechos Pinochet nunca murió, se convirtió en el sistema económico y político del país. El hecho que hoy día el neofascismo haya surgido con fuerza por la restauración conservadora se debe precisamente, no a un problema “simplemente moral” de que la derecha nunca quiso pedir perdón, sino que la derecha en realidad ha triunfado en los últimos  50 años. Son el triunfo de la oligarquía en su totalidad, pero particularmente de la derecha que constituye la facción política. La derecha hizo el golpe de estado, trabajó fuerte en la dictadura, luego implementó las reformas neoliberales del año 80 en adelante, estableció la nueva Constitución, transformó el estado desarrollista en un estado subsidiario y durante la transición la derecha nunca perdió privilegios, al contrario, intensificó y profundizó sus privilegios. Entonces no me parece extraño que todavía Pinochet goce de buena salud, no me parece extraño que, a pesar de la política pública orientada a la memoria, a los derechos humanos, la derecha esté propinando estos discursos propinando porque en los hechos, en la materialidad del sistema económico político, sigue siendo el sistema económico político del pinochetismo y la derecha lo único que está haciendo es reivindicar su lugar de vencedor en esto. En 50 años, desde Pinochet hasta Mansuy el discurso de la derecha es el mismo, no se ha modificado un ápice desde el golpe de Estado hasta la actualidad. No hay un ápice de modificación.

 

EC: Es un tiempo excesivamente largo, son varias generaciones. ¿Por qué no se ha modificado?

 

RK: La respuesta es política y material. Es porque la derecha ha seguido ganando. En lo fáctico, por ejemplo, en el campo de la prensa estamos dominada por grandes grupos oligopólicos de prensa que no quieren la existencia de una ley de medios. En el campo financiero, estamos controlados por un conjunto de entidades financieras que pertenecen a tres o cuatro grupos económicos.  La profundización del modelo se profundizó durante la transición, no se desmanteló y si bien que con las reformas de Ricardo Lagos el 2005 los militares dejaron de tener tanta presencia en el poder civil, fueron sustituidos por el tribunal Constitucional, que funciona como un tope, que era el tope que tenían los militares antes de las reformas del 2005. Entiendo que para una conciencia progresista puede asombrar el hecho de que a 50 años del golpe la derecha reivindique ese tipo de discursos tan nefastos y violentos, pero desde el punto de vista de la materialidad política, de lo que ha sido el proceso de estos 50 años deberíamos reflexionar sobre eso antes que reflexionar de por qué la derecha es tan mala que sigue elucubrando esos discursos a favor del pinochetismo

 

Pongo un último ejemplo. Cuando Piñera habla de los cómplices pasivos incluso dirigentes de la Concertación celebraron que Piñera a hablara de cómplices pasivos.  Pero si pensamos bien, lo que significa la idea de cómplices pasivos, lo que significa el  hecho de que los civiles según Piñera habrían sido cómplices pasivos, lo que estaba diciendo era culpar a los militares de todo el golpe de Estado y la dictadura  dejando impune  a los civiles, a la derecha,  que trabajó sistemáticamente durante la dictadura. Los Jovino Novoa, los Sergio Melnick, los Francisco Javier Cuadra. Ellos no fueron cómplices pasivos, fueron protagonistas de la dictadura, la noción de cómplices pasivos mantiene la impunidad sobre el mundo civil. Que ahora el mundo civil reitere el argumento de que estuvo bien matarlos, que estuvo bien el golpe de estado, no es ninguna sorpresa desde el punto de vista de una conciencia histórica. Ahora, lo que gatilla estos discursos es la derrota del 4 de septiembre. Pero nunca dejaron de existir. Siempre la derecha mantuvo una consistencia histórica respecto de su discurso, siempre mantuvo la consistencia discursiva respecto a reivindicar el golpe de Estado.

 

 

EC: La transición y la Concertación. Ese fue el momento para establecer la verdad, para hacer justicia, pero no se hizo. Ni en lo económico y menos en lo político o ético, expresado hasta la náusea con el rescate de Pinochet de la justicia internacional en Londres. Creo que es un punto central cuyos efectos estamos padeciendo.

 

RK: Veo dos cuestiones interesantes aquí. La primera es que todas las políticas de derechos humanos fueron siempre establecidas por el acceso a la verdad, pero sin justicia. Este es un punto problemático bien expresado en la famosa frase de Patricio Aylwin, la justicia en la medida de lo posible. Justamente el problema fue ese: una justicia en la medida de lo posible. Es decir, una injusticia en último término. La segunda cuestión clara es el acontecimiento de Pinochet detenido en Londres. Es un momento muy crucial de la transición porque es el momento en que la transición podría haberse superado intensificando las reformas democráticas. Pero algo sucedió. Recuerdo un texto de Miguel Vicuña en el que se preguntaba por qué era tan importante traer de regreso a Pinochet. Por qué era tan importante el cuerpo presente de Pinochet para la transición. Era importante solo si Pinochet gozaba de impunidad.

 

Que los gobiernos concertacionistas hayan renunciado a la plena justicia, por un lado, y que al mismo tiempo hayan traído de regreso a Pinochet, precisamente porque había renunciado a la plena justicia en el caso de las violaciones a los derechos humanos, muestra que no tendríamos que sorprendernos demasiado por los discursos de la derecha hoy en día. Los mismos dirigentes políticos que fueron algunos de ellos exiliados, encarcelados, que tienen amigos que son detenidos desaparecidos, hayan traído de regreso a Pinochet a Chile manteniendo su impunidad, porque Pinochet jamás pisó en Chile un tribunal de justicia,  es muy sintomático. Eso demostró que el verdadero rostro de la transición era la mantención de la impunidad. Yo diría que la transición fue una máquina de impunidad.

 

La revuelta del 2019 se conecta con esto. Está diciendo que la institucionalidad chilena es una máquina de impunidad. Es decir, es puro abuso sobre la ciudadanía. Eso es la transición: abuso político, abuso económico, abuso en todos los ámbitos de la vida social. Lo que la revuelta enrostra es que no hemos estado más allá del pinochestismo, enrostra que la institucionalidad política es una institucionalidad erigida sobre la sangre y que reproduce las formas sangrientas y violentas de ejercicio político. El país no se ha democratizado. Y ese es el punto crucial porque no ha habido una potencia igualitaria que haya transformado radicalmente las estructuras económicas y políticas. Por todo esto no me parece extraño que estos discursos tomen vuelo.

 

 

Por Paul Walder

 

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Periodista

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  1. Fue el acuerdo de la concertación con la milicancia asesina…..mantener la impunidad a costa de llenarse los bolsillos y seguir bailando al ritmo dictatorial atenuado. Fue una oferta «QUE NO SE PODÍA RECHAZAR», como toda oferta MAFIOSA.

  2. Felipe Portales says:

    En efecto, el gran triunfo de la dictadura es que hoy ¡estamos estructuralmente (política y económicamente) y social y culturalmente (con la atomización e individualismo de los sectores populares; y la concentración del poder comunicacional) en el país que proyectó la dictadura para su Constitución permanente, después de 1990!, con su Constitución, sus AFP, Isapres, Plan Laboral, ley minera, LOCE-LGE, universidades privadas con fines de lucro, etc. Y lo estamos por la «convergencia» (Boeninger) del liderazgo de la Concertación con la derecha, el cual legitimó, consolidó y profundizó el modelo neoliberal impuesto por la dictadura.

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